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Una copa de vino - Carolyn, Folk, Chris

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Una copa de vino - Carolyn, Folk, Chris

Mensaje por Chris Renoir el Jue Nov 04, 2010 4:32 am

[FDI: Let´s go Razz]

La frente en alto, la mano derecha sobre la espada y los pasos, elegantes y felinos, tan carentes de sonido como si el recinto se encontrase oculto por una enorme campana de cristal, esos eran, en esencia, los rasgos que caracterizaban los andares de la fracción de le Sexta Espada, el asesino sin voz, Chris Renoir. En esta ocasión volvía de uno de sus tantos entrenamientos en solitario y había decidido tomar una copa de vino en una de las varias terrazas del Amanecer. Éstas (pues en esta ocasión había decidido llevar dos copas, quizás el destino estuviese de su parte y le otorgase un poco de sana diversión) y la botella descorchada reposaban en la mano que le quedaba libre.

Tras la ducha y el acicalamiento (llevaba las ropas impolutas gracias a Folk, se había perfumado y el pelo le brillaba, en algunas zonas se veían reflejos color chocolate) se sentía extrañamente… “interesado” por decirlo de algún modo, así que su aspecto era sencillamente sublime, la perfección masculina hecha persona. Además había un brillo peligroso en sus ojos verdes, la típica iluminación que solían tener cuando se iba de caza y queridos amigos, cuando hablo de batidas, creo que todos sabéis que no solo me estoy refiriendo (o al menos no únicamente) al tiempo que el mosquetero vivió en el Desierto de Hueco Mundo. Se pasó la lengua por los labios, en esta ocasión los tenía entreabiertos, y se decidió por una de las terrazas que daban a la zona norte del edificio. Caminó hasta allí a grandes zancadas y eligió una al azar. Ni corto ni perezoso atravesó el umbral que daba al exterior y enseguida los dedos que rodeaban la copa se pusieron en tensión, pues no estaba solo en aquella terraza. Olfateó el aire, como el buen depredador que siempre había sido, y el aroma de una hembra penetró en sus fosas nasales y era un olor que no le desagradaba en absoluto, si, tal vez iba a tener suerte. Además la fragancia con un toque salvaje de esa mujer le era conocido. Carolyn.

El mosquetero calibró sus posibilidades, eran muchas las cosas que se le pasaban por la cabeza. Pese a ser un arrancar seguía siendo un hombre, uno bastante bien parecido si me permitís el atrevimiento, y había cosas que un hombre necesitaba (imperativo biológico si gustáis, algo que todos y cada uno de nosotros hemos conocido alguna vez). Como ya os descubrimos en anteriores entregas, nuestro mosquetero era un tanto especial con las mujeres. Una chica no elegía a Chris Renoir, una chica no coqueteaba con Chris Renoir y se lo llevaba al huerto, las cosas no funcionaban de ese modo. Porque era precisamente Chris Renoir quien decidía con quién, como, cuando y donde ocurría lo que debía ocurrir. Había tres de esas cosas que tenía delante, ella, de un modo salvaje y YA. Solo le faltaba el lugar y estaba seguro que su cuarto de la Sexta Sección sería un buen sitio, aunque sobre aquel suelo blanco, a sus pies, tampoco tendría porqué haber problemas. Si hubiera sido un arrancar cuadrúpedo habría sacado los colmillos para dar fe de todos sus pensamientos. Ahora carecía de ellos, de modo que se conformó con volver a acariciar sus labios con su lengua, saboreando lo que vendría después. Cosas peores había hecho, muchas mujeres habían pasado por su cama, muchas con las que no habría podido ni soñar si hubiera sido menos gallardo. Tanto en esta como en su anterior vida, nunca había carecido de los favores de una dama. Todas las hembras con las que lo había intentado habían acabado sucumbiendo a los encantos de conquistador del francés. Y eso que hacía mucho tiempo que la conversación no entraba en su colección de armas de seducción.

Ocultando su energía, convirtiendo su reiatsu en un murmullo de agua, se acercó a la joven, que parecía absorta en la contemplación del horizonte, asomada al balcón de la terraza, con su algodonoso cabello ondeando al viento, y colocó la botella y las copas al lado de su cintura, la otra mano estaba en el otro lado, de modo que la rodeaba desde atrás (y era bastante más baja que él) aprovechando este gesto para olerle el cabello sin ningún tipo de disimulo. Podía recibir una bofetada, pero sus perfectamente entrenados sentidos estaban preparados para ello, la esquivaría sin dificultad y también sería capaz de sujetar el vino y las copas, por si tenía la mala suerte de que se cayeran por el precipicio. Hubiera sonreído ante su capacidad de antelación, pero no era muy dado a hacerlo, así que enarcó las cejas, dispuesto a ver que ocurriría a continuación.

Sé que muchos de vosotros os estaréis preguntando qué demonios está haciendo Chris. En teoría, las posibilidades que tenía Carolyn con él en temas anteriores eran bastante escasas, de hecho mentalmente había llegado a pensar que era una idiota, ella y muchas más mujeres, como ya sabéis la sensibilidad y la delicadeza no son cualidades que adornen a nuestro hombre. Es normal que eso os remuerda la conciencia a este respecto, sino fuera porque manejo los hilos, me sentiría también así. Pero como no es el caso, me temo yo soy la única que puede explicároslo. Para la fracción, la joven que ahora estaba tan cerca de él le había parecido hermosa en un primer momento, nadie negaría esta evidencia. La cosa se torció cuando se dio cuenta como le miraba, como lo hacían muchas, con el deseo pintado en el rostro, con la firma intención de hacer algo más que tomar una copa de vino. Así habría sido demasiado fácil tenerla, juego de niños, y al mosquetero le gustaban los retos, al menos en lo que a mujeres se refiere. Por eso ignoró todo lo relacionado con la chica, como si ella solo hubiera sido una sombra en la Sexta Sección. La diversión empezaba ahora, porque ahora la estaba eligiendo…
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Re: Una copa de vino - Carolyn, Folk, Chris

Mensaje por Carolyn el Jue Nov 04, 2010 10:57 am

Aquella terraza, aquella terraza de la zona norte del edificio fue donde pasaron en pocos momentos demasiados acontecimientos. Todos aquellos serían para recordarlos. El lugar estaba desierto, sin movimiento, en silencio. La joven Carolyn a veces subía aquí cuando se encontraba aburrida, estaba cansada de pasear por el desierto, estaba cansada de estar vagando siempre por la sexta división.

No es que todo aquello le cansase, es que en el sexto escuadrón se encontraba como en casa, protegida, poderosa y a salvo. No es que fuese una arrancar con mucho poderío, pero cuando se encontraba en su hogar se volvía soberbia. Todo esto hablamos desde un punto de vista fuera de espadas y fracciones, ya que para ella su avaricia era conseguir ese puesto, o al menos conseguir el mismo poder.

