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Sydney, 1875 [Flashback]

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Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Kobayashi Hayato el Vie Abr 30, 2010 11:00 am

Era ya noche bien entrada. En aquella pequeña posada del Seireitei, que por no tener no tenía ni nombre, ya sólo quedaban los más borrachos y los clientes habituales. En una esquina, dos shinigamis hablaban en voz baja, llenándose de vez en cuando sus respectivos vasos con una botella que ya había sido rellenada más de una vez.

-¡Capitán! -decía él, señalando su haori blanco y poniendo un poco más de énfasis en sus palabras de lo que lo habría hecho si su vaso se hubiera vaciado menos veces. Golpeó con él en la superficie de la mesa y sacudió la cabeza negativamente, en señal de incredulidad-. ¿Puedes creerlo? Parece que fuera ayer cuando nos conocimos en la academia. ¿Te acuerdas de Sydney?

Ella asintió. Por supuesto que se acordaba. Era un tema del que no hablaban a menudo, sólo en noches como aquella, en que los problemas de uno o de otra los tenían hablando hasta tarde y tal vez se excedían un poco con el sake.



Corrían mediados de 1875. Sydney era una ciudad portuaria en pleno desarrollo, enmarcada entre la fiebre del oro y la revolución industrial. Eran tiempos de prosperidad y de riqueza, pero también de miseria y marginalidad. Allí, como en el resto del mundo, una parte importante de la gente vivía el día a día, trabajando por un sustento más que necesario. Las revueltas, los accidentes y las enfermedades, como la tuberculosis, estaban al orden del día. No es de extrañar que en aquel ambiente proliferaran las almas que ligaban cadenas con el mundo en el que habían vivido: padres que dejaban una familia sin recursos, niños que morían en las fábricas, estudiantes dispuestos a hacerse disparar por sus ideales románticos, jugadores profesionales, cowboys y rateros que habían caído con las botas puestas...

En un marco como ese nos situamos, una clara noche de septiembre, en que tres figuras se materializaron bajo la luna llena. Una de ellas, claramente más alta y fornida que las otras dos, iba completamente vestida de negro, con el uniforme que la distinguía inconfundiblemente como shinigami. Las otras dos llevaban el gi blanco y la hakama, azul para chicos y roja para chicas, de la academia. Era curioso notar como la hakama de la joven hacía juego con el tono de su cabello.

-No os separéis de mí -dijo el hombre alto, el instuctor shinigami-. Esto no es un simulacro: nos enfrenaremos a enemigos reales. No intentéis haceros los héroes.

Los jóvenes asintieron en silencio y, obedeciendo a alguna orden imperceptible, se adentraron en la noche a velocidad de shunpo detrás del shinigami que les conducía.
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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Shiroi Suna el Mar Mayo 04, 2010 10:44 am

El viento llevaba un fuerte olor a desperdicios y podredumbre mientras los tres shinigamis se movían veloces por las calles sin asfaltar de los barrios periféricos de Sydney. En el mundo mortal eran ya las tres de la madrugada y ni un alma osaba vagar por aquellas calles pestilentes y desoladoras.

Llevaban un rato caminando por las interminables y estrechas calles de aquella ciudad, siguiendo a ciegas al shinigami encargado de la misión: Boshi, un corpulento hombre de cabellos rubios y mentón prominente, apenas les había dirigido la palabra desde que llegaron a aquel lugar.

-Esperad- dijo el rubio parando en seco en una pequeña plaza sobresaltando a los demás-. Noto una presencia maligna… Y no es el Hollow que lleva días rondando por aquí… Es otra cosa, y está cerca.

Un alarido de dolor resonó por toda plaza, rompiendo los cristales de las ventanas y obligando a Suna a taparse los oídos con fuerza sintiendo que los tímpanos iban a reventarle. Angustiada y sin poder moverse, notó que una fuerte mano se posaba sobre su hombro y le agarraba con fuerza.

-Suna, no es momento para bloquearse como una chiquilla- dijo Boshi-, un Hollow anda suelto cerca, y por lo que veo, uno nuevo acaba de nacer. No es la primera vez que te enfrentas a uno, así que más vale que te yergas o te aseguro que…

El corpulento shinigami no pudo acabar la frase, porque repentinamente una fuerte explosión resonó detrás de ellos, cubriéndolo todo con una espesa humareda gris y dejando algo desorientada a la joven.

-Suna- le llamó Boshi-, no encuentro a Hayato, y esto cada vez pinta peor. Espera aquí y no hagas nada, anda un Hollow cerca y otro desorientado y hambriento está a unas poscas casas de aquí. Si tienes algún problema quiero que huyas y lances algún ataque para que pueda localizarte- apoyó su mano sobre su cabeza y cerró los ojos algo apesadumbrado -[color=orange]. No te enfrentes a ningún Hollow, eres una shinigami de último curso y me estás decepcionando en esta misión. No sé qué te pasa, pero no quiero que hagas nada que te ponga en peligro.[/color
]
Sin añadir nada más, se fue corriendo dejándose envolver por el espeso velo gris hasta desaparecer por completo.

La pelirroja sabía perfectamente que desde que habían llegado no había hablado y había estado despistada ante las instrucciones de Boshi, pero la cercanía de su graduación y la responsabilidad que pronto caería sobre ella, la empequeñecía y la convertía en un ser inútil.

-Shinigami… Rico… rico shinigami…

Escuchó la joven a sus espaldas, helándole la sangre y dejándola paralizada otra vez. Su corazón andaba desbocado mientras sentía que perdía el control. Había estado ya en numerosas ocasiones ante peligros como ese, no comprendía como podía perder el control tan estúpidamente y menos en una ocasión como esa. Tenía que hacer algo, moverse, darse la vuelta, pero por alguna razón su cuerpo no quería responder, mientras oía como la oscura presencia del Hollow se acercaba a ella.

Le temblaban las manos y sólo podía pensar en el fracaso y en lo que conllevaría éste si no intentaba desbloquearse. Los recuerdos recientes de la última misión le venían a la cabeza. Su afán de protagonismo y de demostrar que era más que una mundana con poderes prestado, le había pasado factura en su última misión. Ella sola, había conseguido que un Hollow escapase y que su anterior instructor acabase con un brazo seccionado. Después de todo aquello, le habían amenazado con mantenerla un años más como aprendiz, sabiendo que aquello sería un enorme golpe para su orgullo, y la presión por todo aquello no hacía más que ahogarla y bloquearla.

-Suna… ¡ Reacciona! Si no lo haces vas a morir.

Suna no escuchaba, no entendía nada, sólo era capaz de oír su propia respiración fuerte y entrecortada mientras una sombra enorme se habría paso en su dirección.
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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Kobayashi Hayato el Miér Mayo 05, 2010 3:27 am

Era la primera vez que Hayato descendía al mundo real. Para alguien como él, nacido y criado en la Sociedad de Almas, cuyo destino era ser un sirviente hasta el fin de sus días, todo aquello era nuevo e impresionante: la primera vez que veía el dangai, la primera vez que cruzaba las puertas entre mundos y la primera vez que sentía el aire tal vez un poco más pesado y más frío del mundo de los humanos.

Sólo era un alumno de segundo curso, y los estudiantes de cursos inferiores no solían participar de misiones como aquella, pero la perspectiva de volver a la servidumbre si fracasaba hacía de Kobayashi un alumno aplicado y eficiente, sorprendentemente avanzado a sus compañeros de clase. Superaba con creces a la mayoría de ellos en zanjutsu, era capaz de lanzar hadous y bakudous hasta más allá del 70 y sus profesores anticipaban que no tardaría mucho en desarrollar su propio shikai. Éste progreso difícil de imitar y la inestimable ayuda que suponía el patronazgo de una casa noble, incluso en su condición de ex-sirviente, habían hecho que la Academia accediera a proporcionarle aquel primer contacto con un mundo que para él era del todo desconocido.

Se trataba de una misión sencilla. Acompañaría un experto shinigami, oficial de no-sabía-qué escuadrón, y a una alumna de quinto en la búsqueda y eliminación de uno o más hollows de nivel medio. Había sido desarrollada en origen para que los dos shinigamis de mayor nivel pudieran ocuparse sin problemas y sin contar con él, por lo que sus instrucciones eran, literalmente, mantenerse apartado y aprender todo lo que pudiera.

