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El Valhalla [Flashback]

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El Valhalla [Flashback]

Mensaje por Amako Noriko el Miér Mayo 12, 2010 9:52 am

Noriko estaba en las arenas de entrenamiento, acababa de salir de la academia, hace tan solo pocos días, pero para ella parecía una eternidad. Se pasaba los días enteros practicando con su Zampakutoh, apenas había pasado por la sección, apenas conocía a sus compañeros, y mucho menos a su capitana y su teniente. Tenía muy claro su objetivo, y en este caso no era llegar a lo más alto, para ella el poder no era nada, de nada sirve el poder si eres débil y tus compañeros no te respetan.

No hacia todo aquello por poder, ni mucho menos, lo hacía por ella misma, por que quería servir de ayuda, por que sentía un gran afán de superación, por que quería destacar por su fuerza.

A cada estocada intentaba liberar reiatsu, lo dominaba bastante bien, pero no era lo suficiente, con aquel reiatsu no podría tumbar a sus compañeros. Intentaba sacarlo con más fuerza cada vez, que pudiese tumbar a cualquiera solo liberándolo, que costase respirar por la presión en el pecho.

Era temprano, más de lo habitual, no había nadie en el campo de entrenamiento, estaba ella sola. Poco a poco las horas avanzaban, shinigamis de distintos escuadrones acudían a los entrenamientos, mientras ella seguía con la misma táctica. Caía la noche y de nuevo se quedó sola.

- De nuevo…sola… igual de débil que esta mañana
– se tumbó en el suelo – Y por más que lo intente no cambiará nada – hizo una mueca – Afróntalo, nunca fuiste buena, eres un caso perdido con el kidoh y solo sirves para blandir una espada – miro a su espada desenfundada y sostenida con la mano derecha – Dicen que puedes hablar con tu Zampakutoh y ella te escuchará, pero nunca obtengo respuesta. Me parece absurdo hablarle a algo tan…inanimado.

Se incorporó de nuevo y enfundo su espada colocándosela en el Obi dirigiéndose hacia su habitación. Se quitó sus ropajes, llenos de suciedad y polvo, demostrando su día de entrenamiento, lo lavó varias veces y lo colocó en un tendedero hecho a mano en mitad de su habitación. Entro en su ducha, abrió ambos grifos, dándole más potencia al agua caliente. El agua estaba ardiendo, caía por todo el cuerpo de Noriko, abrasando su piel, hasta caer al suelo donde casi se podría decir que se evaporaba. Del propio suelo salía un vapor empañando los cristales y los azulejos del cuarto.

Miraba su mano, estaba totalmente roja, y no precisamente de la ducha, en la palma de su mano se podía ver cayos.

- Que impropio de una mujer, tener esta mano


La cerro en un puño y golpeó un azulejo que tenia frente suya, rompiéndolo, atravesándolo con su mano. Cerró los grifos y sacó la mano de la pared

- Mañana lo arreglaré


Se seco con una pequeña toalla que tenía a mano y se metió directamente en el Futón de su habitación.

***


A la mañana siguiente de nuevo se despertó temprano para volver al lugar de entrenamiento.

- No desayunaré hasta que lo consiga
– se dijo a sí misma

De nuevo intentaba el mismo ejercicio que el último día, liberación de reiatsu y blandir su espada, al menos intentaría ese ejercicio y cuando lo consiguiera se pondría a practicar el Kidoh, que no era muy buena en ese campo.

Volvían sus compañeros, algunos se quedaban, otros se marchaban. Un joven shinigami, con un aire de superioridad paseaba alrededor de Noriko, mirándola de arriba a bajo mientras sonreía. La joven shinigami intentaba ignorarle, pero cada vez le estaba poniendo más nerviosa.

Se paro detrás de ella, mientras movía su Zampakutoh a lo largo de su hombro, como si quisiera jugar con ella.