Estaba tan obsoleta, tan en sí misma, en sus pensamientos más profundos, que no pudo darse cuenta de la presencia de otra persona. Notó el dulce aroma de un vino, un vino bastante bueno. Seguidamente unas manos calidas la agarraron desde atrás, recorriendo toda su cintura al ras de esta. Miró a su vera, unas copas eran sujetadas por aquellas manos, Carolyn aún recordaba esas manos, y como olvidarlas. ¿Cómo iba a olvidar a una fracción de la sexta sección? Y aun más importante, hablábamos de Chris, de ese joven y apuesto arrancar que cautivó en un primer momento a la joven.

En su día ya lo había intentado Carolyn, al menos el primer paso, mirarle con miradas lascivas y seductoras. En una primera instancia pensó que no le habían funcionado, pues el joven no se había mostrado muy hablador. Pero Carolyn, bueno todos sabemos el apetito de Carolyn, pocos hombres habían caído en sus garras, y no por que la rechazaran, si no por que era muy exclusiva con sus gustos, y muy selectiva.

No quiso darse aún la vuelta, aquel momento lo estaba disfrutando, esperaba que aquello al menos acabara donde tenía que acabar y durara lo que tuviese que durar, pero tenía que disfrutarlo, saborear el momento.

Su respiración la estaba agitando, la estaba volviendo loca, estaba impaciente pero no podía asustar a su “presa” aunque más bien era ella la cazada. Olfateo el largo cabello de Carolyn, aquello le había colmado la poca paciencia de la que disponía, aquello la hizo saltar. Se dio la vuelta muy despacio, sin despegar ni un milímetro su cadera de las manos del joven, con una sonrisa picarona dibujada en su rostro, mirándole directamente a los ojos desde abajo (ya que Chris era más alto que ella), no pudo contenerse el morderse su propio labio inferior y respiraba profundamente casi como un suspiro de alivio.

Con la punta de sus dedos recorrió su torso desde la cintura hasta el cuello, donde jugueteó intentando sacarle las cosquillas, para después irse a su nuca, recorrerla, y terminar con la palma abierta entre sus cabellos, masajeándolo muy despacio, poco a poco como si no quisiera estropearle su peinado.

Con su otra mano recorrió sus fuertes brazos, pegándolos para hacer un intento de que la rodeara aún más como si ambos cuerpos quisieran estar fusionados. Notaba como el calor se desprendía de su cuerpo, no, más bien como si comenzase a generar calor, un calor agradable. Miró las copas, sujetó una con la misma mano.

- ¿Dónde está ese vino que acabo de oler? – preguntó sin apartar la mirada de los ojos de Chris.

Sabía que el joven no era muy hablador, pero aquello no le preocupaba, en aquella situación no iba a necesitar muchas palabras.
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Re: Una copa de vino - Carolyn, Folk, Chris

Mensaje por Chris Renoir el Vie Nov 05, 2010 1:11 am

De modo que no le rechazaría, menuda obviedad y no le gustaba. No le gustaba que se lo pusieran tan fácil. Era como un niño, uno que quiere algo y satisface su deseo en el momento. Eso en ocasiones está bien, pero, ¿qué gracia tiene no tener que esforzarse? Pese a todo, era agradable saberse deseado por una hembra hermosa. Y ella lo era, mucho. Además de salvaje y decidida, sino, ¿cómo se hubiera atrevido a tocarle de aquel modo? El mosquetero, que estaba ya bastante pegado a la anatomía de Carolyn, se dejó hacer, con la mirada fija en la de la joven entre sus brazos, y sintió como ella le acercaba, casi con suavidad hasta su torso. Una mujer con las ideas claras. Chris ladeó el rostro, para verla más de cerca, dejando así que unos cuantos mechones de cabello cayeran sobre su rostro y se acercó un poco más, a un suspiro de distancia. Solo para que una de sus manos viajase de la cintura de la muchacha hasta las copas de vino. Estaba convencido que las cosas se pondrían más interesantes si jugaban antes.

Chris aparentaba ser todo un caballero, o al menos algunas de las chicas que habían pasado por su cama pensaron que así se había comportado, no solo por sus exquisitos (y obsoletos) modales franceses, su cuerpo de infarto y sus ojos hechiceros. Era un buen amante, era delicado, incluso entregado, llegado el caso y aunque no hubiera repetido jamás conquista, todas las chicas se habían sentido satisfechas, en más de un sentido, vosotros me comprendéis. Retiró la otra mano, no sin antes dejarla pasar, en una suave y lenta caricia por el abdomen de la muchacha y se alejó para servir las copas como era debido, con elegancia y buenas maneras. Para esas cosas Chris era único. Un asesino sin corazón pero con modales dignos de un rey.

Una vez ambas copas recibieron el cárdeno caldo le pasó una a la muchacha, con un gesto y tomó la suya en la mano derecha, esta vez se quedó junto a la joven, a una distancia suficiente para ser independientes pero cercana para considerarse medianamente íntima. Así, en aquella postura, iba a poder disfrutar de una buena copa de vino, una de una calidad extrema, si me permitís decíroslo. Habría tiempo de todo, además, Chris y el vino… hacían una pareja perfecta, había entre ellos una sintonía casi maléfica. Quizás realmente el vino fuera para Chris eso que muchos se obstinan en llamar “el amor verdadero”.

Ladeó los dedos, meciendo la copa y así, como buen amante del Burdeos y de todos los vinos en general, podría observar con detenimiento el color, la textura y el brillo de la bebida. A continuación, dejó que su nariz hiciera su propio trabajo y permitió que le envolvieran con las sensaciones del caldo en sus orificios nasales. Aquel era un vino tinto excelente que el mismo Folk había elegido personalmente para su compañero, todo un detalle. Un chàteaux formidable, oscuro y con cuerpo, aunque con aroma delicado, afrutado. Estaba seguro que sería del gusto de una dama, suave, pero vivo, dulce pero poderoso. Y al recordarse que estaba intentando conseguir los favores de una mujer atractiva levantó la copa de fino cristal y finalmente se la llevó a los labios, con cierta lujuria. El sabor era magnífico. Era similar a morder fruta recién recogida, fruta sabrosa, y el regusto final… simplemente divino, le dejaba a uno con ganas de más. Podría haber alabado lo que acababa de tragar hasta la saciedad, describir sus características y dar su conformidad. Sin embargo lo único que hizo fue paladearlo y pasarse la lengua por los labios. Luego se dejó caer sobre la balaustrada y permitió que la brisa nocturna le lamiera el rostro y continuó bebiendo, a tragos cortos para poder disfrutar de su sabor y sus ojos sobrenaturales volvieron a su compañera. Le hizo una venía y la animó a probar el vino, si es que no lo había probado aún.

