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La hipocresía es el oro de quien no tiene el antídoto del veneno

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La hipocresía es el oro de quien no tiene el antídoto del veneno

Mensaje por Chimamire Natsuki el Vie Nov 16, 2012 12:13 pm



I- Historias viejas, historias nuevas

Observaba como siempre, en silencio. Se mantenía siempre en un segundo o tercer plano cuando se creaban conversaciones o debates sobre la situación actual de la Sociedad de Almas, y aunque era extraña la ocasión en la que Natsuki escuchaba palabras coherente a su juicio, ahí estaba, había ocurrido otra vez. La sangre comenzaba a hervir en sus venas bajo su aparente gelidez habitual. Se deslizó con rapidez hacia un punto muerto para poder escuchar mejor la conversación.

Eran en su mayoría de la nobleza, sus ropajes de calidad y sus finos ademanes de superioridad los delataban sin demasiado esfuerzo. Estaban hablando sobre la situación actual y la importancia que debían tener ellos dentro de la Sociedad.

Tsk. ¿Qué no os parece suficiente con vivir dentro de las murallas del Seireitei, hijos de puta?

-Deberíamos juntar nuestras fuerzas, aún más -dijo el que parecía llevar la voz cantante en esa conversación- Debemos trabajar para que nuestra voz sea superior y de mayor peso en las decisiones. Muchos pueden ser Capitanes o Tenientes sin importar el distrito de procedencia, sin embargo... -carraspeó y suavizó su voz enfocando lo triunfal de lo que procedía a continuación- Noble se nace. Y en este mundo saber que somos criados para ello durante todos los años que podemos existir, es muy importante. ¿Nadie se ha dado cuenta acaso? -se encogió de hombros y dibujó en su rostro una sonrisa de superioridad, resaltando lo que para él era obvio- Nosotros somos hijos de familias importantes, debemos usar nuestras certeras ideas -dijo como si por ser noble jamás se equivocara uno- para guiar a este caos que está surgiendo. Los nobles no traicionamos, moriremos antes que traer la deshonra a nuestra casa. -asintió con firmeza y terminó su discurso.
Apretó los puños y su mandíbula se tensó. Esperó unos minutos más para comprobar una vez más las estupideces que podían llegar a escucharse cuando se juntaban los mejores granos de arroz del gran bol de oro.

Diversos acontecimientos estaban haciendo que el ambiente en el Seireitei se volviese tan tenso que en ocasiones el aire se pudiese cortar con una espada.

Basta de escuchar estupideces por hoy

Se tomó su tiempo para llegar hasta su habitación desviándose por otros caminos, necesitaba que le diese el aire. Mientras dejaba que sus pies tomasen el control, rememoraba su camino como Shinigami y lo mucho que había sacrificado y había que tenido que cambiar por ello.

Yo lo sé, pequeña. Se todas las estupideces que has cometido y sigo aquí

Dibujó una amarga sonrisa al escuchar la voz de Hitomihyaku en su mente y su extraña manera de demostrarle amor y consuelo.

-Hitomihyaku, si alguna vez caigo. ¿Te arrepentirías de haberme elegido? -sintió el desconcierto de su zanpakutou dentro de si. Estas conversaciones no eran tipicas de ninguna de ellas. Natsuki bajó la vista mirando su saya.

Siempre hay una telaraña donde menos te lo esperas, Natsuki. Vamos a casa

Caminó en silencio hasta su casa sin pensar demasiado, simplemente disfrutando del fresco atardecer que anunciaba una fría noche.

Abrió con cuidado su puerta para tener especial atención de que la marca que siempre dejaba para saber que no había entrado, seguía exactamente en su posición inicial. Asintió y al cerrar volvió a colocarla.

Puso a llenar la bañera y mientras el vapor iba inundando el ambiente se fue quitando la ropa con meticulosidad, doblándola y estirándola para que quedase perfecta para el día siguiente.Su espada quedaba siempre al lado, a la vista. Se miró al espejo y desprendió el broche que sostenía su pelo, dejándolo caer libremente sobre sus hombros. No se lo había cortado desde que se hizo shinigami, y había crecido bastante ya. Ladeó su rostro y observó las leves ondas naturales que provocaba el tenerlo recogido. Sonrió y se dispuso a disfrutar de un relajante baño que la relajaría para reconciliar mejor el sueño.

