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Mariposas y espadas [Flashback]

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Mariposas y espadas [Flashback]

Mensaje por Hana el Dom Oct 24, 2010 11:09 am

Elevó su mano derecha y, por décima vez en menos de cinco minutos, tiró de uno de sus enormes rizos negros, como si un movimiento tan simple realmente pudiera con su cabello indomable. Una tontería, pero no podía pedírsele más y es que estaba nerviosa, mucho. Un miedo similar al que siente un niño en su primer día de clases, así se sentía ella en esos momentos. Quería regresarse a la Academia o mejor aún: al acogedor criadero de mariposas que había allí. Lo habría hecho si sus cosas no estuvieran ya instaladas en el Escuadrón que le habían asignado apenas dejó la Academia. Aquello que para las autoridades había sido un mero trámite -quizás una pena, dadas las circunstancias-, para la shinigami había sido una suerte de llave a otra puerta en su destino. ¿Quién sabe qué le esperaba ahora?

Animada con éste pensamiento, la chica sonrió. Tan ensimismada, que se demoró en notar que el viaje estaba tomando más tiempo del calculado... ¡Pero claro! Se había pasado y no pudo más que echarse a reír al tener que girar sobre sus talones y volver a caminar dignamente por donde ya había pasado, la muy perdida. Su señal fue un puñado de mariposas infernales posadas en la puerta del que debía ser su nuevo hogar. Les hizo una reverencia en señal de agradecimiento, teniendo que después pasar a regañar a unas cuantas que habían salido del mismo cuartel. Lo normal era que las mariposas aparecieran ante un shinigami para cumplir su misión, por lo que la criadora rezó para que la inexplicable y callada presencia de las mariposas en la casa no hubiera confundido a algun shinigami.

Sacudiendo el polvo que se había acumulado en aquel kimono color marfil con sencillas flores y mariposas humanas bordadas con delicada espontaneidad, entró al lugar gritando un simple "He llegado!". Ya no había rastro de nerviosismo en su semblante radiante de alegría. Las mariposas infernales en el lugar le habían aclarado que de verdad había llegado a su casa, aunque en ésta reinara un opresivo silencio. Al fin y al cabo no habían pasado más de dos semanas desde aquella gran pelea entre arrancars y shinigamis, en la que tan lamentables bajas habían tenido los purificadores de almas. Como el Tercer Escuadrón, que en su premura envió a pelear a su criador de mariposas -pobre shinigami-. Era la muerte la razón por la que la chica estaba allí. Lo tenía claro, tan claro como que no era quien para continuar el pesar que debían tener sus moradores. Entró al lugar como el soplo de un viento renovador.

Demasiado silencio. ¿Podría ser la hora? A las cinco de la tarde era probable que todos estuvieran fuera. Perdiendo la paciencia, corrió por la casa como un tornado tintineante -llevaba unos adornitos de plata pendiendo de sus coletas- hasta que paró en seco al toparse con alguien. Las mariposas infernales revoloteaban enloquecidas alrededor de la shinigami cuando ésta se inclinó respetuosamente ante la shinigami.

-Buenas tardes. Mi nombre es Hana y soy la nueva shinigami rasa y criadora de mariposas infernales -canturreó sin levantar el rostro.

Con un movimiento rápido en el que primero su cabello rizado se abrió como alas negras y luego apareció su rostro sonriente entremedio, Hana -rápida y ligera- se abalanzó sobre la presente y le abrazó como quien se encuentra con un ser querido que hace mucho tiempo no ve. Poco le habían durado la solemnidad y distancia que debía guardar.

-Me alegro mucho de estar aqui!!! -chilló sin dejar de rodearle con sus bracitos y rozando mimosamente su mejilla con la otra persona.
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Re: Mariposas y espadas [Flashback]

Mensaje por Kawasumi Hotaru el Mar Oct 26, 2010 2:47 am

-Oye, Kawasumi, no olvides que esta noche te toca con el tercer grupo.

-Sí, sí. Déjame, ya me sé el nuevo horario- su boca se abrió vistosamente al bostezar, mientras se frotaba los ojos que tanto esfuerzo le costaba mantener abiertos-. Tú ve con cuidado, Mayuri.

-Lo tendré, mujer. Intenta descansar.