Por un momento, el antiguo asesino del París Revolucionario se preguntó que más cosas podrían hacerse con un buen vino, una mirada casi divertida. Olfateó el aire, al parecer no había nadie cerca, no notaba nada, quizás después de beber un poco las cosas empezasen a ponerse interesantes, porque claro, no quería que las cosas fueran sencillas. Nunca quería. Así que de momento… un poco de vino y unas vistas hermosas, en más de un sentido.
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Re: Una copa de vino - Carolyn, Folk, Chris

Mensaje por Carolyn el Vie Nov 05, 2010 9:24 am

Carolyn estaba disfrutando con todo aquello, sentía un poco de remordimientos por no haberse puesto más difícil, pero algo haría para dejarle la miel en los labios. Normalmente le gustaba ver a los hombres rogar (y a veces forcejear) por ella, se sentía como un premio. Dejar la miel en los labios de un joven apuesto como Chris y prohibirle el lamerse los labios parecía un juego interesante, entretenido, quería ver hasta donde era capaz, pero sin espantarle. Tampoco quería que se resistiese un poco y abandonarla allí en medio. Eso si que no se lo perdonaría jamás. Y cuando Carolyn fija su objetivo en una presa, antes o después acaba cazándola, de algún u otro modo.

Deseaba jugar antes con él, como un gato juega con un ratón antes del primer plato, pero en esta ocasión se hacía de dudar quien era el gato y quien el ratón.

Se apegó aún más a él, si tuviesen corazones, ahora mismo podría estar notando el corazón de Chris en su pecho de lo unido a él que estaba, la respiración se aceleraba, casi hasta transformarse en un dulce y suave gemido. Como si fuese una llamada hacia ella.

El joven se retiró para servir las copas de vino, un vino que olía especialmente bien, quizás tanto que habría que cambiar la expresión propiamente dicha arriba sobre dejar la miel en los labios, e introducir el vino en lugar de miel. Aquella figura era especialmente bella, aquel señor de tan buenos modales le iba como anillo al dedo aquel vino, de gustos refinados, era como si ambos necesitasen al otro para poder relucirse. Eran como la pareja perfecta, tanto que hasta Carolyn se empezó a poner algo celosa. Paso una copa a la joven arrancar y después lo probó. Simplemente se mojo los labios mientras Chris lo degustaba con tanto gusto, Carolyn simplemente se quedó mirándole, aunque el vino le había gustado no podía apartar la vista de su presa.

¿Realmente había sido así siempre? Quizás antes no se fijó bien en él, o él no puso demasiado interés en ella. Iba a costarle tener que dejar luego su presa, siempre solía degustar el sabor de la sangre de sus victimas (y no me refiero solo a las de un campo de batalla, no al menos el campo de batalla que todos conocen). Cuando las probaba las desechaba, pero rara vez se encontraba con un espécimen, una sangre nueva, joven, llena de vida y de lujuria, la cual hacía que su cuerpo se estremeciera, entrase en frenesí. Esas victimas lograban acabar sin sangre. Daba lastima luego tener que dejarles, y en este caso Chris era uno, un joven raro de encontrar del cual quería cada vez más y más, pero sabía que Chris solo era hombre de una noche, y aquello le iba a costar. Iba a ser duro tener que cruzarse por los pasillos y no asaltarle como una fiera, una bestia en celo, hambrienta, sedienta.

El muchacho le había dado una venía para que probara el vino, no tardó mucho más en complacerle. Esta vez fue algo más que mojarse los labios, lo degustó con ansias, era el mejor vino que había probado. Suspiró profundamente tras un gemido signo de probación, de haberle gustado aquel manjar.

Colocó la copa en la barandilla que estaba más cerca.

- Eres todo un galán de eso no hay duda, pero para conseguir a esta joven dama se necesita algo más que el mejor vino que jamás haya probado.
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Re: Una copa de vino - Carolyn, Folk, Chris

Mensaje por Chris Renoir el Lun Nov 08, 2010 5:31 am

Todo buen depredador tiene puestos todos sus sentidos (en este caso todos menos uno) en la presa que desea cazar (en este caso llevar a la cama) y Chris era mucho más que un cazador, era uno de los mejores carnívoros que pululaban por Hueco Mundo, así que sus ojos recorrieron el cuerpo de Carolyn hasta que casi se lo aprendió de memoria y cuando la escuchó hablar no pudo evitar que una sonrisa torcida se pintara en la comisura de sus labios. Al menos no era tan estúpida como él había pensado en primera instancia (lo que había ocurrido en el cubil con Okami había hecho que Chris perdiese el posible interés, pero digamos que era caprichoso y ahora intentaba tapar ese recuerdo con la visión del cuerpo de la chica bajo el suyo) no iba a ponérselo tan fácil como solía ocurrir y eso, era, además de excitante, muy interesante, MUY interesante. El chico volvió a beber de la copa y se relamió, no solo por el vino. Si las cosas salían como él esperaba aquella noche una preciosa hembra calentaría su cama. Y que repitieran o no solo dependía de cómo hubiera ido esta primera noche y de las ganas que tuviese. ¡Santo Dios, Chris no era precisamente el novio ideal! Pero dudo que fuera amor lo que buscase Carolyn cuando lo miraba de aquella manera tan poco casta.

Analizó la frase de la arrancar, cada palabra, cada entonación, incluso cada sonido en sí mismo. Algo más, ella quería algo más… el asesino sabía perfectamente que ya contaba con ese algo más, con aquello especial, y no era lo que tenía entre las piernas o su atractivo aspecto físico, que ayudaban bastante. Ese algo más tenía que ver más bien con su carisma, con su poder. Era algo más que todo lo que podía verse e incluso tocarse. Sabía a lo que ella se refería. Y decidió potenciarlo. Su reiatsu comenzó a elevarse, en principio suavemente, y a continuación de un modo más brusco. No es que estuviera usando todo su poder (eso lo dejaba para los combates en el campo de batalla contra los shinigamis) pero si una demostración bastante efectiva de sus dimensiones. No tenía más ganas de hablar del vino (o que le hablaran, más bien) ni de comentar estrategias de conquista. ¿Qué era un galán? Lo dudaba, él no hacía planes para conseguir los favores de una dama, él mostraba lo que tenía y las mujeres lo deseaban. Para dar fe que no iba a dar más vueltas-empezaba a cansarse, sinceramente- apuró su copa de vino con un movimientote cabeza, para echarse lo que quedaba de aquel manjar a la garganta y dejar la copa sobre la barandilla (dudaba que a su compañero en la sección le gustase saber que había roto copas de semejante calidad) para dirigirse a su acompañante y quitarle también la copa. Ambas acabaron lo suficiente lejos para no caerse al vacío.

