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Mil máscaras

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Mil máscaras

Mensaje por Scatha el Vie Oct 08, 2010 9:15 am

OFF: Bienvenido el osado...



El olor de la estancia estaba viciado. Pequeñas velas de cera dejaban impregnado el aire de un aroma espeso, lechoso con diferentes tiznes a cual menos inidentificable. Aquel extraño ambiente envolvía en un aura tétrica la habitación, llena de objetos similares a trofeos pendientes en las paredes: cráneos, trozos de piel, manos o huesos lumbares cuidadosamente preparados para evitar su deterioro. El resto de la estancia no guardaba nada, salvo el tatami que cubría el suelo y un rudimentario asiento bajo forrado de piel.
Junto a una mesita, deteriorada, estaban las velas esparciendo la cera derretida sobre la desgastada superficie; además de pequeños cuencos cuyo contenido podría escaparse de la imaginación más dulce y pequeños útiles de hierro, oxidados y sucios, aunque su filo estaba reluciente. Allí, sentado junto al asiento había una pequeña criatura, deforme de piel lívida, similar a un bebé. La grotesca criatura, de ojos incandescentes y tacto sanguinolento gorgojeaba mientras una mano delgada cubierta de intrincados tatuajes, acariciaba su viscosa cabeza pelona. Los pequeños filamentos que surgían de la boca de aquella abominación se agitaban, extasiados cual perro al recibir atención, al mismo tiempo que sus patas abdominales se acercaban a la mujer que ocupaba el asiento. La mano acarició los tentáculos sanguinolentos que brotaban de la espalda quebrada de aquel ser.

- Pobre criatura mía… –murmuró con voz grave y candente; una voz que bien podría haber quebrado la entereza del bien dispuesto; oscura como una caverna-. Pobrecito… Es una lástima que sólo estés tú aquí. Me habría gustado conservar a tus hermanos si ese bastardo no hubiera acabado con ellos. Pero no llores, mi amor… Tenemos su cabeza aquí .

Una máscara blanca con forma ovalada y tres pequeñas ranuras estaba en el suelo con restos de arena y fluidos rojizos. La criatura se subió al regazo de la mujer mientras ésta continuaba jugando con sus tentáculos, casi con amor. Su boca, pequeña y jugosa, se contrajo en una mueca de disgusto rememorando lo sucedido horas antes; el gesto casi cómico se tornó entonces macabro y siniestro, convirtiéndose un mueca de reluctancia y odio.

- Inútil... Pensó que erais simples criaturas del desierto, pero se equivocó -masculló con desprecio, dirigiéndose a su monstruoso bebé-. Lástima que no vaya a tener más oportunidades para demostrarme que sabía hacer algo… Y pensar que una criatura tan patética busca formar parte de nuestra familia… Tú y yo sabemos, cariño, que aunque no tengamos un Espada, yo llevo la voz dominante aquí… No estoy dispuesta a permitir que ineptos de semejante talla formen parte de mi sección… No mientras pueda…

La criatura gorgojeó. La mujer la hizo bajar de su regazo para asir la máscara, quebrada en más de un punto. Mojó la punta de sus dedos en uno de los cuencos de contenido marrón. Hilillos viscosos se desprendieron de sus dedos al alzarlos. Luego los depositó sobre la máscara y los deslizó en un trazo diagonal. Satisfecha con su nuevo trofeo, lo depositó en la pared junto a otros más antiguos.

Su pared tenía un cariz distinto con un sabor a venganza volátil. Y no había mejor gusto en el paladar que Scatha saborease tanto, como una venganza.
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Re: Mil máscaras

Mensaje por Mikami Horuto el Vie Dic 31, 2010 11:51 am

Aburrimiento. Aquella sensación era la que embargaba todo el ser de Mikami. Le resultaba francamente insoportable la relativa quietud que se respiraba en todo Hueco Mundo. Esta bien que si se aburría podía dirigirse al desierto de caza, pero aquello que clase de experiencia trepidante era? No entendía como otros Arrancars podían disfrutar con el mero echo de perseguir a una presa durante horas... el quería contacto directo, rápido y frontal, disfrutar de un buen shock de adrenalina y sentir como la sangre inundaba el aire que le rodeaba.