Esforzándose por cumplir en todo momento aquellas órdenes tan sencillas, se había mantenido siempre unos metros por detrás del instructor y la alumna de quinto (bueno, tal vez también podía haber influído el hecho de que su shunpo todavía no fuera tan rápido como el de ellos), observándoles con admiración y también, por qué no reconocerlo, con un poco de envidia. Les había seguido hasta una pequeña plaza, donde Boshi-san se había detenido en seco. Inquieto, cerró la mano izquierda sobre la saya de su zanpakutou, dejando la derecha a escasos milímetros de su empuñadura, lista para desenvainar en cualquier momento. Podía sentir su corazón latiéndole violentamente en el pecho, sus músculos en tensión y su garganta seca como debía de serlo el gran desierto de Hueco Mundo. Era la primera vez que bajaba a la Tierra, y también la primera que se enfrentaba a un hollow de verdad.

El alarido que siguió le puso los pelos de punta. Intentando mantener el miedo bajo control, recorrió el perímetro entero de la plaza con la mirada, siendo apenas vagamente consciente de la conversación que se desarrollaba entre Boshi y Suna. ¿De dónde había venido aquel grito aturdidor? Hubiera jurado que precisamente de dónde venían, de la zona más cercana a él...

La explosión le tomó por sorpresa. Una nube cálida de polvo y partículas le envolvió antes de que tuviera tiempo de darse cuenta de lo que ocurría, golpeándole desde todas partes y colándose en sus ojos, nariz y boca. Durante unos segundos que parecieron horas, no pudo hacer otra cosa que luchar por dejar de toser y abrir los ojos. Cuando finalmente pudo hacerlo, se encontraba perdido en una asfixiante niebla gris. No veía nada. No oía nada. Trató de detectar algún reiatsu, pero no obtuvo mejores resultados. Aquello nunca se le había dado bien.

Echó a andar en la dirección en que creía que debía de estar el centro de la plaza, cubriéndose los ojos con la mano para protegerse del polvo que no dejaba de colarse en ellos, haciendo que le ardieran y lagrimaran sin parar, añadiendo un velo borroso y blanco a la ya de por sí espesa niebla gris. Debía salir de allí y encontrar a Boshi y Suna, fuera como fuera.

Una ráfaga de viento fresco sobre su piel, más que cualquier otra cosa, le informó de que estaba saliendo de la nube de escombros. Se frotó los ojos con el brazo derecho, sin reparar en que su mano izquierda seguía firmemente cerrada sobre la vaina de su arma, y los abrió con dificultad. Pudo ver dos figuras entre la humareda. Una era Suna, y la otra...

Por muy corpulento que fuera, no podía ser Boshi. Debía de medir como tres o cuatro metros, con unos brazos como pilares de puente, rematados por unas garras tan largas como su propia katana. Hayato tragó saliva.

Aquella figura iba a abalanzarse sobre Suna, pero ella no había desenvainado su arma. Ni siquiera se había puesto en guardia. Estaba completamente paralizada. ¿Qué hacía? Aquella chica iba a morir...

Reaccionó sin ni siquiera pensarlo. De un shunpo se interpuso entre la aprendiz y el hollow, desenvainando con un movimiento horizontal, que le tomó por sorpresa y le alcanzó en el pecho, haciéndole retroceder unos pasos. Hayato le atacó de nuevo, con toda la furia de que era capaz, intentando seguir empujándole hacia atrás y apartarle de la estudiante en teoría más avanzada, aunque a duras penas podía distinguir la monstruosa figura del hollow a través de la nube de lágrimas y polvo que aún cubría sus ojos irritados y enrojecidos.

El efecto sorpresa se había perdido y el ataque a ciegas del joven shinigami, por muy apasionado que fuera, no representaba mucho peligro para una bestia prevenida. El hollow bloqueó su arma sin problemas con las garras del brazo izquierdo, lanzando a continuación un zarpazo con el derecho, que bien podría haberle partido por la mitad si no hubiera adelantado su propia mano libre hacia él y hubiera gritado, al límite de sus fuerzas:

-¡¡Hadou no 33: Soukatsui!!

La bola azul le explotó en el hombro, interrumpiendo su ataque y haciendo que se revolviera, rugiendo de dolor y arrojando al joven Kobayashi varios metros por el aire. Se golpeó en la cabeza y la espalda al caer al suelo, rodó hacia atrás y apenas tuvo tiempo de incorporarse para ver como el hollow pasaba a toda velocidad al lado de Suna y se abalanzaba sobre él, dispuesto a terminar con aquel pequeño insecto que le había arruinado la cena y le había herido dos veces. Paralizado por el miedo y el dolor, Hayato cerró los ojos y apretó los dientes, esperando el choque inevitable de la muerte.
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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Shiroi Suna el Lun Mayo 10, 2010 2:19 am

El susurro de una espada veloz cortando el viento, el entrechocar del acero, el crepitar de las llamas que se alzan confundiéndose con las nubes del humo. Todo eso ocurría lentamente alrededor de Suna, mientras ella estaba quieta ante el mundo que seguía moviéndose despacio a su alrededor, dejando que el chico que le había estado acompañando en su viaje y al que no había prestado atención, luchase a sus espaldas contra el hollow.

-Ya está bien.

Todo se tornó oscuro y bajo sus pies el suelo se cubrió de un mullido manto verde; el humo se convirtió en una niebla menos espesa hasta transformarse en un cielo gris, dejando entrever un paisaje rocoso lleno de arbustos deshojados. Estaba en su mundo interior.

- ¡¿Se puede saber qué estás haciendo?! ¿Vas a dejar que un aprendiz de shinigami haga lo que tú tendrías que estar haciendo? No me quedé contigo para ver semejante cobardía… ¿Quieres enmendar tus errores? Pues más vale que te muevas, porque si salimos de esta situación, te juro que te dejaré sola y ya nunca más saldré en tu ayuda- gritó su espada mientras le propinaba un buen puñetazo en la cara.

La joven pelirroja cayó al suelo, sintiendo un terrible dolor en la mandíbula mientras escupía sangre en la hierba y se extrañaba de sentir dolor.

-¡¿QUÉ?! ¿Qué quieres qué ha…?

La shinigami no pudo contestar porque Kurayami volvió a golpearle, pero esta vez le propinó una fuerte patada en las costillas. El alma de su zampakutou se acercó a ella, y le cogió de sus ropajes, poniendo su rostro frente al suyo. Ella apartó la mirada y él le propino una bofetada, pero aun así, Suna siguió sin mirarle directamente.

-No quiero excusas, no quiero palabras vacías, quiero que luches y te muevas… Me da igual que fallases una sola vez, todo el mundo se equivoca, y ya sabes que ambos pecamos de orgullosos, pero tienes que reconocer que juntos no lo hacemos nada mal.

Finalmente, la joven volteó su cara para encontrar los ojos de Kurayami, y al ver que su boca sangraba como la suya no pudo evitar conmoverse.

-Maldito idiota…- dijo con una tímida sonrisa.

-Bueno, Suna, más vale que vayas a patear culos de hollows, porque ése va a machacar al enano que te acompañaba… digo… al joven shinigami- dijo sonriéndola-. Además, no podemos dejar que muera ese chico, tiene un buen polv…

-¡Kurayami!

-No te enfades, mujer. Que tú tampoco estás mal, algo plana, pero algo se puede hacer contigo- le dijo mientras le propinaba un azote en el culo.

En cuanto la joven intentó incorporarse zafándose de la mano de su espada para golpearle, éste comenzó a hacerse borroso y a desaparecer junto a todas las cosas que estaban a su alrededor, convirtiéndose todo en un espacio menos acogedor: el presente.

Aún estaba quieta, de espaldas al Hollow y a la pelea que se desencadenaba de la que no era consciente cómo iba. Pero no le fue necesario girarse, porque pronto vio al shinigami salir por los aires y golpearse contra el suelo lleno de escombros. El hollow fue tras él, pasando al lado suyo e ignorándola. Levantándose, decidió liberar por primera vez su shikaien en una pela real y se fue directamente al Hollow.

-Kurayami... minna wo hikere- dijo con voz firme.

Sus espadas se transformaron al instante tomando el color negro y el blanco por vestiduras y tan preparadas como ella para lucha;, y sin pensarlo dos veces, corrió detrás del shinigami con su shumpo. A duras penas consiguió interponerse entre las garras del hollow y su víctima, agachándose sobre el cuerpo del joven y alzando sus manos sobre su cabeza para que las dos espadas casi entrecruzándose, quedaran sobre ésta y poder parar el inminente golpe. Aunque todavía no podía controlar su shikai como un shinigami experimentado, la nueva fuerza obtenida consiguió parar al hollow, y haciendo acopio de toda su fuerza, empujó sus espadas hacia éste, ganando terreno y arrastrándole con facilidad. Debe de ser el hollow que acaba de nacer ¿Dónde estará el otro?, se extrañó Suna mientras conseguía erguirse y ponerse de pie.