Durante unos segundos se quedó ahí, sin hacer nada, con el cabello revuelto por la brisa y mirando a la nada. Sabía que esos segundos eran primordiales, que la espera antes de lo que tenía en mente suponía un sufrimiento placentero. Pero tampoco debía ser muy largo, y por eso le puso freno lanzando una mano y acariciando lentamente el rostro de la arrancar a su lado. El dorso de su mano rozó la dorada piel de Carolyn: la frente, las mejillas y finalmente su pulgar se colocó en sus labios. El mosquetero se daba cuenta de que no podían seguir alargando aquello hasta el infinito, pese a lo interesante que estaba siendo. Aún así prefirió no besarla, no de momento. Se acercó a la joven lo suficiente como para notar su aliento en los labios, pero no recorrió la distancia que los separaba. Sus manos bajaron por los costados de la arrancar y finalmente rodearon la esbelta cintura para auparla sobre la barandilla y colocarse entre sus piernas. Las manos del francés, como dos piedras, cayeron a ambos lados y allí se quedó, a la espera de su premio. Lo que no sabía, y quizás no llegase a saber, era que no iba a haber mucho más. Puesto que en breves instantes algo, o mejor dicho alguien, alguien importante en la Sexta Sección, estaba a punto de interrumpirles. Chris empezó a notar en el cogote el cosquilleo un reiatsu harto conocido, pero supuso que al encontrarles de esa guisa se marcharía. ¿Qué puedo decir?, los asesinos de ojos verdes también se equivocan.

[FDI: Creo que estaría bien que entrase ya Folk o que contestaras y entrase, porque sino vamos a estar tirándonos píldoras hasta el día del juicio final Razz]
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Re: Una copa de vino - Carolyn, Folk, Chris

Mensaje por Carolyn el Mar Nov 09, 2010 7:03 am

Parecía que Carolyn había dado en el blanco, el resistirse y dejarse ser deseada había funcionado con Chris, una presa deseada, más bien un manjar. Estaba segura de que solo iba a poder ocurrir una vez, Chris no es de los que repiten, en cambio Carolyn los exprime, exprime toda su sangre hasta dejarlos secos, al menos las victimas con las que tanto se deleita, y Chris era uno de ellos, ser amada hasta que se aburriera o se cansara de él, en términos de presa y depredador…hasta que se quedase sin sangre.

No es que Carolyn saque la sangre de aquellos jóvenes con los que se acuesta, es simplemente metáfora de cacería.

La mirada de Carolyn era juguetona, sensual, apasionada, más bien lujuriosa y fogosa. Sentía como el reiatsu de Chris se potenciaba, eso le estaba resultando alentador, tanto que hasta sin notarlo ella también comenzó a elevarlo, sin percatarse de los demás, apenas podía sentir otro que no fuese el de ella misma o el de Chris.

Su copa de vino, que tanto le recordaba a aquella bebida de sus victimas que tanto el gustaba le fue apartada para volver a tener sus manos ocupadas en el joven. Miró sus labios, unos labios que deseaba, unos ojos que a la vez le intimidaban y a la vez le excitaban, y un cuello que la estaba llamando, quería ser mordido. Pero su mirada le fue apartada de aquel sitio, ahora tenia otro lugar mejor donde posar la vista, sus labios, que cada vez estaba mas cerca y más cerca de ella, podían sentir el aliento de ambos, aunque el de Carolyn a veces era incapaz de salir.

Y allí subida en aquella barandilla, teniendo a Chris rodeado de sus piernas, con su mano colocada de nuevo entre su cabello fuertemente agarrado como si no quisiera que se escapara, ocurrió todo. Ni siquiera se dio cuenta de un tercer integrante, estaba tan ocupada en hacer disfrutar a Chris que no pudo darse cuenta de su reiatsu.

[[Folk tu turno]]
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Re: Una copa de vino - Carolyn, Folk, Chris

Mensaje por Alexander Folk el Dom Nov 14, 2010 11:11 am

La noche continua se presentaba tranquila. Hacía rato, Chris se acicalaba y perfumaba en las estancias del sexto, seguramente preparándose para su cacería particular, algo más evolucionado que un hollow y del sexo femenino. Folk, mientras tanto, acicalaría el cuarto para el retorno de Okami, que en esos momentos se encontraba de cacería, no precisamente femenina, sino más bien cualquier cosa que pudiese alimentarla y saciar su sed de sangre. Carolyn no se había dejado ver desde hacía horas.

Hacía ya rato que el mosquetero había abandonado la estancia, y Folk estaba completamente solo en el cuarto. Con todo ya perfectamente recogido, pufs mullidos, y jarrones brillantes. TODO estaba en orden, y al aburrimiento empezaba a carcomerle.

Salió del cuarto sin rumbo definido, y comenzó a vagar por los pasillos comunitarios, pasillos que no pertenecían a ninguna sección en concreto, sino que más bien eran espacios de nadie que conectaban unos con otros. Pasó por varias puertas de escuadrones, la del diez, tras la que reinaba un silencio completamente opuesto a la del cuarto, desde el que se oían voces, gritos y música.

Una de sus particulares compañeras e informantes correteaba en silencio desde el fondo oscuro de un pasillo elegido por el destino al azar. Trepó por su pierna hasta su cintura, escaló su camisa y desde su nuca se dirigió hasta su oído. La expresión facial de Alexander cambió de inmediato, tornándose casi macabra con una marcada sonrisa casi literalmente de oreja a oreja. Tomó aire, giró sobre sus talones, y puso paso firme y decidido hacia el lugar de donde venía.

Una esquina a la izquierda, otra a la derecha, ignoras un par de pasillos y vuelves a girar a la izquierda. Luego sube las escaleras y… Y la fragancia de un buen vino inundaba el ambiente. Solo caminó unos pasos para encontrar un corcho. Lo tomó con la punta de sus dedos enfundados en su guante impoluto, y lo acercó a su nariz. Efectivamente, era un Burdeos del ochenta y siete. No era el mejor de su bodega, pero definitivamente era de su bodega. Tosió un par de veces, y tapó su boca con su mano. Se acuclilló y extendió su mano hacia el suelo. Y una diminuta araña salió corriendo siguiendo el olor del fabuloso vino.

Llegando al final del pasillo, una puerta entreabierta daba a una de las terrazas del amanecer. Conforme se acercaba el mayordomo, sentía cada vez más el reiatsu de Chris. De hecho, en un cierto momento se detuvo, solo a unos metros de la puerta y comprobó como aumentaba gradualmente. No se leía enfado en el, ni furia, pero no encontraba razón para el aumento del reiatsu. Dio una zancada, por si acaso estuviese en problemas, cosa poco probable, y fue entonces cuando descubrió mezclado un toque de reiatsu de Carolyn. Estaban juntos, y la mezcla era como una buena combinación de notas musicales, o como si vistieran el aire con colores que hiciesen buenos conjuntos. Ambos reiatsus cargados de sensualidad y deseo, agresivos, locos por morder el cuello del otro. Si tuvieran forma serían dos lobos rondándose, buscándose, y deseándose.