Noriko se volvió gritando, como si concentrara su fuerza en el brazo de su espada, dando un corte al enemigo, o más bien al aire por que éste se apartó. Justamente en el sitio donde había dado la espada sonó una explosión. Noriko estaba más cercana a encontrar lo que estaba buscando, había liberado su Reiatsu bastante más fuerte que las otras veces. Los más cercanos a la posición de Noriko se habían tambaleado, algunos incluso perdieron el equilibrio y se arrodillaron.

- Bakudou 9 - Geki


Una luz roja paralizó a Noriko mientras hacia el intento por no gritar de dolor.

- Vuelve a atacarme cuando te hagas más fuerte
– dijo cancelando el Bakudou

Noriko cayó al suelo desplomada, estaba cansada de todos los días de entrenamiento, sin descansar completamente, sin haber desayunado, con múltiples heridas en su cuerpo.

***


Abrió sus ojos, aquello no era el lugar de entrenamiento, estaba en la mitad de una plaza antigua, algunas piedras del suelo estaban hundidas, otras estaban mal colocadas, el suelo en sí estaba mal. Tras ella una fuente de piedra, de la misma piedra que estaba hecha el suelo de la plaza. De esta brotaba agua, cayendo por todos los pisos.


Frente a ella una catedral, con sus ventanales en mosaico de distintos colores, bastante antigua, con su portón de madera, a sus alrededores casas. Toda la ciudad estaba construida de la misma piedra. Y al fondo un castillo bastante largo, elevado entre las colinas.


- Tengo la sensación de haber estado aquí antes
– dijo en voz baja.

Unos pasos desde atrás se acercaban a ella, ¿sería de nuevo aquel joven shinigami? Noriko fue a desenfundar su Zampakutoh, pero no estaba, había desaparecido de su Obi.

- ¿Dónde?

- No temas Noriko
– dijo la voz tras ella


Una mujer hermosa, de cabellos rubios como el oro, con unos labios carnosos rosados, sus ojos estaban cubiertos por una tiara de color morado, no, era más bien un casco, con adornos de plumas de colores lila, negro y dorados. Su armadura era del mismo color, era una armadura de placas morada con adornos dorados, parecía ligera ya que no era completa. Desde sus caderas caía una falda de tela con una rosa enorme en un lateral. Blandía una guja más alta que ella. Su expresión… no estaba sonriendo, tampoco estaba triste, era la misma expresión que siempre ponía Noriko.

- Creo que ya sabrás quién soy
– dijo la mujer

Noriko miró sus manos, las que no llevaban su arma, las manos desnudas.
Asintió con un gesto de cabeza.
La veía tan esplendida, estaba radiante, no había sol, pero si lo hubiese seguro que no iluminaría tanto como ella. Noriko estaba embobada, no por su presencia tan solo, si no por su físico, si existiesen las Ninfas ella sería una. Aunque si tuviese algún parecido a un ser de la mitología sin duda era a las valquirias.

- Acompáñame
– dijo andando hacia la catedral

Noriko se levantó y la siguió. Abrió el portón de la iglesia, entrando en ella.
Todo estaba en perfecto orden, un altar, los bancos, las vidrieras, escalones…

- Desde ahora este será tu lugar de entrenamiento


- ¿En una iglesia?


La mujer de cabellos dorados volvió su cabeza para mirar a Noriko, como si hubiese cometido alguna falta grave.

- ¿Me vas a reprochar algo?


- En absoluto

- No es así como deberías hablarme, de mí dependerá que te vuelvas más fuerte, de tu vida y de tu muerte, tu constitución y tu sabiduría, tu ayer y tu mañana, de mi depende el ahora, tu dependes de mi y yo decido tu destino
– dijo alzando la voz.

- Si señora
–dijo Noriko
- Cuando te refieras a mí hazlo como si fuese tu capitán


- Si mi señora
– dijo colocándose su puño en el pecho.
- Eso está mejor. También recibirás una disciplina.