Notando que la shinigami estaba a punto de cortarle con el filo de sus espadas, abrió su enorme boca de diminutos dientes y desencajando su mandíbula soltó un grito ensordecedor que la aturdió unos instantes. Aprovechando esos momentos, el hollow le agarró y le golpeó el rostro, obligándola a soltar sus espadas y lanzándola a un lado. En el suelo, Suna volvió a atacar.

- Hadou 4 : Byakurai

La criatura cayó hacia atrás, dando tiempo a Suna para recoger sus armas y volverá levantarse.

-Estúpida shinigami ¿Crees que con tus trucos de magia vas a vencerme?-dijo el hollow encarándose y propinándole un golpe con las dos zarpas.

La joven paró el golpe con el arma que tenía a la izquierda y agachándose un poco, puso su otra zampakutou horizontalmente y le propinó un profundo corte debajo de las costillas. Dolorida, la criatura se contrajo y en un arrebato de cólera le empujó hacia atrás, clavándose más las espadas de la shinigami y tirándola hacia atrás. Viendo su precario equilibrio, el hollow agarró las dos armas hundidas en su cuerpo y se las quitó tirándolas hacia Suna y provocando que la pelirroja cayese definitivamente al suelo. Mientras caía, la shinigami se protegió como pudo el cuerpo cruzando sus dos espadas sobre éste, pero dejando sus piernas desprotegidas. En cuanto dio con el suelo, algo duro y pesado cayó sobre su pierna izquierda, dando paso al terrible sonido de los huesos al quebrarse y a una sacudida de dolor que hizo que todo su cuerpo se removiera y que dejase caer sus dos brazos a los lados, dejándola totalmente indefensa.

Aunque sabía que no quería que esa fuese la última imagen que quedase grabada en su cerebro, miró al hollow que la miraba fijamente antes de asestarle el golpe de gracia con sus afiladas zarpas. Adiós, Kurayami...

No hubo una respuesta inmediata, pero sintió una terrible tristeza e impotencia por parte de su espada.

-Te he fallado… Suna.
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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Kobayashi Hayato el Miér Mayo 12, 2010 1:37 pm

Incluso con los ojos cerrados, Hayato podía sentir el hollow acercandose vertiginosamente, golpeando el suelo con sus descomunales patas en una carrera frenética hacia él. ¿Ese era el fin? ¿Tras dos años de entrenamiento para ser un shinigami, iba a morir en su primer combate? No podía ocurrírsele un destino más patético.

Un ruido metálico y después silencio. Hayato abrió los ojos y se encontró frente a frente con el rostro de aquella chica de quinto. Le devolvió la mirada con los ojos abiertos como platos. Su mente, embotada a causa de las circunstancias, tardó lo que parecieron años en procesar que acababa de salvarle la vida. Mientras tanto, el combate seguía desarrollándose. Ella empujó con sus armas las garras del hollow, ganándole terreno, ante lo que éste respondió con un aullido como el que habían oído momentos antes. Su efecto a corta distancia era devastador. Aturdido e indefenso como estaba, sintió como el grito le golpeaba de lleno, haciéndole perder la consciencia de lo que sucedía a su alrededor. Apenas se percató del golpe y el hadou, del posterior forcejeo y de la caída de Suna. Volvió en sí justo a tiempo para oír el ominoso ruido de los huesos de la pierna de la chica quebrándose bajo el peso de la enorme pata del hollow.

-Uuuuuh, eso debe de doler -dijo una voz a su derecha. Pertenecía a un hombre de apariencia joven, vestido con un impecable traje negro y unos guantes blancos. Su melena, larga y salvaje, hasta el punto de casi tapar uno de sus ojos, rojos como ascuas, parecía no encajar con lo elegante de sus ropas y caía exhuberantemente hacia abajo al inclinarse el hombre para hablar cerca del oído de Hayato. Sonreía, divertido, pero era una sonrisa psicótica y siniestra, que le hacía venir escalofríos-. ¿Has visto lo que le ha pasado a la pobre chica por tu culpa? Por tu debilidad...

Hayato respondió con un gruñido e intentó levantarse, ayudándose de su zanpakutou, pero las piernas no le obedecieron. Notó algo caliente y húmedo que caía por la parte posterior de su cabeza. Sangre. Aquel maldito hollow le había dejado bien maltrecho.

-¡Mírate! Qué figura más triste. ¿Apenas te han dado un par de golpes y ya no puedes moverte? ¿Y tú quieres ser un guerrero? No eres más que un niño con una espada. ¿Pensabas que esto iba a ser un juego? ¡No! ¡Es una maldita batalla! La gente sufre y muere en ellas. Y esa chica va a morir si tú no haces nada por ayudarla.

Hayato miró a Suna y al hollow. Estaba en el suelo, completamente indefensa, habiendo renunciado a la lucha. Y el hollow la miraba, saboreando el momento antes de asestarle el golpe final. La situación era desesperada.

-¿Vas a dejar que ese inútil sin cerebro la mate? -aquel hombre parecía estarse divertiendo enormemente con toda la escena. Hayato tuvo la impresión de que no le importaba lo más mínimo si Suna vivía o moría. Sólo le indignaban la debilidad del hollow y, sobre todo, la suya propia-. ¿Crees que aparecerá de la nada ese shinigami rubio como un ángel de la guarda y la salvará? Pues siento decepcionarte: Boshi está combatiendo ahora contra algo mucho más grande y poderoso que esa escoria que tienes enfrente. Si tú no la salvas, nadie lo hará.

No sabía por qué, pero estaba seguro de que aquel hombre decía la verdad. Volvió a tratar de levantarse y lo consiguió a duras penas. Tuvo el tiempo justo de alzar la mirada y ver al hollow con la garra levantada, a punto para descargar el golpe final.

-¡Suna! ¡No!

Un shunpo, una zanpakutou trazando un arco y la mano del hollow voló por los aires. La bestia retrocedió, aullando de dolor y contemplando su antebrazo cercenado, del que manaba sangre a borbotones. Sin darle tiempo a reponerse, se volvió para encararla. Un último ataque y todo terminó. La espada rompió limpiamente la máscara del hollow, purificándole y devolviendo el equilibrio a su alma. El monstruo que tenían enfrente se desmaterializó y el espíritu de lo que algún día había sido se reincorporó al ciclo normal en la Sociedad de Almas.

-Suna -la llamó, volviendo junto a ella y agachándose a su lado. Su pierna dolía incluso de mirar, convertida en un amasijo de carne y huesos-. ¿Estás bien? -preguntó, pasándole el brazo por la espalda y ofreciéndole su hombro para que se apoyara en él-. Vamos. Tenemos que encontrar a Boshi-san cuanto antes y salir de aquí. Necesitas que te traten esa pierna o la perderás.

Magullado como estaba, la ayudó a levantarse. Menudo aspecto tenían, apaleados y heridos, apenas manteniéndose en pie.

-Oye, ¿te importaría echarme una mano? -preguntó, volviendo el rostro para buscar al hombre que le había estado hablando mientras estaba en el suelo.

Había desaparecido por completo y no quedaba ni rastro de él.
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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Shiroi Suna el Lun Jun 14, 2010 12:20 pm

El aire estaba viciado como en una habitación que lleva años con las ventanas cerradas; había sólo un tenue foco de luz que iluminaba parcialmente la habitación y un goteo incesante le desquiciaba. Intentó moverse, pero una presión en la pierna le impedía erguirse y los ojos le quemaban mientras se veía obligada a ver la misma imagen una y otra vez, el continuo goteo de un líquido borgoña que caía sin parar sobre su frente y salpicaba sus ojos. Intentó cerrarlos, el ardor que éstos le provocaba ya era insufrible y ya no podía aguantar más, pero en cuanto trató de hacerlo, vio que no le era posible. Asustada, tanteó con una mano su rostro y buscó la fina piel que cubría sus ojos, pero no la encontraba; no tenía parpados.