"Maldito Marcus... No se a que cojones estamos esperando.... tendríamos que ir ya a la maldita sociedad de almas y presentar-les a nuestras jodidas botas de una vez por todas" Pensó, mientras acto seguido le dio un puñetazo a la pared que se situaba a su derecha. "Me voy a volver loco con toda esta mierda"

Caminaba por un pasillo lúgubre y bastante oscuro perteneciente a su sección. La sección que en teoría se encargaba del combate y el asalto, cosa que de momento no habían ejercido demasiado y que solo hacia que creciera el ansia animal que corría por sus venas. Su particular buen humor estaba siendo nublado por sus ganas de hacer algo... algo excitante.

Se dirigía sin demasiadas ganas a la cámara de su "superiora", Scatha. Sin miedo avanzaba paso a paso, aunque sabia que acabaría magullado seguramente, era una Arracar severa, y para ella muchas cosas debía ser castigadas.... bueno severa no..... quizás mal humorada. Hasta que finalmente llegó a la puerta que abrió sin ningún tipo de temor, mientras una especie de aroma espeso y viciado fluía hacia el exterior da la habitación.

Penetró en la estancia mientras hablaba con su voz, una voz bastante alta y que denotaba impaciencia.

- Scatha, tengo entendido que me quieras ver. Espero que sea para hacer algo minimamente divertido, porque ya estoy jodidamente harto de no hacer nada y solo ver como los altos cargos habláis de como os ha aparecido un grano en el culo.
Dijo haciendo gala de sus excelentes modales y de su particular manía por ser bastante bocazas y no saber guardarse las palabras.

[Me he tomado la libertad de hacer ver que no soy una nueva incorporación, estoy harto de ver bienvenidas etc -.-" Si te molesta lo cambio u.u]
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Re: Mil máscaras

Mensaje por Scatha el Sáb Ene 01, 2011 5:07 am

El frágil gorgoteo procedente de la garganta de aquel grotesco bebé se quebró por un bufido agudo, estirando sus tres apéndices alarmado ante aquella intrusión. En un pequeño salto bajó del regazo de la mujer hacia delante en una actitud irónicamente protectora, enarbolando sus aguijones de forma amenazadora ante aquel desconocido. Scatha todavía sentada mostraba una fría impasividad ante aquella intrusión en su santuario; su mano se movió con lentitud hacia el suelo con la intención de ponerse en pie. Si había algo que detestaba era que algún inferior estuviera a mayor altura que ella. Sus estilizadas piernas se estiraron tras largo tiempo sentada, alzándose en su más que considerable tamaño. Frente a otras mujeres del Amanecer, era considerablemente más altas que todas ellas y más que algunos hombres.

La imponente figura, candente y llena de curvas, se acercó peligrosamente a aquel insecto al que consideraba su subordinado. Alargando una mano, lo sujetó por el mentón.

-Mikami... Mikami, ¿cuándo aprenderás a llamar a la puerta? ¿Acaso tengo que arrancarte una mano para que aprendas? -masculló en tono frío, presionó sobre el hueso, notándolo bajo las yemas de los dedos; hubiera sido tan fácil apretar un poco más y destrozar aquella molesta mandíbula... -.No me obligues a enseñarte algo de educación, sería una grave pérdida de mi tiempo y diría muchas cosas en tu contra... Mikami.

Scatha se giró soltando con brusquedad al arrancar. El bebé siguió tras sus pasos como un fiel perro tras su ama, pese a ello, mantenía los apéndices erizados. La mujer volvió a su asiento al tiempo que le indicaba a Mikami que se sentase frente a ella. No había más asientos salvo cojines de cuero marrón oscuro esparcidos por la estancia. La estancia de Scatha no era como el resto de los demás arrancar, ella prefería la más lóbrega oscuridad a la resplandeciente claridad del resto del Amanecer. Los pasillos de la 3ª Sección eran oscuros y tétricos pues ella misma había deseado que sus dominios fuerna como una extensión de sí misma. Las paredes de su habitación estaban llenas de máscaras blanquecinas pertenecientes a otros hollows y demás monstruos del Hueco Mundo a los que había dado caza, junto a un sinfín de telares que pendían del techo en diferentes puntos, algunos harapientos otros más cuidados. Había velas diseminadas por la sala además de pequeñas piezas de mobiliario. Era un lugar extraño para todos los sentidos e intimidante.