Un paso más. Si estiraba el brazo podría tocar la puerta. No se atrevía a interrumpir, y al mismo tiempo el recelo empezaba a anudarse en su garganta, dificultándole la respiración y la simple acción de tragar saliva. Deseaba entrar y hacerles parar. Finalmente se decidió, atravesaría esa puerta a sabiendas de lo que podría encon-…

Para cuado quiso darse cuenta, exhumaba reiatsu por cada poro de su piel. Y su aspecto se había visto demacrado, convirtiéndose en un anciano de aparentemente unos setenta años, no mal cumplidos considerando su más de cuatrocientos. Igualmente era tarde, y ya estaba la puerta abierta de par en par.

OFF: Llevo casi un minuto en la puerta, así que me habeis notao, y a lo mejor habeís hecho algo, o bien seguir con vuestro beso, o adecentaros para la visita ^^
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Re: Una copa de vino - Carolyn, Folk, Chris

Mensaje por Chris Renoir el Jue Nov 18, 2010 10:30 am

Cuando Chris notó los besos de la joven sobre los labios entreabiertos, sus brazos reaccionaron por instinto y la envolvieron, volviendo el abrazo aún más íntimo. El arrancar dejó de moverse entonces, y eso que no habían hecho más que empezar, eso solo era el preámbulo, lo bueno aún estaba por venir. La chica continuó un poco más, calentando el ambiente todavía durante minutos, pero Chris hacía unos segundos que volvía a ser el frío depredador de siempre, el silencioso asesino de ojos verdes. Aquella energía le era de sobra conocida y ahora acababa de haber un estallido, un pico de poder. Casi violentamente, o quizás si que violentamente, se separó de Carolyn, que por poco cae el vacío. Lo cierto es que hubiera sido un espectáculo verla caer desde esa altura hasta las dunas blancas y etéreas del desierto de Hueco Mundo.

De un gesto se colocó bien el pañuelo blanco que se anudaba alrededor de la máscara y se mesó el cabello con la mano derecha, para colocarlo todo en su lugar, pues estaba un poco desastrado. En el fondo esperaba que a Folk no se le ocurriese entrar, menos de aquella menera, pero al parecer las ideas del mayordomo eran otras bien distintas y allí estaba, convertido en un anciano de más de setenta años, dejando que su reiatsu se desparramara por cada poro de su piel. Qué decir tiene que el mosquetero no pensó ni por asomo que su transformación se debiese a que él había estado a punto de acostarse con Coralyn. El francés pensó que aquella intromisión era debido a que algo había pasado, algo grave, ¿estaría la señora Okami bien, don Marcus les necesitaba, quizás las cucarachas de la Sociedad de las Almas se habían atrevido a acercarse hasta su mundo? Renoir no tenía ni idea de a qué se debía aquel paréntesis en sus actividades amorosas (en el sentido más sexual de todas éstas, claro) pero casi sin darse cuenta se llevó la mano a la empañadura de Centinela Oscuro, dispuesto a usarla si era preciso. Folk no daba señales de haberle visto, de modo que se volvió hasta Carolyn.

La taladró con la mirada, como hubiera ocurrido algo (y algo esta vez os juro que no implica nada que tenga que ver con sábanas de satén o lencería negra de encaje) y por culpa de su encuentro se estuvieran retrasando estaba dispuesta a jugar con ella, pero no del modo en el que pensaba segundos atrás. Esta vez la diversión consistiría en la amputación, parcial o total, de algún miembro. Cruzó los brazos sobre el pecho y chasqueó la lengua. Definitivamente no iba a volver a acercarse a esa mujer. Su primera reacción, la de ignorar deliberadamente sus encantos había sido la acertada. Se acabaron las tonterías en la Sección, aquello era una zona para soldados, no para amantes. Gruñó, malditos fuesen los dos, él por lo que tenía entre las piernas y ella por ese delicioso aroma salvaje. Aquella situación era más que funesta por varias razones, a cada cual más extraña. Y cuando os las cuente, estoy segura de que pensaréis lo mismo que yo.

1. Folk acababa de pillarle haciendo algo de índole privado en un lugar público. Sino hubiera sido él habría sido cualquiera y eso podría ser un gran problema.
2. Aquello sería una mancha en su reputación, mira que enrollarse con una tía en medio de una terraza… Pensaba pagar por ese error, ¡mierda!
3. Si llegaban tarde a una de las reuniones con la señora Okami no quería ni imaginar lo sucio que iba a quedar su uniforme. El rojo le sentaba bien, pero no tanto.
4. No estaba dispuesto a fallarles ni a la dama ni a don Marcus.
5. ¡Matar, matar, matar!

Retornó la mirada a su compañero Fracción, y aún no obtuvo resultados, de modo que carraspeó sonoramente y aguardó, un segundo… Folk parecía ¿molesto?, ¿por qué? Quizás estaba enfadado porque Chris le había hecho perder el tiempo, no, eso no iba con una persona como Alexander. Intentó analizar la situación. No sabía nada de sentimientos y eso de ponerse en el lugar de los demás, mejor ni hablar. Pero hizo el esfuerzo, solo por tratarse de su igual en la Sección. De reojo miró a la joven arrancar y luego a Folk, esto lo hizo hasta tres veces y finalmente una bombilla (quizás en su caso mejor un candelabro) se encendió en su mente, ¿sería posible? El mayordomo había defendido a Carolyn de la furia de Okami y ahora no parecía muy contento de haberlos encontrado así, ¿quizás Folk sintiese…? ¡Ni en un millón de años!, no veía a la arrancar del gusto de Folk, la mujer que le gustase a Folk debía ser elegante, de gestos delicados y gran poder, ¿os suena la descripción qué os ofrezco? Porque creo que no estoy desencaminada, aunque quizás me esté confundiendo hablando de la “mujer”. En fin, de esto ya os enteraréis, si es que os tenéis que enterar. Yo os hablaré del mosquetero, que hacía esfuerzos por no dejar escapar una carcajada, tal había sido la impresión que le habían causado sus propios pensamientos. Lo hizo bastante bien, permaneció con las piernas abiertas junto a Folk, con los ojos sobrenaturales en el horizonte. Definitivamente debía dejar de intentar empatizar con los demás. Se le daba de pena.
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Re: Una copa de vino - Carolyn, Folk, Chris

Mensaje por Carolyn el Sáb Nov 20, 2010 10:38 pm

Aquel beso la envolvió completamente, quería aún más, no estaba saciada. Era como si su cuerpo se quisiera fusionar con el de Chris, de lo cerca que estaban. El ambiente se estaba volviendo cálido, poco a poco esa simple calidez empezó a ser un calor sofocante. Durante unos momentos sintió que algo andaba mal, Chris estaba en su mundo, o al menos eso parecía. Cuando Chris separó a Carolyn esta casi cae al vacío, ahora lo veía todo claro, aquel reiatsu había sorprendido al joven, ella ni siquiera lo había notado, ahora aquel reiatsu le era familiar.