Se oyeron unas carcajadas y una mano blanca apareció de entre las sombras, le acarició la frente y le extendió la sangre por la cara hasta detenerse en la boca, donde comenzó a ejercer presión. El agua le cubría, no podía respirar, no podía moverse, la vista se le nublaba bajo un mundo oscuro teñido de rojo.
Alguien le preguntaba si estaba bien, era una voz conocida y le devolvía a la realidad arrancándola de las sombras y devolviéndola al presente. Estaba de pie y tenía la pierna con las telas hechas girones y llena de rasguños sangrantes. Le dolía mucho y aunque sabía que no podía apoyarla, no pudo evitar dejar su peso sobre ésta y ahogar un grito de dolor aferrándose más al brazo de su acompañante. La cosa no pintaba bien para ella, el primer hollow había sido destruido, pero aún quedaba uno peor y todavía no sabían su paradero. Le pidió al joven Hayato que le dejase en el suelo para poder ver mejor las heridas y rasgó la tela hasta la rodilla. Había algunas heridas que sangraban, pero eran bastante superficiales por lo que no corría peligro de morir desangrada, así que las limpió como pudo y tanteó su pierna con las yemas de los dedos para comprobar lo que ya se temía: estaba rota y no tenía las capacidades para curarse, un arte que siempre había considerado de débiles, o mejor dicho, que siempre se le había dado mal y por eso mismo le comenzaba a atraer la rama científica del mundo shinigami.

Sacó un pequeño frasquito metálico de un bolsillo interior y tras abrirlo, cogió dos pequeñas pastillas azules que brillaban tenuemente con un resplandor plateado. Las expuso delante de sus ojos unos instantes, luego echó la cabeza hacia atrás y se las colocó en la frente, cerró los ojos y comenzó a pensar en si debía tomárselas o no. Ante ella tenía un dilema, la droga que tenía estaba prohibida en la Sociedad de Almas, muchos la llamaban el shinigami moribundo debido a que cuando te las tomabas estabas entre la vida y la muerte. Todo el mundo sabía que multiplicaba tus fuerzas e impedía que sintieses cualquier dolor; pero también se sabía que era una espada de doble filo, porque mientras hacía esas maravillas iba tomando todo tu raiatsu hasta dejarte seco y a merced de cualquiera en apenas cuatro horas con una sola pastilla, y eso, sin contar que habían salido de la Sociedad de Almas al mercado negro en fase de experimentación, ya que se habían considerado peligrosas si se les daba un uso abusivo.

Arrastró las diminutas pastillas por la nariz hasta dejarlas caer en su lengua. O arriesgo, o aquí no salimos vivos ninguno de los dos. Los resultados fueron inmediatos, se sentía más fuerza y el dolor de la pierna había desaparecido. Cogió unos maderos largos de los escombros y cortó un par de telas de sus ropas para entablillarse la pierna, no podría mover con toda la soltura que le gustaría, pero al menos evitaría que la cosa empeorase mucho más.

Se levantó sin ayuda y miró hacia el frente, el reiatsu de un hollow poderoso y bastante viejo se acercaba veloz hasta ellos. La humareda se disipó y en medio de un remolino de humo se podía entrever un enorme hollow. Su pestilencia era inaguantable, olía cadáveres en descomposición y por su silueta, su aspecto no debía de ser mucho mejor que su olor. Miró directamente a los enormes ojos verdes de Hayato, donde sólo pudo encontrar duda y un atisbo de miedo, aquel niño había hecho mucho más de lo que le tocaba.

-Shi-shinigamis. Pre-prepa-preparaos para a-acabar co-como vues-vuestro mentor- dijo mientras lanzaba un objeto redondo cerca de los dos aprendices.

Suna contuvo una carcajada al estar ante un hollow tartamudo, pero cuando éste acabo de hablar y les lanzó el bulto, su sonrisa se transformó en una mueca de horror con rapidez.

-Ya no-no re-resulto tan grr-grr-gracioso.

No hizo falta mirar hacia el objeto que les había lanzado, sabía perfectamente lo que era y prefería no mirarlo. Asió con fuerza sus dos espadas y las desenfundó, la situación era peor de lo que esperaba y sólo podía hacer una cosa:

-Hayato, esto es demasiado peligroso y te supera con creces, es más, me supera hasta a mí… Así que, quiero que vuelvas a la Sociedad de Almas y que vayas a pedir ayuda y expliques nuestra situación. Hazlo, y no quiero ninguna queja.

El mostruo soltó una carcajada y se acercó más, mostrándose en su totalidad alzando los brazos y mostrando su pecho con su piel sanguinolenta y cubierta de pieles de rostros humanos. Suna dio gracias de no haber comido mucho antes de llegar allí, porque la contemplación de ese ser era vomitiva. La pelirroja sentía la rabia en todo su ser, así que, impulsivamente corrió hacia la criatura y descargó golpe cerca del cuello, dejando que la otra espada algo más baja para cubrirse. El hollow se quedó quieto sin tan siquiera pestañear, dejando que su viscosa sangre envolviese su espada y el arma de la chica se hundiese aún más en la carne de la criatura sin que la joven estuviese haciendo fuerza para que ocurriese. Temiéndose una trampa, intentó sacar su espada, pero ésta, en vez de salir, se hundió más en el cuerpo de aquel ser deforme. Sin perder la calma, llegó a la conclusión que sólo podría hacer una cosa, aunque no sabía cómo resultaría. Vamos, Kurayami, necesito tu ayuda. Sus dos espadas comenzaron a soltar unas chispas que al topar con la sangre del mostruo, soltaban una peste fétida. En poco tiempo, las chispas se convirtieron en un torbellino de color blanco y negro y la corriente aumentó hasta que de repente las dos espadas soltaron un fuerte fogonazo que lanzó por los aires a Suna y al hollow.

Mientras caía, Suna veía todo con más lentitud, incluso sus propios movimientos, que aunque sabía que eran más rápidos de lo que percibía, ella los detectaba ralentizados, sin duda gracias al efecto de las pastillas. Aprovechando esta nueva ventaja, pudo caer sin hacerse el menor daño sobre sus dos piernas. Se alzó y observó al hollow, que todavía se estaba levantando y recuperándose del golpe. Su fuerza había aumentado y ahora era más poderosa, por ello, sabía que no podía desaprovechar el tiempo, así que desde la distancia, soltó otro ataque certero. La criatura paró el ataque con el brazo y mostró una expresión de dolor que satisfacía enormemente a la shinigami. El contraataque no se hizo esperar, y por la expresión de su contrincante, no iba a ser muy agradable. El apestoso monstruo extendió sus brazos y todos los rostros que tenía por el cuerpo abrieron los ojos mostrando el color rojo casi negro de la sangre seca. La joven comenzó a retirarse hacia atrás esperando lo peor, y entonces, aquellas caras abrieron sus bocas de forma grotesca y escupieron un mortífero ácido hacia ella. La shinigami consiguió apartarse justo a tiempo, pero aun así, diminutas gotas cayeron sobre su manga, comenzando a descomponerla con rapidez, obligando a la joven a arrancarla y observar cómo la tela desaparecía en el suelo.

Ahora que ya sabía de qué era capaz, debía atacar desde la distancia y hacer gala de la velocidad recién adquirida para esquivar los ataques de aquella criatura. Como el hollow no parecía decidirse a atacar, Suna volvió a lanzar otro ataque para tantearle dejando que el torbellino relampagueante aumentara considerablemente. El monstruo observaba con interés, analizando cada movimiento que hacía. La pelirroja no le hizo esperar, entrechocó sus espadas convirtiendo las dos energías en un tremendo torbellino que en otras condiciones no habría sido capaz de hacer. Ya casi era incapaz de contener su propio ataque, así que no se lo pensó más y lo descargó contra su adversario. El hollow abrió mucho la boca fingiendo tener miedo y desapareció entre el espeso manto grisáceo que aún les rodeaba justo antes de que el ataque pudiese al menos rozarle. La joven resoplando ligeramente buscó entre las nubes de humo a la criatura, ya no sentía su presencia y eso la alarmaba cada vez más. Un sonido agudo y distorsionado sonó a sus espaldas, el sonido de un portal abriéndose. Se giró para encararse, pero no encontró nada detrás suya, porque el portal se había abierto justo donde estaba el joven Hayato.