-Hay algo que me resulta de lo más interesante, Mikami... ¿Sabes lo que es? -inquirió sin denotar emoción alguna-. Que no tengo que darte justificación alguna... Tú eres un arrancar y yo, la fracción que se encarga de esta Sección hasta que haya un Espada. ¿Crees que por tu lenguaje y tus modales he de darte respuesta alguna? ¿Crees que increpándome conseguirás algo? Siéntate, Mikami y te contaré porque esta Sección funciona así... -insitió señalando un cojín con languidez-. Yo. Soy la mayor de las pesadillas de esta sección, la misma que ante tu extrema estupidez te arrancará los ojos y se los dará de comer a mis pequeñas criaturas. Esta sección se moverá cuando yo lo diga, cuando yo lo desee mientras que tú, obedecerás si quieres seguir vivo. Seguirás mis instrucciones y harás algo, cuando yo quiera que tu patético culo de niño chillón salga a ese desierto...-hizo una breve pausa para dejar que su engendro se subiera a su regazo de nuevo-. Tienes que demostrarme tantas cosas... Tanto que decir a tu favor... Somos el ariete de Hueco Mundo, Mikami... Todos los que estamos aquí, destacamos en una cosa: matamos mejor que nadie y morimos a un alto precio. Tú, todavía tienes que decirme cuanto vales... Mientras, eres tan insignificante que sólo de pensar en el tiempo que estoy malgastando, me dan ganas de desollarte...

Scatha se recostó plácidamente sobre el respaldo de su silla con una mueca de desagrado en sus jugosos labios, llevándose una mano a la sien.
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Re: Mil máscaras

Mensaje por Mikami Horuto el Mar Ene 04, 2011 10:09 pm

Mikami había estado sentado en el maldito cojín mientras hablaba Scatha, no sin dejar de mover la pierna constantemente para liberar parte de la energía desbordada que corría por su cuerpo. Tenia ganas de levantarse y destruir toda aquella sala, incluida la propia Scatha... pero que le gustara la acción no quería decir que fuera un maldito suicida. Sabia quien estaba al mando de la sección, y sabia bien porque estaba por encima de el, solo hacia falta mirar a su alrededor, el gran numero de trofeos que adornaban la sala... además no quería morir antes de que hubiera el asalto a la SS, si es que alguna vez lo habría....

Una vez acabó de hablar y le dirigió una mueca de desagrado, en contraste con la sonrisa que mostraba Mikami, casi inherente a su fisionomía. Excepto hace unos momentos cuando deseaba destruir algo o hacer algo minimamente emocionante, pero ahora delante de Scatha no podía mostrarse así... había de ser servicial... hasta que el tuviera más poder o conociera a la persona que la matara...

Entonces habló con su particular tono de voz más elevado de lo normal

- Pero si los que estamos malgastando tiempo somos todos! ¿Dime porque demonios estamos aquí entonces? Si somos el maldito ariete del jodido Hueco Mundo dime porque nos pasamos el día jugando a tomar el té y no subimos ya allí arriba a presentarnos "amistosamente"... Ni que fuera para divertirnos un poco! Porque sinceramente la calma de Hueco Mundo apesta... no hay nada divertido! ¿Que quieres que haga?¿ Que vaya a patearme un puto desierto para después eliminar un jodido Hollow menor? Guau sí, emocionante, además...- Mikami se tapó la boca con la mano, ya estaba volviendo a hablar demasiado, maldito el y su maldita lengua floja.

Así pues recordando las palabras de Scatha a la par que no dejaba de moverse en el cojín, notando como no podía parar quieto mientras repasaba mentalmente cual seria la mejor manera de escapar de aquel calabozo si su ama decidía ejecutarlo, cosa no demasiado difícil (había recibido distintos castigos y todos habían echo peligrar su vida al extremo). Así pues añadió a sus palabras con una sonrisa entre buen humor y intento de que mostrara clemencia:

-Por favor mi señora...
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Re: Mil máscaras

Mensaje por Scatha el Miér Ene 05, 2011 12:46 am

Bajo las vendas la expresión de Scatha se torció, indignada, casi al borde de un ataque de ira. Era tan frustrante, tan desalentador... El no tener Espada era un grave problema: el escuadrón llevaba demasiado tiempo parado, olvidando cosas que jamás debieron salir de esas cabezas vacías. Ahora se veía en el problema de volver a instruir a toda la madlita sección, pues comentarios como los de Horuto le decían a gritos que no estaban preparados ni para ir de cacería.