Antes de meterse en la cama fue a dejar el broche en el tocador y sacó del cajón un pañuelo de seda violeta con el que cubrió el espejo.
Se metió en el futón y como por un acto inconsciente entreabrió los ojos ya casi dormida, miró hacia el tocador y vio deslizarse al pañuelo dejando el espejo descubierto, no pudo reaccionar. El sueño ya se había apoderado de ella.


Estaba frente al espejo de su antigua casa, se miraba en él pero había algo extraño en su rostro. Apartó la vista y miró alrededor. Recordaba cada detalle y era su casa, sí. Salió de su cuarto y se dirigió hacia la entrada, no había nada. Sabia que no había nadie ni dentro ni fuera. Frunció el ceño y vio como el viento dejaba caer un hoja por la ventana, se acercó a recogerla y leyó:

Cuatro visiones
Dos vidas
Un desafío
Nueve meses

A primera vista eran palabras aleatorias, pero como buena hija del Shadoru se dio cuenta de qué era lo que debía leer.

Cuatro, Dos, Uno, Nueve. 4219 Leídos en número era “Shi ni Iku” que significa “Vas a morir”

Había captado el mensaje correcto y la nota se deshizo como granos de arena entre sus dedos. Contuvo la respiración un instante y cuando atravesó el umbral de la casa, despertó.




II- El verdadero rostro

Este capítulo se basará en las batallas que haré en base a los flashback que monte con gente de Hueco Mundo, siendo más coherente con el tipo de aumento de poder que tendrá Natsuki in rol para su posterior desarrolo del bankai. Cuando los termine, rellenaré esta parte debidamente haciendo un resumen de todo lo ocurido.





III- Precipitarse al vacío



Llevaban días luchando contra los de Hueco mundo casi sin descanso, si se sentía agotada lo ignoraba, pues eran una con Hitomihyaku, y ambas disfrutaban con todo aquello.
En la velocidad frenética del combate vio caer a alguno de los suyos y hacía horas que tenía varios cortes importantes, pero seguía luchando. Así debía de ser.
Pronto empezó a notarlo, se volvía más lenta a cada golpe, su shunpo empezaba a ser impreciso y su respiración le costaba mantenerse constante.

No caigas

Ella lo sabía, maldita sea... Lo sabía desde hacía horas. Sonrió de una manera macabra mostrando que su cordura había quedado atrás y sobreesforzó una vez más, lanzándose a por él. Esos augurios no le daban miedo, su muerte la decidiría ella.
Su shunpo era considerablemente más lento y en uno de los golpes que iba a propinarle al arrancar con el que estaba luchando, este la cogió del cuello y la mantuvo en el aire.

Ya estás muerta y lo sabes. El veneno es lento pero te ha invadido el cuerpo y puedes notar como te agarrotas. ¿Por qué no huyes?

Escupió sangre y sintió como los dedos de aquel ser rodeaban su cuello con intensidad, aún así mantuvo su sonrisa. Aspirando el poco aire que pudo y haciendo sumo esfuerzo, dijo:

-Yo decido cuando morir... -gritó todo lo fuerte que pudo- ¡Kumo no su bachi baria! -los hilos que se habían expandido al liberar a Hitomihyaku, se tensaron alrededor de Natsuki, comenzaron a brillar y en un par de segundos provocó una onda expansiva que tiró al arrancar unos metros hacia atrás.

Cero

Quiso reaccionar pero sus musculos no se movieron ni un ápice y se lo comió de lleno, sus ojos se abrieron sorprendida de que ella misma se hubiese condenado de esa manera. Mientras caía pensó en las visiones que había tenido. Dos habían sido dos, faltaban dos más. Aún así, sentía como todo se iba desvaneciendo alrededor, se dejaba ganar. Se había decepcionado a sí misma por no admitir que tenía miedo a morir, que era algo que ella no podía controlar. Ahora, simplemente se dejaría ir.

Resonó un grito metálico por toda su mente, de rabia e ira.

Nadie me abandona, maldita desagradecida

Y fué lo último que escuchó, las palabras de Hitomihyaku y como la envolvía con una telaraña que la protegería del fuerte golpe contra el suelo.

Había varios shinigamis del cuarto escuadrón curando y llevando a cuidados intensivos a sus compañeros. Uno la vio caer y se movió con rapidez con ayuda de los suyos para llevarla hacia el Seireitei, comprobaron que tenía heridas importantes y que aunque aún tenía pulso, su vida pendía de un hilo.