Off: Bueno, ya sabes lo mal que me sienta escribir cansada, hago mierdas y soy tan vaga q no las reviso, al menos ahora es pasable y sólo hay un par de párrafos del post anterior, q vaga q estoy, he tardado pero al final lo hice, que asco me dio al leerlo a la mañana siguiente, fuistes muy pemisivo, pero yo no xDD En fin, para que lo leas cuando vuelvas de viaje, aunque con el trabajo q te espera dudo qtengas tiempo =P Me debes una barca de sushi!!
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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Kobayashi Hayato el Jue Jul 15, 2010 3:47 am

Es difícil estar más asustado de lo que estaba Hayato en esos momentos. No había rastro de su instructor por ninguna parte y aquella alumna de mayor curso, a quien debía obedecer en ausencia de éste, daba preocupantes muestras de inestabilidad mental. A su bloqueo absoluto unos minutos atrás, se le sumaba ahora la escena de tintes neuróticos que acababa de protagonizar, poniéndose aquellas pastillas sobre la frente y haciéndolas deslizar por su nariz antes de tagárselas. Hayato se preguntaba si su superior estaba loca o sólo colocada. ¿Qué se suponía que eran aquellas pastillas? ¿Su única esperanza dependía de una drogadicta medio loca?

La chica se entablilló la pierna y se levantó sin, al parecer, resentirse de ella. ¿Inhibidores de dolor? Aquello cada vez le gustaba menos. Era incapaz de sentir el reiatsu de Boshi-san por ninguna parte, y se encontraba en aquel lugar, atrapado entre un hollow tan poderoso que incluso él podía notar su aura acercándose y una yonki.

El hollow era tartamudo, lo que contrastaba de forma bastante incoherente con el enorme reiatsu que emanaba de él. Pero Hayato estaba demasiado asustado para encontrarle la gracia a la situación; incluso demasiado asustado para sorprenderse. La cabeza cercenada de Boshi-san fue la gota que colmó el vaso. Hayato se quedó mirándola, catatónico, sin que su mente desbordada fuera capaz de reconocer en ella al que había sido su instructor.

Apenas oyó las órdenes de Suna, apenas fue consciente de su posterior choque con el hollow. Pasó varios minutos con la vista fija en aquel esferoide inexpresivo, coronado de rubio y subrayado por un pequeño charco de sangre que goteaba lentamente, tratando de asimilar los hechos. ¿Aquel monstruo había terminado tan fácilmente con un shinigami entrenado como boshi? ¿Y se suponía que dos alumnos de la academia, un crío y una drogada, debían hacerle frente? ¿Qué era lo que había fallado? ¿Quién había errado los cálculos de una forma tan espantosa?

Un ruido escalofriante a sus espaldas le devolvió al mundo presente. Se apartó por instinto, justo a tiempo para ver como una garra arañaba el aire, justo en el lugar donde unos segundos antes había estado su cuello. Hayato tragó saliva, imaginando por un momento su propia cabeza al lado de la de Boshi.

Su mente, hasta hacía un momento paralizada, comenzó a trabajar de nuevo a marchas forzadas. Intentó recordar qué era lo que había pasado a su alrededor mientras había estado concentrado en lo que quedaba de su mentor. Suna habia dicho algo de buscar ayuda, luego había atacado al hollow, su espada se había hundido en su cuerpo, amenazando con tragársela a ella también o algo parecido, y después el monstruo había escupido ácido.

Estaban jodidos.

No podía atacar al monstruo con su zanpakutou si no quería que le ocurriera algo similar a lo que le había intentado hacer a Suna. Pero él no tenía poderes para librarse de una situación así, de modo que más valía no intentarlo. Por si eso fuera poco, aquella salpicadura de ácido terminaba de complicar las cosas. ¿Cómo podían siquiera enfrentar un ser así?

Mientras pensaba, la garra había desaparecido en mitad del aire. Oyó de nuevo aquel sonido temible y dio un shunpo hacia atrás justo a tiempo para ver como el hollow emergía del suelo, justo bajo donde habían estado sus pies. Maldito ser esquivo.

Las órdenes de Suna eran largarse y buscar ayuda, pero eso era absurdo en ese momento. Mientras la atención de aquel ser estuviera fijada en él, darle la espalda y huir era la forma perfecta de hacerse matar por detrás. No, no tenía opción. Debía enfrentarlo si quería salir de aquel lugar, si querían salir los dos.

-Hadou no 31: Sakkahou!

La bola de fuego impactó en pleno cuerpo del hollow, incendiando algunas de sus caras, que chillaron de dolor y se desprendieron de él. Sin embargo, nuevas caras pútridas aparecieron debajo, sin que el monstruo pareciera alterarse lo más mínimo. ¿Aquello tampoco funcionaba? La desesperación comenzaba a adueñarse de su corazón, a pesar de que sabía más que de sobras que no podía permitirlo. No hay nada más estúpido que un guerrero desesperado. El hollow estalló en carcajadas, aparentemente muy divertido por la expresión de frustración del joven Hayato.

-De-de-deberías v-ve-v-v-verte
-exclamó, entre risas-. Q-q-q-quién s-se ríe a-ahora, eh?

Cegado por la rabia, se lanzó a hacer exactamente lo que momentos atrás había decidido que no podía hacer de ningún modo: un ataque frontal con la zanpakutou. Por suerte o por desgracia, su filo ni siquiera llegó a entrar en contacto con el cuerpo del hollow, puesto que la turbación hacía sus movimientos lentos y previsibles y el monstruo no tuvo ninguna dificultad en repeler su ataque con un golpe de revés que le hizo brotar sangre de la sien y le arrojó directamente al suelo.

Antes de que tuviera tiempo de incorporarse, vio acercarse el repulsivo cuerpo del hollow. Las bocas de sus numerosas caras se abrieron y decenas de manos aparecieron en los intersticios entre un rostro y el otro, extendidas hacia él, pretendiendo agarrarle.

Un escalofrío recorrió su espalda al imaginar siquiera que pudiera convertirse en uno de aquellos rostros. Rodó para apartarse de las manos pútridas que intentaban asirle y retrocedió asustado. ¿Qué podía hacer? No tenía ni idea de cómo enfrentarse a aquel ser, y tampoco podía darle la espalda para huir, y ni siquiera estaba dispuesto a dejar que Suna lo aguantara mientras él corría a por ayuda. Aquel hollow inferior casi la había matado, ¿cuánto resistiría frente a este? No. Tenían que salir de ahí de algún modo, y tenían que salir de ahí juntos.

¿Q-q-qué pa-pasa? ¿N-no q-quieres formar pa-pa-parte de mi pe-pe-pequeña f-f-familia? -se burlaba el hollow, avanzando lentamente ahcia un Hayato que no sabía hacer otra cosa que retroceder, lleno de miedo, hasta que de repente su espalda topó con algo. Asustado, se giró para encontrarse frente a dos piernas enfundadas en unos exquisitos pantalones negros. Levantó la vista hacia arriba y encontró dos ojos rojos mirándole con evidente desprecio por entre una mata de exhuberante cabello negro.

-¿Se puede saber qué estás haciendo? -le preguntó, desdeñoso-. ¿Hacia dónde pretendes huir, gusano? Estás atrapado. No podrás librarte de esta corriendo...

Hayato sentía los ojos arderle de lágrimas reprimidas. No quería estar allí, no quería enfrentarse a algo que le superaba de tal forma. Cuando aquel extraño había aparecido por segunda vez, un rayo de esperanza se había abierto en su alma, pero sus palabras y, sobre todo, su tono de voz, lo habían extinguido en un instante, dejándolo más perdido y desesperado que nunca. Ignorando al extraño del traje, miró ansiosamente alrededor en busca de la única persona que podía socorrerle en aquel momento: Suna.
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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Shiroi Suna el Jue Jul 22, 2010 11:21 am

Suna quedó algo perpleja, el muchacho estaba aterrado, pero para ser un simple estudiante tenía buenos reflejos, algo torpe a veces, pero sin duda tenía mucho que ver con el terror que estaba experimentando al enfrentarse con semejante Hollow.
Escuchó unas risas en su cabeza y Kurayami comenzó a hablar para molestarla como muchas veces hacía cuando creía que lo estaba haciendo mal:

Menuda pinta tienes, pelirroja. Estás hecha un frankenstein con esa pata de palo. Tu “Sex Appeal” ha bajado diez puntos. Y encima, como no te des prisa, van a matar al canijo. Con lo mono que era…-dijo, simulando un suspiro-. ¿Iremos a su entierro?

La shinigami dio un manotazo al aire y se acercó al monstruo. Estaba muy enfadada consigo misma por bajar la guardia, pero aún más con aquel engendro pestilente que se había burlado de ella. Iba hacer un movimiento arriesgado, pero quería que le doliese y acabar de una vez con él.

Pronto llegó hasta Hayato, que había sido acorralado y del puro terror había sufrido un shock que le hacía mirar detrás suya en vez de delante, donde su enemigo esperaba para darle el último adiós. Pobre chico… pensó Suna, demasiado estrés para una sola noche.