Se recostó sobre el sillón durante unos segundos. Oliendo el miedo que desprendía su subordinado, a sabiendas que sus palabras bien podían más que tentar su suerte.

-¿No tienes una maldita cabeza con la que pensar, miserable? ¿O es que deja de funcionar en cuanto abres esa condenada boca? -espetó con desprecio incorporándose sobre el sillón para ponerse de pie-.¡No lo ves! ¡No ves nada!

Scatha se puso en pie con brusquedad. La frustración se iba a poderando de ella conforme el pensamiento se iba clarificando en su cabeza, más nítido. Creían que un combate era golpear, sangrar y matar; una simple rutina que seguir como un patrón mil veces repetido. Pero no era así, el combate era un arte, la muerte su más fiel filosofía pero para ello, había que comprender, que diferenciar. Scatha veía en el combate algo más que sangre y rostros asustados ante el toque de la muerte; era medrar al contrario, quebrar su voluntad bajo el somentimiento y la imposición de una fuerza desmesurada, inquebrantable e inexorable. El combate más pleno era cuando antes de empezar, el miedo se esbozaba en las caras de los oponentes; la presión psicológica, el sabor de la agonía... Sumida en sus cabilaciones, la esbelta fracción se vió arrastrada a la ira, tan familiar y frecuente... Golpeó la mesa haciéndola chocar contra la pared, esparciéndo contra el suelo el líquido del cuenco y apagando la tililante vela.

La oscuridad se hizo en aquella extraña estancia, densa y opresiva. La respiración de Scatha quedó sofocada por un escalofriante grito seguido de un estruendo. Los gorgojeos del engendro se vieron sofocados por el miedo, como la presa que se siente rodeada por un depredador del que no se podía escapar. Era como palpar la certeza de la muerte en mitad de la más terrorífica oscuridad.

El líquido prendió al cabo de unos segundos, brotando una minúscula llama anaranjada. La figura de Scatha se acercó a Mikami hasta quedarse a escasa distancia de su cara.

-No lo comprendes... Jamás lo verás... Estás tan ciego, tan ciego... -murmuró con voz tensa, casi ahogada como quien se siente abrumado y no es capaz de hablar con claridad-. No lo sientes, no ves más allá de la estela de la sangre, de las bajas... Hay mucho más que eso, cuando el aire se tiñe del olor del miedo, del pavor... Las miserias salen de los rincones más oscuros y las súplicas invaden el aire... Cuando eso sucede, el combate es distinto, más sublime, más devastador. Hay que sentir la muerte del que es atravesado por tus garras, notar como su corazón se agita y luego se apaga.

Su mano atrajo a su pequeño engendro al pequeño hueco que había entre los dos; luego tomó la mano de Mikami casi con dulzura hasta posarla sobre la pequeña cabecita de aquel deforme bebé, frío al tacto. De haber podido, el arrancar habría visto la expresión más terrorífica en el rostro de aquella fracción. Tan rápido que ni siquiera la pequeña abominación se percató, la zampakutou de Scatha se hundió sobre el cráneo de aquel monstruoso engendro, atravesando la mano de Horuto. Sangre viscosa comenzó a manar de aquella grotesca criatura que gorgeaba agonizante; densa y llena de coágulos.

-La muerte no es tu trofeo, miserable... Es el presente que le haces a tu rival -masculló Scatha con seriedad, apretándo la mano del arrancar con la zampakutou-. Cuando el momento llegue y te plantes delante de tu enemigo, debes ser la única certeza que tenga en su existencia, la única verdad posible: que tú eres su muerte. Entonces, estarás preparado...

La fracción se puso en pie dejando el cadáver en el suelo como si nada hubiera pasado.
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