IV- No atravieses el velo


Sentía como si diminutos fragmentos de cristal formaran parte de todo su cuerpo y aún sin moverse, estos revolotearan en su interior conquistando cada parte de este lenta y dolorosamente.
Aguantaba la respiración cuando sentía que el último aliento se aproximaba, no quería irse. Aún tenía muchas cosas por hacer.

Los días pasaban y en ocasiones recobraba la consciencia para ver siempre lo mismo, la soledad que inundaba su habitación. No había nadie que la esperara, no se había procurado nada de eso.
Le dolía, pero su dolor no era solo físico. Había quebrado su alma cegada por el lastre que había arrastrado toda su vida.

Su cuerpo no le respondía pero soportaba todo aquello porque alguien le permitía que sostuviera ese filamento

¿Cuanto tiempo llevaría allí? ¿Donde estaba Hitomihyaku?

Rememoraba cosas que había vivido, que anhelaba. Revivía también sus miedos y ese tipo de dolor que hace que se te grabe a fuego un mensaje en el alma.

Cuando se cumplieron exactamente los cuatro meses de estar ingresada, la oscuridad la envolvió. Ya no podía abrir los ojos ni tan siquiera hacer el amago de moverse. Aunque tuviese la conciencia de lo que pasaba alrededor, lo escuchaba lejano como un sueño... Como si hubiese una gran pared que no podría atravesar jamás.

Pero soñaba, sí. Ese era su único escape. Recordaba los rostros de cada una de las personas que para ella habían sido importantes y jamás se lo había dicho. Si salía de aquello eso no volvería a pasar.

Casi todos los sueños que vivía eran amargos, cosas que había perdido, cosas que nunca ganó. Personas que se fueron o que nunca estuvieron. Tuvo una visión extraña que se repetía cada cierto tiempo cuando empeoraba que era que se le caían los dientes sin motivo aparente, faltaba una. La visión más importante.

Llovía a cántaros y estaba empapada. Miró por el rabillo del ojo hacia un lateral y hacia el otro. Asintió y sonrió por primera vez en mucho tiempo, sabía donde estaba. Alzó la vista y miró al frente.

Estaba ahí, llorando. Era ella de niña “hablando” con su madre, una de las tantas veces que le pedía perdón por haberse quedado en esta vida arrebatándole la suya. No la conoció pero la echaba de menos.

Ai shite iru, okaasan

Se observó a si misma sacar de la bolsa que solía llevar consigo en su infancia unos paños para limpiar la lápida que rezaba “Espérame que pronto iré contigo”, había escuchado a su padre decir tantas veces esa frase que perdió la cuenta años atrás.

El nudo de su garganta se encogió y casi no podía respirar. Ahí, ese momento es el que la definió, el dolor y la culpa la llevaron de golpe a la madurez. Cada mala hierba que veía arrancar de alrededor de aquel lecho de muerte eran años de infancia que le eran arrebatados, cada montón de tierra y hojas secas que apartaba era la lija que raspaba ese velo infantil que hace que veamos el mundo de color de rosa. Ahí fue consciente de que la vida es dura y que no había tiempo para ser niño, que debía avanzar y apretar los dientes para no mostrar debilidad Ahí, fue la última vez que Natsuki derramó una lagrima “frente a alguien”.

Tan solo se observaba a sí misma, comprendiendo realmente el por qué de muchas cosas. Aquello la había convertido en lo que era hoy en día, en un mota en la oscuridad que no se atrevía a confiar en nadie.

Aquella niña se agachó cuando terminó la limpieza y rezó a su madre, rogándole una vez más el perdón que nunca llegaría, suplicándole una caricia que jamás sentiría en su rostro. Sacó un bol de arroz y unos palillos y los dejó sobre la tumba.
Natsuki abrió los ojos y comprendió por qué la habían llevado hasta allí, porque su mente la había aislado, ahora lo entendía todo. Si había que recibir a la muerte, no la esperaría. La invocaría.
Se adelantó lentamente como quien arrastra mucho peso en su espalda y se dejó caer de bruces al lado de su versión niña, la abrazó como lo hubiese hecho una madre.

No llores, pequeña. No te preocupes. Aunque creas que caes al vacío, siempre hay una telaraña donde menos te lo esperas

Cogió los palillos que estaban uno a cada lado del bol y los clavó encima. Desafiando a la muerte a que viniese a por ella.Cerró los ojos y cuando volvió a abrirlos ella estaba en el lugar de la niña y Hitomihyaku la abrazaba.