La mujer miró a su alrededor, miró hacia el techo y señalándolo dijo

- Te doy tres día para que seas capaz de destruir la catedral con solo liberar tu reiatsu

- ¿¡Tres días!?

- Que sean dos por rechistar

- Si, mi señora
– dijo inclinando su cuerpo como si fuese una reverencia.
- Si en dos días no la has destruido… morirás, yo misma te mataré. No quiero ser dominada por una joven inexperta en el campo de batalla.


La joven se marchó de aquel lugar, dejando a Noriko sola en mitad de la habitación tan amplia, de la única habitación que tenía el edificio.

¿Cómo esperaba que lo consiguiera? Y más en dos días. La esperanza era lo último que se pierde y desde luego ella iba a luchar hasta el final. Si hubiese puesto más empeño a su entrenamiento esto no hubiese pasado.

Tal y como le ordenaron se pasó todo el día intentando liberar reiatsu, pero lo más que pudo conseguir fue simplemente mover los bancos y sillas. Estaba oscureciendo, y Noriko estaba postrada en el suelo, el sudor le recorría la frente, el frío inundaba sus huesos, las velas se encendía más al caer más la noche. Hasta que finalmente cayó rendida en el suelo, sin cerrar los ojos permaneció consciente el resto de la noche.

Amanecía un nuevo día, se incorporó con dificultad, jadeando, con un dolor en el pecho.
La mujer de cabellos dorados asomó su cabeza por uno de los ventanales, esperando no ser vista, ya que Noriko estaba concentrada en su entrenamiento.

- Entiendeme Noriko, ésta es la única manera de que lo consigas, solo sabes aprender explotándote a ti misma. Se que puedes aguantar esto y seguramente de mucho más.


Paso el día y paso la noche. Noriko estaba tumbada en el suelo, luchando por respirar, mientras los pasos se le acercaban

- No lo has conseguido, pensé que serías capaz si estaba en juego tu vida… lamentablemente no quiero ser el caballo de un jinete que no sabe montarse a lomos de él.


Desde aquel lugar, desde aquellos metros que separaban la una de la otra, cogió su guja, la empuñó con fuerza impulsando la mano. La hoja comenzó a brillar como si se tratase de un rayo y la lanzó al cuerpo de Noriko.

Un grito salió de lo más hondo de su ser, el reiatsu salía de su cuerpo, casi era denso, casi se podía respirar. Los bancos salieron volando, las vidrieras se rompieron, la madera del portón se estaba resquebrajando. La guja se paró justo en la superficie del cuerpo de Noriko, a la altura de su corazón. La empuñó y la lanzó contra el techo de aquella catedral, que al instante comenzó a venirse abajo.

Un escudo, un campo de fuerza repelía los cuerpos que caían en aquel lugar. La mujer se acercó a Noriko con una espada en la mano, una espada bastarda con detalles sagrados en la hoja.

- A partir de ahora esta será tu arma
– dijo entregándole la espada a Noriko que estaba arrodillada ante ella – Veo que aprendes rápido tus modales jovencita.

Noriko empuñó la espada, brotando rayos que golpeaban las piedras que seguían cayendo, un haz de luz salio de la hoja dejando aquel lugar cegado a sus ojos.

***


Se despertó en la camilla de la enfermería, ¿había sido todo un sueño? Miraba su Zampakutoh, allí estaba, colocada en una esquina de la habitación. Miro a su alrededor, estaba sola en aquella sala. Se levantó con un fuerte dolor de cabeza. Cabeza… tenia unas vendas rodeándole toda ella, pasándole por la frente. Quizás fue del golpe al caer al suelo.

Retiraba poco a poco las gasas, ni una cicatriz, sin duda el medico que hizo aquello era bastante bueno, le daría luego las gracias y algún obsequio como agradecimiento.

Se inclinó y toda la cabeza le daba vueltas, estaba mareada y tenia nauseas, se coloco la mano a la altura de la boca, como si fuese a devolver. Con esfuerzo se movió hacia una mesilla con una jarra de agua, la cual se echó encima. Cogió su Zampakutoh y volvió a la arena de entrenamiento.