Era un reiatsu fuerte, ahora lo notaba mejor, era de Folk. Al menos conocía la mayoría de los reiatsus de fracciones y espadas, siempre le gustaba estar rodeada de ellos, y aún más de los que estaban en su misma sección. Todos sabemos que lo que mueve a Carolyn aparte de escenas como estas, es la avaricia, el poder, el estar cerca de los más poderosos, y el ser una de ellos. Por eso siempre conocía el reiatsu de uno cuando estaba cerca.

Algo malo, algo realmente malo debía haber ocurrido para que Chris actuase así, y Fol. Estuviese tan…irascible, aunque quizás esa no era la palabra. Esperaba que su ama Okami estuviese bien, por un momento ese pensamiento se le cruzó en la cabeza, pero rápidamente lo desechó. No había nadie que pudiese con Okami, quizás Marcus, pero ella le era fiel, dudaba que le hubiese ocurrido algún percance como ese que pensaba. Así que Okami debía estar bien, debería de ocurrir algo distinto a todos esos pensamientos que se le cruzaron por la cabeza.

Rendir miraba de vez en cuando a la joven, no sabía como interpretar esa mirada, parecía la de un chacal, un lobo, un depredador. Por un momento sentía que las manos de Carolyn serían extirpadas, aquellas manos con las que se aferraba a los barrotes de la terraza, como si fuera su propia vida y no quisiera desprenderse de ella. Parecía que el joven no iba a ayudarla, y ella no daba mucho tampoco por la labor de salvarse, ensimismada en sus pensamientos, y con la curiosidad innata, queriendo saber que ocurría. Quizás estos dos eran amantes en secreto, esa era la única explicación razonable que le encontraba, aunque Chris era demasiado hombre para andarse jugueteando con otros hombres. A pesar de que siempre iban juntos, Chris le había demostrado que lo que le volvía tan salvaje, era una mujer.

Aun así Carolyn sentía ganas de más, si, estaba loca, ¿Cómo podía querer más después de todo esto? Pero como ya dije, cuando pone un objetivo, lo obtiene, cuando acecha a una presa, la caza, y esta aun no la había cazado, peor aún. Le habían dejado con al miel en los labios… ¡Y qué miel! Se había vuelto loca, quizás el hecho de ser de su misma sección y de ser una fracción es lo que le había vuelto loca, aunque hay que admitir que los encantos de Chris ayudaron en gran parte.

Rendir volvió a mirar a la joven, ¿A que esperaba para ayudarla? Ahora al menos sabía que ni Folk ni él iban a ayudarle. Podía aguantar así, al menos Fol. No le vería, y podría enterarse de que es lo que estaba pasando. Si en algún momento se viera en peligro podría saltar a otro balcón, o aprovecharse de una de sus habilidades de su resurrección para huir de aquel lugar en el que los chacales le miraban con ganas de matarla.
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Re: Una copa de vino - Carolyn, Folk, Chris

Mensaje por Alexander Folk el Lun Nov 29, 2010 9:20 am

Percal. Ésa era una buena palabra para describir la situación tan exótica que se pintaba ante los ojos del mayordomo. En un segundo, Chris soltó, o más bien empujó a Carolyn barandilla fuera, y ella se quedó malamente sujeta en los barrotes. Luego, el mosquetero retomó su porte altivo y sus aires de superioridad, y se retiró un paso de la pendiente Carolyn.

Luego fue el mismísimo Alexander Van Rosenthal Folk - Cuya historia de su primer apellido será contada en otra ocasión - quien a paso aparentemente calmado, se acercó a la joven.

... Al primer paso, cruzó sus dedos a su espalda, haciendo crujir el material de sus guantes...

... Al segundo paso, distante cuatro segundos exactos del primero, sentía la cercanía de su presa, tomaba aire de forma sonora, aspirando el perfume... de la muerte...

... Al tercero, solo dos le separaban de su víctima, y la sonrisa, cada vez más, se dibujaba en su cara...

... Al cuarto, una amplia sonrisa ya surcaba su tez, y los dedos crujían, no ya solo los guantes, a su espalda...

... El quinto... el maravilloso quinto, que le dejaba al borde de la barandilla, pudiendo ver a la indefensa Carolyn con claridad. Se deleitaba con cada bocanada de aire que tomaba del recargado ambiente. Dejó caer su cabeza a su derecha, hasta que crujió. Dejó caer su cabeza a su izquierda, y esta vez no crujió. Chasqueó su lengua. Apoyó la palma de la mano en su sien, y empujó, hasta oír el intenso crujido. Luego, con calma, depositó sus manos sobre la baranda de mármol, baranda unida al suelo por esos fabulosos barrotes a los que se agarraba Carolyn. Posó los dedos uno a unos sobre el frío mármol, y se reclinó sobre el mismo para acercarse a la cara de Carolyn, para tomarse cierta... intimidad.

- Carolyn, Carolyn, Carolyn... - Su voz sonaba apagada, como maltratada por los años. Sus arrugas se apreciaban con detalle a esa distancia, especialmente marcadas al borde de aquel acantilado que formaba su sonrisa macabra... - Algún día aprenderás... - Una pausa. Tomó aire hasta llenarse lo que viene siendo esa zona donde antaño guardó el corazón. Luego, sin avisar, hizo presión con sus finos dedos enguantados hasta resquebrajar el mármol bajo sus manos. - ... a que si te intentas acercar DEMASIADO al sol... - palabra en la que hizo especial hincapié, alargando las vocales, abriendo más sus ojos, y aumentando aún más la presión sobre la baranda. Se incorporó para terminar su frase. - Te... quemas... - y soltó la fría piedra, desmoronándose, haciéndola caer al tan temido vacío.

Sin preocuparse por ella ni un solo ápice más. Se giró encarando al mosquetero, cuya cara mostraba más de lo que jamás había mostrado. Se sacudió los guantes con diligencia, recalcó su mirada afable y bonachona, y despegó sus labios...