-¿No te dije que te fueses?- le espetó mientras le propinaba una ligera patada en el costado para apartarle y hacía emanar chispas de sus espadas alzadas para mantener al enemigo algo a raya, que parecía bastante divertido con la situación. -Si te hubieses ido cuando te tocaba, ahora estarías seguro.

Las últimas palabras tuvo que decirlas sin mirarle, porque sabía que el chaval sólo había tenido tiempo de huir, pero odiaba que la situación se le escapase y aún más no tener autoridad con el novato.

Ala, ya le ha dado a la niña uno de sus arrebatos menopaúsicos. Echar la culpa a un chiquillo que acaba de entrar en la academia no te va a ayudar en nada. O comienzas a espabilar, o te haré espabilar yo.


La criatura no tardó en intentar atacarla, se había divertido escuchando a la chica, pero comenzaba a querer acabar con ese combate que ya se le hacía eterno y podían venir nuevos shinigamis en su ayuda. De esta forma, el hollow decidió atacarla directamente a la cabeza y acabar con la joven de un solo golpe, alzando sus enormes brazos y dejándolos caer con sus afiladas garras por delante hacia la shinigami.

La pelirroja alzó la espada que sostenía con la izquierda para parar el ataque, y enfundó su otra arma a una velocidad vertiginosa para tener la otra mano libre y así clavarla en el estómago del pestilente contrincante.

-¿Qué no-no has apren-prendido que-que un ataque dir-dir-ecto no me harrrr-á ningún-gún daño?- le gritó el hollow, mientras miraba como el brazo de ella era absorbido por su cuerpo.

-Hadou no 33 : Soukatsui- gritó sin poder evitar sonreír mientras le miraba fijamente.

El estómago del hollow estalló expulsando una substancia granate y mandando lejos a Suna y a la criatura. La pelirroja cayó con agilidad felina en el suelo, con las piernas flexionadas y dispuestas para volver a atacar, desenfundó la otra espada y reparó en su mano, que estaba completamente roja como si la hubiese colocado en una brasa durante un buen rato. Ignorando su espantosa pinta, la joven se acercó de un shumpo hasta la maltrecha criatura tirada en el suelo, y aprovechando su aturdimiento y su postura desprotegida, alzó sus dos espadas para darle el golpe de gracia y romper de una vez su máscara; sin embargo, la bestia pudo anticiparse un poco a su ataque y consiguió esquivarlo a duras penas, torciendo su rostro hacia un lado. La espada de la shinigami le cortó una oreja y parte de la mandíbula, pero sin llegar a golpear la máscara que le llegaba por encima de la mandíbula. El monstruo aulló de dolo y soltó uno de sus temidos ácidos, obligando a Suna a saltar hacia atrás y alejarse de su presa. Se escuchó un ruido metálico y otro más agudo, la joven reconoció enseguida el sonido y se giró para evitar la huida del monstruo. En cuanto llegó, ya era tarde, se había ido.

Suna corrió hasta el joven novato y miró a su alrededor. No sabía si la criatura volvería a aparecer, pero debía aprovechar para llevarse al shinigami a un lugar seguro. Estaba enrabiada, casi había matado al hollow y ahora se veía obligada a hacer lo correcto con el chico.

-Vamos, Hayato, no sabemos si el Hollow regresará, así que debemos aprovechar y volver para informar de lo sucedido- agarró al joven de los hombros y volvió a ponerlo en pie-. Volvamos.
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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Kobayashi Hayato el Vie Ene 28, 2011 12:31 am

La situación le superaba. No quería estar allí. No quería verse envuelto en aquello. No quería morir de una forma tan patética, en manos de una criatura a la que no podía ni siquiera herir. Se negaba a convertirse en una presa indefensa, a la absoluta merced de su atacante. ¿Qué había salido mal? ¿Por qué dos aprendices sin experiencia habían acabado en un combate desesperado contra una criatura que podía acabar fácilmente con un Shinigami entrenado?

De alguna forma, los papeles aprecían haberse cambiado. Mientras él se dejaba llevar por el pánico, Suna había conseguido plantar cara y darle guerra a aquel hollow sin compasión. ¿De forma que no era invencible? Debería estar avergonzado por tener tan poca presencia de espíritu. ¿Qué clase de guerrero era? Uno que no había estado nunca en un combate real, tal vez. Uno que, hasta hacía poco más de un año, sólo había tocado un arma para limpiarla y engrasarla. Uno que, por mucho que se esforzara con su educación de Shinigami, todavía seguía pensando y actuando como un sirviente asustado.

El hollow pareció retirarse por el momento, pero era evidente que sólo se trataba de un estratagema. Hayato sabía sin necesidad de que nadie se lo dijera que en cualquier momento volvería a aparecer, en la espalda de uno u otro, y que si ni por un instante se relajaban su cabeza podía terminar al lado de la de Boshi-sensei.

Suna le obligó a levantarse y, con autoridad, decidió que debían volver a la Sociedad de Almas. Ja! Era más fácil decirlo que hacerlo. Había sido Boshi quien había abierto el portal que les había traído hasta allí. Ahora que había caído, sólo podía esperar que Suna supiera cómo abrir el de regreso. Unos incómodos instantes de silencio y una mirada de comprensión mutua hicieron evidente que no sabía. ¿Y ahora qué? ¿No podían más que esperar a que alguien se diera cuenta de que no regresaban y fuera a por ellos? ¿Y eso con un hollow más que peligroso acechándoles y listo para saltar sobre ellos en el momento en que menos se lo esperaran? No parecía una perspectiva muy halagadora. A decir verdad, sonaba horriblemente mal. Se apartó de Suna, temblando de desesperación, odiándola injustamente por no poseer el conocimiento necesario para sacarles de ahí.

¿Y ahora qué? La pregunta resonaba, una y otra vez, en el vacío de su mente. No había respuesta. No se le ocurría nada. Cada segundo que pasaba, cada pequeño ruido, le ponía más y más en tensión. ¿Dónde estaba aquel maldito hollow? Casi prefería estar combatiéndolo cara a cara que aquella sensación de que en cualquier instante podía sentir su aliento fétido en la nuca.

-Eres patético -dijo aquel hombre, casi con paternalismo. Como las otras veces, había aparecido de repente, sentado sobre una pila de escombros, sin que al parecer nada de polvo se pegara a su inmaculado traje.

-¡Cállate! -le gritó, al borde de la crisis nerviosa-. ¿Se puede saber qué pretendes? ¿Qué estás haciendo aquí? No me ayudas, ¿sabes?

-No he venido a ayudarte -replicó el extraño, encogiéndose de hombros, al tiempo que se levantaba y avanzaba hacia él, con pasos lentos y soberbios.

-¿A qué, entonces? -preguntó Hayato, cada vez más molesto con él, sintiendo su odio crecer por momentos.

-Tú deberías saberlo -respondió, enfundándose las manos en los bolsillos, sin dejar de avanzar hacia él-. Al fin y al cabo, tú me has traído -sentenció despreocupadamente, señalando con una inclinación de la cabeza la mano derecha del chico. Hayato bajó la vista, siguiendo la dirección del señal, y sus ojos toparon con la fría hoja de la zanpakutou que sujetaba. Un gesto de comprensión se adueñó de su rostro. ¿Aquella era la materialización de su arma? Pues no podía decirse que le cayera muy bien...

-Supongo que aspiras a algo más que a seguir corriendo de un lado a otro, esgrimiéndome sin ton ni son -prosiguió la espada, llegando hasta la altura de Hayato y comenzando a andar a su alrededor con perezosa parsimonia, cambiando aleatoriamente de sentido y sin apartar los ojos del filo metálico que constituía su forma física-. Por lo menos, yo sí. No quiero ser el arma de un cobarde sin cerebro. Merezco algo más, ¿me entiendes? -explicó, de forma arrogante, sacándose la mano derecha del bolsillo y apoyándola teatralmente sobre su pecho. A Hayato cada vez le caía peor.

-¿Qué es lo que quieres? -preguntó, mirándole con dureza.

-Quiero que te portes como un hombre. Quiero que dejes de correr como una nena y te enfrentes a ese hollow de mierda. Quiero que me uses para partir su maldita máscara en dos. Quiero sentir el sabor de la batalla y de su alma purificándose en mi filo. Quiero dejar de ser un trozo de metal pudriéndose dentro de una saya embutida en el obi de un cobarde. Quiero ser un arma. ¡Quiero divertirme!