Se despidieron en la entrada del Tercer Escuadrón, donde el sol vertía su luz sobre la madera oscura y la hacía parecer jalea derretida. El silencio era total, salvo por el viento que agitaba las ropas de los shinigamis, se enredaba en sus cabellos y les susurraba al oído de forma incomprensible. La mujer ingresó en el cuartel, tras haberse quitado el calzado, con los hombros abatidos y siguiendo el camino hacia los dormitorios por inercia. Pero la promesa de una buena siesta se iba hacer esperar. Primero debía preguntarle al Teniente sobre las patrullas al Rukongai, en las que todavía no sabía si sería incluída.

"Esto es un verdadero caos", pensaba, dando la vuelta con desgana para dirigirse hacia el despacho del shinigami al mando de la Tercera División. Muchos compañeros habían muerto en batalla, entre ellos, los doce Capitanes. La Sociedad de Almas parecía en aquel momento un avispero furioso; los Tenientes sobrevivientes estaban hasta el cuello de trabajo, los que habían ascendido de golpe apenas podían con tanta responsabilidad; la histeria parecía haberse disparado entre los habitantes de los distritos y además los nobles no hacían más que meter las narices en todo aquello y fomentar el pánico colectivo. "No me gustaría estar en la piel del Comandante ahora mismo. Esos de la nobleza son unos porculeros".

El Seireitei, además, tenía una actividad pocas veces vista. Las guardias se habían duplicado, las patrullas y los controles eran cada vez más frecuentes... y esos pobres diablos del Cuarto Escuadrón estaban hasta los topes, ya que no solamente atendían a los afectados en la guerra, sino que cada dos por tres recibían a algún shinigami hundido a causa del estrés o herido en consecuencia de algún altercado en los barrios más peligrosos del Rukongai; la misma Hotaru apenas había dormido en esas dos semanas, y eso que su División era considerada la de los más gandules y despreocupados del Gotei Trece. Y tanto ascenso repentino no podía traerles nada bueno, había gente que no estaba preparada todavía para el puesto que les habían asignado.
El único consuelo que podía quedarles, era que la facción contraria había salido tan mal parada como ellos.

-¡Wonderbra! ¡Fukutaicho! Voy a pasar, así que si estás haciendo algo indecente, tápate- con estas palabras tan poco respetuosas corrió la puerta que daba paso al despacho del Teniente, pero nada más poner un pie dentro vio que se encontraba vacío-. Oh, mierda... hoy tenían esa reunión.

Resoplando con frustración, se descolgó la odachi y la relegó a un rincón de la estancia. En fin, tendría que esperarle allí dentro, pero lo haría a su modo.
Se quitó el keiko-gi negro del uniforme, para estar más cómoda, y fue a tumbarse en el suelo utilizando a modo de almohada el cojín que usaba Lyra para sentarse. ¡No podía reprocharle que durmiera con lo cansada que estaba! Así, pues, cerró los ojos y de inmediato el sueño la alcanzó.

Flap, flap, flap.


No habrían pasado ni doce minutos cuando algo le sopló en el rostro y le hizo cosquillas en la nariz, provocando irremediablemente que despertara. Dio un manotazo y abrió los ojos, encontrándose con la visión de una mariposa infernal que volaba unos centímetros por encima de su frente, habiendo esquivado el golpe. Malhumorada, le clavó una mirada asesina al insecto.

-¡Más te vale no traer ningun mensaje que diga que debo ir a algun sitio!- Pero la mariposa no parecía tener nada que decirle, y se limitaba a revolotear cerca de ella. Un comportamiento muy extraño.- Oye, si estás buscando al Teniente Wonderwall, no está aquí. Había una reunión de Tenientes esta tarde. Así que largo- el bicho ni se inmutó, y a ella le molestaba su presencia. Se levantó de un salto, cojín en mano, y trató de espantarla o quizá incluso aplastarla contra una pared- ¡Agh, me sacas de quicio!

Por fin logró expulsarla de la habitación, persiguiéndola hasta el pasillo. Allí se dio cuenta de que habían unas cuantas más y, rodeada por ellas, una chica que tenía la cabeza inclinada y estaba presentándose. La mirada de desconcierto de Hotaru demudó a una de sorpresa cuando la joven se lanzó hacia sus brazos, con esa voz tan aguda y cantarina que le taladraba el cerebro. Con firmeza y casi de forma ruda, colocó una mano sobre el hombro derecho de la shinigami y la apartó de sí.