- Listo... -

OFF: Dios, maldito Rendir xDDDD
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Re: Una copa de vino - Carolyn, Folk, Chris

Mensaje por Chris Renoir el Jue Dic 02, 2010 8:17 am

Chris presenció con los brazos cruzados sobre el pecho como su compañero se acercaba a la joven que segundos antes había tenido entre sus brazos y que había separado de su cuerpo con aquella violencia repentina. La muchacha había quedado suspendida en el vacío, con todo su cuerpo pendiendo de los barrotes, como una cometa que se engancha en una ventana por obra del viento. El mosquetero no se movió, simplemente se dedicó a observar la escena, a ver como la joven parecía pedirle ayuda con los ojos y como él, tan inmóvil como una estatua de sal no se la daba, ¿es qué debía hacerlo? Si ni siquiera habían echado un polvo, no debía tomarse esas confianzas, y mucho menos con una Fracción, no señor. Aunque él hubiera empezado aquello, claro. Era una pena perder tan hermosa presa, pero podría conseguir más, estaba seguro de su encanto para con las féminas. Además, por culpa de aquella arpía se estaba perdiendo algo, algo importante, porque sino lo fuera, Folk no se encontraría en ese estado, estaba… muy enfadado y la fracción de ojos verdes dudaba que el hecho de que Carolyn fuera una mujer impidiera el ataque. Los pasos de Alexander hacían ruido sobre el suelo de la terraza, Chris podía contarlos y ver los movimientos del mayordomo: uno, los guantes crujieron, dos, la fracción tomó aire, tres, una siniestra sonrisa apresó el rostro ajado del anciano, cuatro…aquella sonrisa era cada vez más tétrica, más grande y grotesca y cinco, esta vez crujió más que el material de sus guantes. Folk parecía un depredador, no en vano eran todos ellos una sección bastante feroz, pero el francés nunca lo había visto ponerse así con nadie de su bando. Era interesante, ¿la tiraría por el balcón definitivamente o solo la amedrentaría? En una ocasión el mayordomo había salvado a la chica del furor de Okami, ¿por qué no esta vez alejarla de otros peligros? Chris apostaba todo el vino del mundo a que la lanzaría sin contemplaciones. Pese a su aspecto de persona educada y paciente, Folk tenía su propio límite y le daba en la nariz a nuestro amigo que esta vez, la joven había llegado demasiado lejos. Aunque no entendía muy bien porqué.

Ahora la fracción estaba tan cerca de Carolyn que podría haberla besado también, como había hecho el asesino de gestos felinos, pero lo que hizo el buen Folk fue hablarle, aunque no lo bastante alto como para que él lo oyese, quizás lo hizo adrede. Aunque al apuesto asesino tampoco es que le importase mucho lo que se estaban contando, el final iba a ser el mismo, ni más ni menos. Pero debo decir que la última frase si que la escuchó claramente nuestro mosquetero de cabello oscuro: “te quemas”. ¿Qué venía a decir aquello? Podía ser muchas cosas, desde que la hermosa arrancar se había metido donde nadie la llamaba a que simplemente había ganas de jugar en el ambiente. El muchacho prefirió obviar aquellas ideas, las estaba teniendo demasiado descabelladas para su gusto, y centrarse en el espectáculo que se estaba perdiendo por culpa de su cabeza. El mármol se partió (como si fuera plastilina, por cierto) por la fuerza bruta de su compañero y sin más hizo caer a su presa por el precipicio. Si gritó o no, eso Chris no lo supo y decidió que tampoco era tan importante, una pena eso de haber perdido aquel manjar, pero se lo había buscado, algo habría hecho. El chico se encogió de hombros y sus ojos sobrenaturales se posaron en Folk, que parecía mucho más relajado. Aunque no le gustaba mucho sus globos oculares se mostraban curiosos, ¿qué habría hecho aquella mujer para merecer aquel trato? Bueno, seamos realistas, había sido el propio Renoir el que la había puesto en aquella peliaguda situación, porque viendo la reacción de Folk, seguro que algo malo había hecho la condenada. Posiblemente fuera un detalle tonto, una nimiedad, pero algo había ocurrido. Tal vez estaba retrasando una misión o molestando con cualquier tontería. Pero en el mundo de Chris hay un dicho popular que él se toma bastante al pie de la letra, y si estáis pensando que él mismo lo ha llevado a la práctica, dais en el clavo: “El que la hace la paga, por pequeña que sea”.

El joven siguió mirando a su compañero, que ahora parecía mucho mayor que él. Se llevaban un par de años, tres a lo sumo, pero en estos momentos más que fracciones de una misma sección parecían padre e hijo, eso siendo generosos. Mas, éste no era un progenitor dispuesto a dar explicaciones, de modo que el mosquetero, si es que de verdad quería saber algo de lo que acababa de ocurrir, debía de preguntar. Preguntar, hablar, conversar… ese tipo de cosas que tan poquísima gracia le hacían al apuesto joven. La mano derecha del asesino se hizo un puño y fue a su boca, necesitaba toser si es que pensaba hablar, y lo pensaba, ciertamente. Carraspeó un segundo, con la elegancia que le caracterizaba, y al fin habló, con esa voz ronca, y de palabras arcaicas a la que no terminaban de acostumbrarse, ni él ni las personas a su alrededor.
- ¿Novedades?- era la idea más plausible para el comportamiento de Folk. Aunque hacer conjeturas no era lo suyo y sus conjeturas habían llevado a Carolyn al abismo. ¿Qué se le va a hacer? Más se perdió en la Guerra, que se lo digan a él.

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Re: Una copa de vino - Carolyn, Folk, Chris

Mensaje por Carolyn el Jue Dic 16, 2010 5:11 am

No se sabe aun por qué, Carolyn se había quedado petrificada, el rostro de Alexander le había llegado a infundir miedo, casi terror. Mientras se acercaba peligrosamente hacia ella, esta vez se habían invertido los papeles y ella era la presa. Aquella sonrisa, aquella macabra sonrisa, casi le dieron ganas de tirarse ella misma al vacío.

Folk hace unos segundos había tirado a la joven arrancar desde aquella terraza, ahora estaba cayendo. El lugar estaba alto, y aún estaba ensimismada dentro de sí misma. En aquellos momentos le hicieron pensar… si de verdad era tan prescindible en la sección.

Y seguía con la duda de si había ocurrido algo… ¿Habría hecho ella algo malo? Desde lo de Pared había estado mas tranquila, y si Taira hubiese mencionado un mal comportamiento por su parte en la misión del joven hubiese sido Okami la que hubiese venido, ella misma lo dijo. Aunque no se iba a tomar las molestias de venir hacia mí. Hubiese sido Carolyn la convocada junto a su Espada. Folk era el que parecía más el chico de los recados, pero quizás aquella frase no era la mejor para la ocasión.

O incluso quizás Renoir era el mismo que la había metido dentro de la trampa aquella.
Caía y caía. A sus ojos parecían los segundos lentos, y cada vez más lentos. Sentía como si sus pupilas se achicaban más, como si de verdad hubiese allí un sol justo a su vera y la estuviese quemando.

- ¡Bebe de la sangre de los débiles vampiro!