¿Divertirse? Aquella palabra le chocó y le indignó a la vez. ¿Se podía saber qué tenía de divertido que Boshi hubiera muerto y estuvieran a punto de matarles a Suna y a él? El verbo "divertirse" estaba tan alejado de sus estructuras mentales en aquel momento que poco faltó para que se le removieran las tripas.

-¿Quieres divertirte?
-le desafió, indignado y cínico, odiando aquel extraño con todas sus fuerzas-. ¡Entonces diviértete... -La palabra acudió a su mente sin que pudiera explicar cómo, sencillamente como si siempre hubiera estado allí-: ...Genma!
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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Shiroi Suna el Vie Mayo 13, 2011 10:27 am

No podían volver y la simple idea de morir había enloquecido a Hayato y lo había convertido en un luchador inútil. Suna era mucho mayor que aquel chico, más de lo que él podía llegar a imaginar; sin embargo, hacía pocos años que era una shinigami y aquella situación comenzaba a superarle. La joven podía asumir su muerte y aceptarla, había vivido muchos años y en cierto modo, era vieja. Sin embargo, lo que no podía aceptar, era a muerte de Hayato, aquel joven no era más que un niño y ella, su superior en aquellos momentos iba a tener que contemplar su muerte in poder hacer nada. Apretó los dientes algo afligida, el tiempo pasaba y como el efecto de las pastillas se pasase, aquel joven podía darse por muerto.

A sus espaldas, Suna sintió un nuevo poder. Al principio, creía que era el hollow, pero en cuanto se giró vio que era Hayato el que emanaba esa fuerza. Ha conseguido liberar su espada, pensó Suna. Aquel joven que apenas unos instantes había estado lamentándose y gritando como un histérico, ahora se presentaba ante ella con una nueva fuerza y con una expresión de orgullo y seguridad que no le había visto desde que lo había conocido.

Esto se pone interesante- dijo Kurayami-. El joven ha conseguido despertar su espada y es muy apuesto(por si te interesa saberlo). ¡Oooh, Suna-chan! No podemos quedarnos atrás. Esgrímame con orgullo y demuestra a aquel joven que tú también estás dispuesta a darlo todo esta noche.

Suna sonrió para sí. Si algo tenían en común su espada y ella era su enorme orgullo, por lo que no se podían quedar atrás.

La pelirroja se acercó al joven, que en aquellos momentos parecía mucho más mayor que apenas unos instantes atrás.

-Hayato-le dijo al oído-. Vámonos de aquí. Si le hacemos creer que podemos irnos, ese miserable saldrá de su escondite.

Dicho esto, se dio la vuelta y comenzó a andar entre el humo y los escombros alerta ante cualquier sombra o reiatsu que le indicase la presencia del enemigo. No le temía, pero sabía que se trataba de un ser tramposo y despiadado.


Off: Escribiría más, pero no quiero ponerte un montón de paja Razz
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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Kobayashi Hayato el Sáb Mayo 14, 2011 4:31 am

A Hayato no terminó de gustarle la idea de Suna. Tras liberar a Genma por primera vez, sentía una oleada de reiatsu hasta el momento desconocida para él recorriendo cada uno de sus miembros, sacudiéndole como una descarga eléctrica. Se sentía más fuerte, más rápido, más atento, más confiado... Se sentía emborrachado de poder.

Dentro de su cabeza, podía oír la voz de Genma riendo y gritando como si estuviera en una montaña rusa. Sabía que todo aquel reiatsu desbocado provenía de él, y no pudo evitar notar que tenía un tinte diferente al suyo: era más siniestro, más oscuro... y a la vez mucho más salvaje e indomable. Era al mismo tiempo fuego violento y silenciosa sombra. Y, de algún modo, tuvo la certeza de que le consumiría en llamas y le devoraría en la oscuridad si no era capaz de controlarlo.

¿Genma, eh? Un nombre muy apropiado...

¿Verdad? -La espada estaba pletórica, descontrolada como un niño en plena euforia. Había estado todo aquel tiempo retenida y por fin podía saborear la libertad. Vibraba y crepitaba en la mano del chico anticipando el dulce sabor metálico de la sangre. Ahora dime, ¿quieres jugar a un juego?

¿Un... juego? -Preguntó, suspicaz. No confiaba en lo que pudiera proponerle la zanpakutou. Se sentía demasiado bien, demasiado embriagado, como para no sospechar de sus intenciones. Maldita sea. ¿Es que uno no podía fiarse ni de su propia espada?

Parecía que no.

Uno muy divertido -explicaba Genma, a quien no parecían importarle las reticencias del muchacho-. La chiquilla tiene razón: ese hollow cobarde no se dejará ver el pelo mientras piense que estamos en guardia. Quiere cazarnos como a ratones... Pero no se da cuenta de que él es el ratón. O más bien una rata asquerosa y maloliente.

¿Qué... propones?

Nada más sencillo. ¿Recuerdas tus lecciones de iaijutsu?

Por supuesto que las recordaba. El iaijutsu, el arte de desenvainar la espada y acabar con tu enemigo en un único movimiento. Recordaba las horas y horas que había pasado repitiendo una y otra vez las mismas katas, desenvainando, atacando, sacudiendo una sangre imaginaria y volviendo a envainar, hasta que le temblaban los brazos y las piernas ya no le sostenían. Había llegado incluso a soñar con ellas. Sí, las recordaba...

Bien -dijo Genma, y la serena malignidad que había en su tono de voz, y en la sonrisa que se le apareció en la mente, le obligó a reprimir un estremecimiento-. Entonces enváiname. -Aquello cogió completamente por sorpresa a Hayato-. No te preocupes: seguiré liberado. Con mi ayuda, serás capaz de percibir al hollow en cuanto vuelva a entrar en este mundo, si no lo detecta la niña antes. Parece mejor que tú en eso...

Si lo hubiera tenido enfrente en lugar de dentro de su cabeza, Hayato le hubiera fulminado con la mirada. Ya tenía suficiente con que sus profesores le repitieran continuamente que debía trabajar mucho en su detección de reiatsu, que estaba muy por detrás de alumnos menos avanzados que él, como para que encima su espada se burlara de ello.

Tranquilo, fiera -se rió Genma. ¿Ahora era condescendiente con él? Hayato luchó por no desesperarse. ¿Por qué no podía haberle tocado una zanpakutou agradable y dócil?-. En cuanto aparezca, lo único que tienes que hacer es desenvainar como te han enseñado. Yo me ocuparé del resto.

Aquello no tenía ningún sentido: su propia espada le decía lo que tenía que hacer. Sentía que había perdido, hacía mucho, el control de la situación. Sentía que debía hacer algo por recuperarlo, pero estaba demasiado ebrio, demasiado cautivado por aquella sensación de poder, como para poner alguna objección. Obedeció. Envainó la espada y se volvió hacia donde estaba Suna, siguiéndola a través de la plaza sembrada de escombros.

-Después de ti... -murmuró entre dientes.
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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Shiroi Suna el Dom Mayo 15, 2011 2:02 pm

Apenas había avanzado unos pocos pasos, cuando notó de nuevo el reiatsu del hollow. Todavía no podía saber su posición exacta, pero sabía que pronto los atacaría y estaba sopesando cómo. Hasta el momento, aquel hollow los había tratado como unas presas fáciles, pero el hecho de haberle herido y la nueva fuerza de Hayato le estaban haciendo más prudente, algo impropio en aquellas bestias que sólo pensaban en desgarrar y matar. Comenzaba a comprender por qué era tan poderoso.

Un grito desgarrador resonó entre las ruinas. Suna asió sus armas con fuerza, aquella criatura había decidido por fin atacar y sentía su reiatsu cada vez más cerca, avanzando a una velocidad vertiginosa. De entre el humo y las cenizas salió el enorme hollow, enseñando sus diminutos pero afilados dientes y dispuesto a hacer un ataque frontal. La pelirroja ya se había imaginado algo así, aquella criatura era muy poderosa en el combate cuerpo a cuerpo, pero a distancia tenía las de perder. Por ello, dejo que sus espadas chocasen contra su cráneo(la única parte en la que sus espadas no se hundirían), y dejó que el poder de Kurayani dejase escapar un pequeño pero efectivo rayo que aturdió unos instantes a la bestia, dejándola el tiempo suficiente para apartarse.

El hollow se estremeció de ira. Su máscara había sido dañada y sabía que cada vez que intentase atacar directamente a la muchacha no sólo toparía con el filo de sus espadas, ya que los rayos que desprendían le servían de escudo y de arma. Tenía que usar su última baza, ya que sólo así mataría a la joven y al chico. El monstruo comenzó a reírse, sabía que ante ese ataque morirían y todo el orgullo que había perdido aquella noche sería restaurado.