-¿¡Pero qué demonios haces!?- frunció el ceño con enfado, dándose cuenta de que la culpa de que no se encontrase durmiendo en esos momentos era de aquella jovencita-. Estaba durmiendo, ¿sabes? Y uno de tus bichos me ha despertado...- el rostro dulce de la criaja le hizo chasquear la lengua. Las chicas monas eran su debilidad.- Hay que joderse...Tendré que hacer de niñera. Sígueme y cierra la puerta al entrar; se supone que no podemos entrar al despacho de Lyra cuando él está fuera.

Hizo un movimiento fluído con la cabeza, antes de darle la espalda y volver al despacho donde tan gustosamente había dormido, aunque por poco tiempo. Hotaru se movía por el cuarto como si fuera suyo, abriendo las puertas de un pequeño armario para extraer la botella de sake y las tacitas que había ocultas en él. No pareció sorprendida de encontrarlas.

-Lo guarda para las ocasiones especiales, y el ingreso de un nuevo miembro lo es, ¿no?- pero no aguardó a que le dieran la razón para colocarlo todo sobre la mesa baja de té y sentarse en el sitio que le correspondería a su fukutaicho. Hizo los informes a un lado, así como el pincel y el preparado para la tinta, y sirvió una taza para Hana y otra para ella- No vienes en el mejor momento; todos están durmiendo o cumpliendo con el nuevo horario de patrullas- dio un sorbo a su vasito de porcelana y se pasó la lengua por los labios húmedos de licor- Buff... este sake es de mala calidad. Seguro que el muy memo ha pagado una buena fortuna por él- como si le hiciera gracia que hubiesen timado a su superior, soltó una risilla divertida y se sirvió otra copa, hincando un codo sobre la superficie del mueble y, por primera vez, mirando con interés a la muchacha- Yo soy Hotaru Kawasumi, posiblemente la única persona competente de este nido de ratas. ¿Ya estás familiarizada con las funciones de la División o quieres que te explique qué se supone que hacemos?



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Re: Mariposas y espadas [Flashback]

Mensaje por Hana el Dom Oct 31, 2010 12:22 pm

Aunque su abrazo había sido agresivamente interrumpido, no así su buen ánimo y aquella sonrisa que enseñaba sus dientes y abultaba sus mejillas levemente sonrosadas. Poseida por la euforia del primer encuentro con alguien de su escuadrón, ni siquiera había mirando a quien tan despreocupadamente había saltado a sus brazos. Y qué brazos, ni siquiera las rígidas ropas de shinigami disimulaban la firme belleza de la mujer que se plantaba frente a ella, regañándola con la desenvoltura de quienes ya se conocen, reacción -en el fondo- tan peculiar como la que había tenido Hana.

No dejó de divertirse cuando la siguió con la mirada mientras la shinigami hacía los preparativos. Le llamaban la atención sus movimientos seguros y rápidos, casi bruscos, tan contrastantes con la imagen de fondo. Era una habitación relativamente amplia y que de inmediato le inspiró calma y soleminidad, a pesar de la cantidad de documentos y otros instrumentos que habían aquí y alla. Se notaba que el Teniente debía ser un hombre que se dividía entre la diligencia y el estrés. Hana compadeció a esa persona que ni siquiera conocía, a la vez que se sentaba delicadamente frente a la mesita indicada. Sus ojos azules seguían revoloteando como las mariposas infernales, que en ningun momento se habian separado de su criadora. Silenciosas y discretas, no por ella dejaban de darle un nuevo toque a la habitación. Quizás más tétrico o quizás más alegre, pero siempre más excepcional. ¿Podía tener algo qué ver aquella niña de rizos negros? ¡No, imposible!...

-Gracias -canturreó tranquilamente Hana. Cualquier otra persona habría reprobado que la mujer le sirviera sake a quien realmente era como una niña, pero también era verdad que todos sabían que en la Sociedad de Almas las apariencias engañan y mucho- No importa que no estén, además es el mal momento el que me ha traído hasta aquí...

Su voz casi se ahogó y, acto seguido, Hana estaba hundiendo su dedo índice en su sake. Tras asegurarse de que el licor de arroz quedara impregnado en su dedo, se lo llevó a la boca y lo adentró en ella, presionandolo lentamente con sus labios para saborear... no hasta la última gota, pues en cada operación quedaba prendido un poco en sus labios, que de rojizos pasaron a un inocente y alcoholizado color rosado. Luego se rió, la comparación con un nido de ratas sólo hizo que Hana imaginara a Hotaru como un ratón albino de suave pelaje... ¿cómo sería al tacto ese cabello níveo? ¿Cómo sería peinar con los dedos aquel alboroto?