Ahora estaba en su mundo interior, en la cueva de aquella que había sido una madre para ella. La abrazó como no lo había hecho nunca y dejó que por sus mejillas se deslizasen todas las lágrimas que había guardado tantos años. Ella la sostuvo entre sus brazos y la consoló hasta que recobró el aliento, limpió sus lágrimas con el suave ademán que caracterizaba a aquel espíritu.

-No quiero morir, Hitomihyaku – suspiraba entrecortadamente aún agitada por tantas lágrimas.

Y no lo harás. Ambas podemos superar esto. ¿Eres consciente de lo que significa este paso?

Natsuki asintió con decisión.

La Reina de las arañas se levantó y la llevó hasta el hueco de una tumba donde Natsuki debía de meterse. Bajó sin titubear y sin preguntarle supo qué iba a pasar, estiró sus piernas y sus brazos una vez acostada y cerró los ojos, al instante sintió como cientos de arañas diminutas se apilaban alrededor y encima de ella, cada una mordiéndole e inyectándole su potente veneno. No moriría, pero iba a ser una dura batalla hacia su bankai.

[...]


Aunque ella no era consciente ya hacía once meses que estaba ingresada y ocho que estaba en coma. Algunos no se explicaban el por qué seguía resistiendo de esa manera, pero sí sabían que en su interior había una gran batalla.

Fue brutalmente doloroso la batalla que libró con Hitomihyaku en sus dominios, sus enseñanzas fueron muy duras, pero no había titubeado esta vez. Ya no había duda, ambas eran una y avanzarían juntas. Se habían superado y todos los muros que un día las separaron, ya no existían.

Sus sueños comenzaban a ser más normales, la pared que sentía que la separaba de la realidad ya no aparentaba ser tan gruesa.
Cada vez era más común acordarse o sentir la presencia de Satsujinki y de Yuki, pero pensaba que solo era producto de su imaginación, hasta que un día sintió algo extraño dentro suyo. Era como si alguien irrumpiese en su interior, como si le hubiesen invitado a entrar o hubiese encontrado el camino correcto.
Vio a un jóven muchacho de espaldas a ella y lo miró dubititativa intentando recordar si había formado parte de su vida alguna vez.

-¿Será que me estoy volviendo loca ya a estas alturas?

El muchacho se giró con rapidez al escuchar la voz de la shinigami y comenzó a juguetear con su cuerpo, haciendo que alguna parte de el se convirtiese en un amasijo de sombras lleno de ojos y cosas extrañas que parecían no tener fin, a pesar de que parecía una situación seria la voz del muchacho no reflejaba nada de eso.

Síiiii... Te estás volviendo una loca y paranoiiiicaaa...” Se movía sin mucho sentido a su alrededor como en un baile siniestro “Sooolo soy un producto de tu locuuuuuraaa... Si quieres que me vaya has de soborname con ara...” Sonó el ruido de un abanico cerrándose y la morena pudo ver como el nuevo recibía un fuerte golpe en la cabeza

¡Satsujinki, deja de asustarla!” le clavó la mirada severamente reprendiéndole como se le hace a un niño pequeño, pasó su lado y le lanzó una de sus jugosas hijas.Él la atrapó al aire y se la metió en la boca haciendo un ruido exagerado al masticar. Hitomihyaku lo miró frunciendo el ceño y este se acuclilló haciendo acopio de su comida más silenciosamente para no provocar su ira.

Es la zanpakutou de Yuki

-¿Y por qué no lo he visto antes? -Natsuki parpadeó un par de veces, ahora podía entender ciertas cosas extrañas que venían pasando desde hacía algo más de un par de meses.

Porque no quería que pensases cosas extrañas. Debías de estar concentrada para tu recuperación. Pero no te preocupes, esto es una buena señal

Aunque sentía cierto recelo por esa zanpakutou, sabía que el que su espada hubiese dejado entrar a alguien en su Reino era una cosa muy importante y especial. Pero esto iba más allá de todo aquello, si él estaba aquí... Quería decir que Yuki había estado todo este tiempo a su lado, había cuidado de ella y había estado esperando a que despertase.
Vio como ambas zanpakutou discutían con cierta confianza, dándose una de cal y dos de arena. Sonrió con amplitud y miró hacia arriba. Sabía que ya no quedaba mucho para despertar.

¿Sería que de verdad tenía a alguien no ofreciendo, sino dándole ya su amistad?




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๑Para mí, todo es cuestión de tejer la fantasía indicada.๑

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