Era algo estúpido por su parte, ir sin estar recuperada, pero quería saber si aquello fue real, o un sueño. Además tenía que enfrentarse a aquel hombre para hacerse más fuerte.

Allí estaba, aquel hombre con aires de superioridad de nuevo rondando por los alrededores. Noriko desenfundó su Zampakutoh y le señaló con ella.


- Vengo a pedirte la revancha. Dime tu nombre, nunca derroto a mis rivales sin saber su nombre.

- No necesitaras saber mi nombre cuando te mande de nuevo a la enfermería
– sostuvo su Zampa con una mano y con la otra señalándola – Bakudo
- ¡Muy lento!


Noriko se desplazaba en modo zigzag hacia el enemigo, casi sin darle tiempo a lanzar el Bakudoh que estaba preparando.
Se detuvo frente a su rival, con las piernas flexionadas llegándole a la altura de la cintura, blandió su espada dándole un corte bastante profundo de abajo arriba.

- ¿Y ahora me lo dirás?

- Daīchi Hikaru. ¿Y el suyo?

- ¿Ahora te interesas por mi nombre?
– hizo una pausa - Noriko Amako
- Un nombre propio de una joven del sexto escuadrón.


El joven arremetió contra ella, hiriéndola en el brazo

- Vamos solo estoy calentando aun
– dijo dando pequeños saltos

Noriko se levantó, aun tenía pocas fuerzas, pero quería ver hasta donde podría llegar ella sola. Hikaru de nuevo arremetió contra ella rajándole parte de su Keikoji, dejándola con un cuello de barco, dejando casi al descubierto sus pechos.

- No me importa que me rompas mi ropa, tampoco me molestaría enseñar mis vergüenzas en un combate, pero esa conducta no es digna de un caballero
– puso su espada en horizontal, con su mano derecha empuñándola y su palma izquierda en la hoja - Ruge kōsen

La katana cambio su forma, al fin libero su shikai. La empuñadura era demasiado pequeña como para blandirla con ambas manos, la hoja era bastante gruesa y pesada, toda ella era de un mismo color, sin percibir lo que era filo de lo que no. A mitad de la espada unos dibujos negros en forma de cruz grabados en la espada hasta la altura de la empuñadura.

Spoiler:

Hubiese deseado no enseñarla en aquel lugar, hubiese deseado mostrar su poder en otro momento, quizás en una misión frente a su capitana o frente a su teniente. Pero probablemente la psicosis de haber perdido una batalla no la dejasen continuar. Además quería ver con sus ojos si era capaz de dominar aquello y aun estaba débil por el entrenamiento de aquellos días atrás, debía acabar el combate rápidamente.

- ¿Cuándo…?
– preguntó Daichi sin saber como continuar aquella frase

- No quiero mostrar aun los poderes de mi Shikai, así que te daré ya el golpe de gracia
– dijo corriendo hacia su rival.

De nuevo corrió en zigzag hasta ponerse a la altura de Hikaru, de nuevo con las rodillas flexionadas asestó un golpe horizontal a la altura de la cadera liberando un potente rayo. Pequeños rayos de descarga eléctrica brotaron golpeando lo que estuviese a su paso, paredes, columnas y hasta algunos compañeros shinigamis que entrenaban y estaban observando el combate, tan solo les produjo un pequeño calambre.

Hikaru cayó desmayado al suelo, un grupo de compañeros se lo llevaron a rastras a la enfermería, mientras tanto a lo lejos se veía un par de shinigamis apagando las ropas de otro compañero suyo que al parecer también le había alcanzado el rayo.

- Aun no lo llego a controlar del todo mi señora. Debo hacerme más fuerte – dijo mientras caía de rodillas en mitad de aquel lugar de entrenamiento – Por hoy creo que ya ha sido suficiente entrenamiento. Mañana empezare a manejar el Kidoh.
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