Su cuerpo estaba cambiando, sentía como si estuviese mudando de piel y estuviesen brotando en su lugar pequeñas escamas. Sus pies se juntaban poco a poco para acabar siendo parte de una larga cola de serpiente y de su espalda salían unas alas expandidas medio resquebrajadas, como si de un murciélago se tratase.

Podría salir volando, pero temía que de nuevo aquella fracción fuese tras de ella.
En su lugar una neblina comenzó a rodearla rápidamente, mientras su cuerpo se fundía con esta. Subía poco a poco por el mismo lugar por donde fue tirada.

Pasando por la vera del mayordomo, siendo aun niebla, susurrándole al oído el mismo sonido que haría una serpiente de cascabel cuando fuese a abalanzarse sobre su víctima.

No quería quedarse aún más allí, prefirió escabullirse y zanjar el tema en otro momento, ahora parecía que estaban ocupadas las fracciones, y tampoco quería entrometerse entre Folk, no ahora mismo con las pintas que tenía. Algo grave pasaba y no le gustaría recibir una reprimenda por Okami.
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Re: Una copa de vino - Carolyn, Folk, Chris

Mensaje por Alexander Folk el Mar Dic 28, 2010 8:09 am

Folk respiraba ahora más calmado y a gusto. Y, sin esperárselo, la voz de Chris resonó en sus oídos. Esa voz tan gastada y a la vez afectada por el desuso. Esa voz que, hasta hoy, no había sido dirigida hacia el mayordomo. Todos la habían escuchado, aunque fuese una "delicatessen", pero nunca se había dirigido directamente a Alexander. Rabiaba por no haberla escuchado de pleno nunca, y ahora, se sentía aún más satisfecho. Tanto, que se volvió de repente, sin despegar sus pies del suelo, girando solo su cuerpo, ensanchando los hombros, casi tanto como la sonrisa, que de un momento a otro podría dividir su cabeza en dos mitades.

Una neblina apareció entonces desde detrás de la maltrecha barandilla, giró varias veces en el aire, y se dirigió a la puerta por la que Folk había entrado minutos atrás. con su susurro sin palabras... Lo que le recordó su anterior amenaza... Se lo tenía demasiado creído, y al parecer, éste encuentro no le había servido de escarmiento. Ya tendrían alguna vez una charla a solas, con un té verde de por medio... Nada de veneno por supuesto, ¿Quién ha dicho eso?

Ahora venía el turno de responder a la escueta pero deliciosa pregunta de Chris... Que no dejaba de ser un "¿Porqué?" en ropas de camuflaje, que no escapaban ni por asomo a la vista del estirado fracción. En este caso, debía decidir a cual de las dos preguntas responder, si a la que se oyó, o a la sutil... Responder a la primera sería complicado, ya que realmente no había ninguna, pero más lo sería responder a la segunda.

- Tenemos que... - ¿Ir al mundo humano a comprar té? no era una buena idea... ¿Buscar comida para Okami, tal vez?... casi más remoto... ¿Apartarte las moscas? Ésa hubiese sido una buena contestación, pero quizás fuera de lugar...- Buscar comida para los nuevos cachorros de la señora... - mismo...

Bien era cierto que aquellas tres hienas comían como tres diablos, y alguien debía buscar su alimento, si no querían que se comieran a todos los arrancars de... comerse a los arracars de la sección... Carolyn seguía perteneciendo a la sexta... Después de todo no corría tanta prisa, pero había que hacer algo para crear una excusa a sus actos.

Quedaba por ver si colaba...

[[OFF: JODER!! AHORA PARED?!?!?!
Rendir=Renoir
Pared=Jared >.<
Folk?? No me haspuesto apodo ¬¬
]]
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Re: Una copa de vino - Carolyn, Folk, Chris

Mensaje por Chris Renoir el Jue Dic 30, 2010 10:35 am

Cuando una suave niebla pasó cerca de las dos fracciones que conversaban en aquel balcón en El Amanecer, el mosquetero la observó alejarse, por los pasillos, dedujo que Carolyn había aprendido la lección, cualquiera que Folk hubiera querido mostrarle, y había roto filas. Chris no terminaba de entender que había ocurrido exactamente, pero optaba por dejar de pensar en ello, no estaba acostumbrado a hacer el esfuerzo de meterse en la cabeza de otras personas y no iba a empezar en esos momentos, me temo que aquello no iba a ser posible. Además, si esos dos tenían un problema no era de su incumbencia, ya se las arreglarían como pudiesen y sino eran capaces… bueno, no estaba seguro de que ocurriría entonces, pero sabía que no iban a pedirle ayuda, así que se relajó a ojos vistas. Tanto que hasta se agachó para recoger la botella de vino empezada. Le daba pena por las copas, que al estar colocadas sobre la barandilla habían ido al final del abismo junto con el otro manjar que tan solo había saboreado. Se encogió de hombros y movió el envase de cristal, entre los dedos. Quizás estaba escrito que no se acostase con aquella mujer. La verdad es que podría conseguir otra en cualquier momento, ¿por qué molestarse entonces en pensar en ella cuándo no se había fijado en ella en el primer instante? Pues nada, a otra cosa. Y ciertamente había muchas cosas bonitas que mirar entre las filas de los arrancar.

Entonces su compañero se volvió hacía él, y parecía mucho más contento que hacía unos segundos. Si, había ocurrido algo entre esos dos que el asesino de ojos verdes se había perdido, pero teniendo en cuenta lo extraño de los sucesos acaecidos hacía un minuto iba a ser mejor que mantuviese la boca bien cerrada. Y eso, amigos míos, no le costaba el más mínimo esfuerzo. Siguió observando al mayordomo, con naturalidad, a la espera de su respuesta y entonces escuchó como el otro se quedaba a medias, como pensando y luego soltaba aquello que sonaba tan poco creíble: buscar comida para los nuevos cachorros de la señora. Hasta Chris se sorprendió, pero por más que se esforzó en representar su desconcierto, a lo que llegó fue a levantar una ceja, interrogante. Buscarles comida a los tres bichos esos no tenía mucho que ver con él. No es que le importase hacerlo si era una orden. Pero la fracción no era un empelado del hogar, era un asesino, bien mirado ir a buscar comida para ésos incluía algo de lo que mejor sabía hacer el castaño. Pero era tarea fácil (ay, Chris, te gustan demasiado los retos, pequeño) y si ponía en una balanza apresar a unos cuantos e insignificantes hollows del camino y echar un polvo con una mujer hermosa, prefería lo segundo. Sin embargo las órdenes de la señora Okami eran sagradas. Aunque le seguía sonando raro que la mujer les encomendase semejantes misiones menores a sus dos mejores hombres.

Se encogió de hombros nuevamente y negó con la cabeza. No había mucho más que decir, iría. Iría al fin del mundo si aquello era posible.

[FDI: Firma dedicada a Okami xD]
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Re: Una copa de vino - Carolyn, Folk, Chris

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