-No hace falta, mi misión es diferente a la del Escuadrón...-comentó sin más, ignorando la típica costumbre de los criadores de mariposas infernales, que era presumir de la rareza de su oficio. Una mariposa le avisó a Hana que entre tanto ir y venir, le había caido sake en el kimono. Sin más rodeos, la joven se desprendió del ropaje, quedando en un vestidito de seda violeta, cuya simpleza sólo se perdía en los finos tirantes hechos de unas afables cadenitas plateadas (¡Sorpresa! Su cuerpo no era para nada el de una niña...). Entonces, ella misma tomó la botella de sake y se sirvió en su tacita hasta que se desbordó, tal como suele pasar con los niños (... pero si lo era su comportamiento)- Pasemos a lo importante...-prosiguió seriamente-... ¿cuál es tu color favorito y por qué?

Hana extendió su sonrisa, pero eso no ocultó el significativo y misterioso modo en que sus ojos azules se posaron fijamente en los verdes de Hotaru.

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Re: Mariposas y espadas [Flashback]

Mensaje por Kawasumi Hotaru el Mar Nov 02, 2010 4:26 am


Hotaru siguió bebiendo con la mirada perdida en el desarrollado cuerpo de Hana, enmarcado entre las delicadas ondas de suave resplandor azabache que era su cabello, y el delicado rubor que había encendido su escote. Tenía ganas de morderlo despacio y de chuparle los labios, que sabrían a alcohol y le picarían en la lengua.
Casi se arrepentía de haber pedido un traslado de Escuadrón unos días atrás. Bien, siempre podría visitar a sus antiguos compañeros si era que aceptaban el cambio. No había nada de sucio ni de anormal en el acordarse de los viejos amigos.

-¿Mi color preferido? ¿Crees que esa pregunta es la apropiada para empezar a conocer a alguien?- rió, extrañada por aquella curiosa forma de ser que parecía tener la chica. También era peculiar el modo en el que la miraba-. Si tanto te interesa, te diré que es el rojo. Tiene un efecto muy poderoso; atrae la mirada y estimula las pasiones más básicas del hombre. Además, encuentro que expresa a la perfección cada rasgo de mi carácter. Autoridad, competitividad, agresividad, pasión, fuego, peligro... Apetito.- se relamió los labios, apartando los ojos de las cadenitas que formaban un arco sobre los hombros de Hana para buscar su odachi, a la que señaló- Pero a Shiro-chan no le gusta nada ese color, por eso trato de no usar nada rojo cuando estoy con él. Es un jodido excéntrico.

Los ojos verdes de la shinigami chispeaban, divertidos.

-¿Y qué hay de ti? ¿Qué es lo que te gusta?- se daba perfecta cuenta de que su voz había sonado incitadora y juguetona, como solía serlo cuando hablaba con las camareras de los bares a los que tanto le gustaba ir. Hana parecía más inocente y niña que esas jóvenes, pero era igual de bonita que ellas, o incluso más. Seguro que su Teniente armaría un buen escándalo si la viera hablándole de aquel modo al nuevo miembro del Escuadrón.

"Hm... y no estaría de buen humor al ver que nos estamos bebiendo su sake. Desde luego el despacho de Lyra no es el mejor para conocer más a fondo a alguien".

-Eh, ¿te apetece ir a otro sitio? Hasta que anochezca tengo tiempo libre. Pensaba dormir toda la tarde, ¿pero qué clase de persona sería si no me comportara como es debido con la carne fresca de la División?- y aquella jovencita era, desde luego, un buen pedazo de carne al que hincarle el diente. Se puso en pie y recogió del suelo la chaqueta negra de su uniforme, lanzándosela a Hana para que se la pusiera- Te vendrá algo grande, porque soy más alta que tú, pero valdrá para que no cojas frío si no quieres llevar el kimono puesto. Luego te buscaremos un uniforme de tu talla.

Mientras pensaba a dónde podrían ir juntas, se colgaba la zanpakutoh de la espalda y se cercioraba de que la correa de cuero estuviese bien sujeta. Podrían dar un paseo por los jardines, o quizá ir a algun sitio del Rukongai donde las cosas estuvieran tranquilas.

-¿Hay algo que te apetezca conocer o prefieres que te sorprenda?



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Re: Mariposas y espadas [Flashback]

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