Ante la mirada atónita de Suna, el hollow comenzó a derretirse hasta formar un gran charco rojizo. Al principió creyó que eran las pastillas las que le hacían ver tal cosa, pero algo en su interior le decía que algo peligroso estaba a punto de suceder y que debía estar alerta. Las suposiciones de la joven fueron correctas, porque pronto el barro comenzó a aumentar y de entre ese mejunje repugnante comenzaron a salir cabezas y brazos , que se alzaron hasta que del suelo fangoso salieron nueve criaturas idénticas al hollow original.

Sin dejarla tiempo a reaccionar, cuatro de las criaturas se dirigieron hacia la joven y otras cuatro hacia Hayato. Sólo una se quedó quieta observando, sin duda el verdadero Hollow, ya que tenía la máscara mellada.

Los hollows eran más débiles que el de verdad, pero juntos eran un arma más mortífera ya que ahora le atacaban desde varios flancos. No le dejaban tregua y la pelirroja los esquivaba diestramente porque todavía se movía velozmente con la ayuda de las pastillas, no obstante, le estorbaban lo suficiente como para no dejarla ver lo que le sucedía al joven shinigami. Suna de momento no se preocupaba por él, porque si no hubiese podido con los otros hollows ahora ella estaría lidiando con ocho monstruos.

Los clones eran bastante diestros, la perseguían e intentaban golpearla con sus enormes brazos, pero la joven siempre alerta conseguía apartarse y esquivarlos dejando una estela relampagueante que le daba siempre algo de tregua.

¡Eh, Pelirroja!¿A qué estás jugando? Nos queda poco para quedarnos en nada y tú no haces más que perder el tiempo jugando con esas marionetas- dijo Kurayami con un tono bastante serio, algo poco común en él-.No te escogí como mi portadora para que me usases como escudo, soy un arma y exijo que me trates como tal. Úsame para despedazarlos y no para cazar moscas.

La shinigami notó la ira de su espada y decidió aprovecharla. Una de las bestias intentó golpearla en el rostro, pero Suna ya no pensaba seguir esquivando, por lo que dejó que una de sus espadas cayera sobre el cuerpo de la bestia que que quedó cercenado en dos partes y cayó al suelo. Las demás copias no se dejaron amedrentar, porque en cuanto cayó la primera, las otras tres volvieron a golpear. La shinigami paró las estocadas con facilidad, sus espadas estaban envueltas por un escudo de electricidad que quemaba la fétida piel de aquellos bichos. El combate siguió, pero los hollows cada vez estaban en peores condiciones ya que iban siendo mutilados poco a poco hasta que ninguno quedó en pie y Suna se quedó sola con las espadas en alto.

Satisfecha, la shinigami miró a su alrededor y buscó al verdadero hollow, que la miraba intensamente con sus ojos rojizos llenos de odio.

-Morir-riras- dijo aquella criatura dirigiéndose a toda prisa hacia ella.

Aquella bestia era rápida, y sus estocadas no la cortaban como con las replicas, pero al menos, su espada ya no se hundía en su piel con facilidad. La shinigami intentaba llegar hasta la máscara del hollow, pero éste no le dejaba, porque en cuanto algún movimiento se acercaba a esa zona, él dejaba escapar su ácido e intentaba alcanzarla. El duelo se estaba haciendo más largo de lo que esperaba y notaba el enfado del alma de su espada.

Deja de intentarlo y dale el golpe final, atontada.

Suna sabía que no le quedaba mucho tiempo por lo que debía actuar rápido. Necesitaba un poco de espacio para que pudiese lanzar un buen ataque con su espada, así que fintó e hizo creer a la criatura que iba a volver a intentar quebrar su máscara, pero en vez de hacer eso, creo un pequeño relámpago que le quemo los brazos y le hizo retroceder. Aprovechando la oportunidad, la joven se separó unos metros y comenzó a acumular energía en sus espadas. Sabía que en breve el hollow la atacaría pero debía ser un ataque final. La criatura se repuso más fácilmente de lo que supuso la joven y enseguida arremetió contra ella. La shinigami dejó que la criatura se acercase y acero y piel se encontraron.

Para sorpresa de aquella bestia, aquella estocada era mucho más poderosa que las anteriores, dejando sus brazos destrozados al chocar contra el filo y la energía acumulada por Suna. El hollow gritó de dolor y la chica aprovechó para hacerle un feo corte en el estómago. El fin de la pelea ya había llegado y sólo le quedaba una estocada para acabar con él; pero de pronto, los músculos de los brazos le quemaban, todo el cuerpo le quema y ella comenzó a convulsionarse dejándose caer de rodillas a escasos metros de él. La criatura no dudó en aprovecharse de ese brusco cambio de suerte, por lo que intento morderla para despedazarla y con gran esfuerzo, la pelirroja usó sus espadas para parar la mordedura. Bestia y shinigami, empezaron a forzar sin ceder un ápice, mientras la shinigami notaba menguar su energía.

Impaciente por notar la sangre de la joven en sus fauces, el hollow consiguió propinarle una patada a Suna, que salió disparada hacia atrás. Maltrecha y con la sangre bullendole como lava en sus venas y arterias, la joven escuchaba los pasos de la bestia, acercándose lentamente mientras disfrutaba con su debilidad. La criatura se acercó y depositó uno de sus enormes pies sobre el estómago de ella. La joven gritó de dolor y sin querer soltó sus espadas. El hollow apartó la pierna de su víctima, pero sólo para asestarle una patada directa a la cabeza. Esta vez la shinigami pudo defenderse y paró el golpe con un brazo, que para horro de Suna, pronto comenzó a hundirse en el cuerpo de la criatura. Asqueada, intento huir, pero sólo consiguió hundirse hasta el codo.

-Ser-as mis nuevos bra-brazos.

Off: Espero que no haya mucha ida de pinza por haberlo acabado tan tarde -.-

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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Kobayashi Hayato el Lun Mayo 16, 2011 8:41 pm

Mientras andaba detrás de Suna, Hayato se secó con la manga la sangre que le caía por la sien. Tuvo que tragar saliva, al ver con cuánta intensidad había quedado teñida de rojo la manga blanca del keikogi de aprendiz. Sentía el líquido caliente resbalando también por su nuca, desde la herida en la parte posterior de su cabeza. Podía notar como el cuello del keikogi se iba volviendo duro y áspero, a causa de la sangre que se acumulaba en el tejido. No hacía falta que nadie se lo dijera: si no hubiera sido por el nuevo poder de Genma, no habría tardado mucho en marearse o perder el conocimiento. Tragó saliva, pensando en lo que un monstruo como aquel podía hacerle si llegara a desvanecerse. Aquello ponía las cosas todavía peor: si no conseguían librarse del hollow pronto, su shikai terminaría y los inhibidores del dolor de Suna dejarían de hacer efecto. Si ya lo tenían difícil tal y como estaban, ¿qué posibilidades podían tener si él corría peligro de desmayarse y la pierna de ella no la sostenía? Como más lo pensaba, más le costaba mantener la calma y seguir a Suna sin lanzar miradas nerviosas alrededor. ¿Cuándo se dignaría aquel bicho a salir de su escondite?

Te harías un favor si te tranquilizaras... -Dijo la voz de Genma en su cabeza. Aquello no le ayudaba, precisamente, pero debía reconocer que tenía razón.

Finalmente, un grito. Apenas tuvo tiempo de girarse y ver al monstruo chocando contra las espadas de Suna.

¡Lento! -Genma sonaba indignado. Se moría de ganas de probar la sangre de aquel Hollow, y que su portador fuera un crío inexperto le enervaba sobremanera. ¿Cuándo aprendería a manejarle como era debido?

Pero antes de que Hayato tuviera tiempo de echar mano a la espada, aquella bestia ya se estaba derritiendo. Contempló con ojos atónitos y creciente inquietud como nueve figuras brotaban del suelo. ¿Nueve? ¿Ahora tenían que luchar contra nueve de esas cosas?

Entonces lo vio claro.

Su poder no ha aumentado -pensó, y aquella súbita certeza a punto estuvo de hacerle estallar en carcajadas de júbilo-. ¡Su poder no ha aumentado! Sólo está dividido en nueve partes.

Ya era hora de que usaras un poco la cabeza -le reprendió Genma-. Ahora, ¿por qué no usas también un poco las manos y me desenvainas antes de que te caigan encima?

Ciertamente, un instante más de demora hubiera sido fatal. Hayato tuvo el tiempo justo de desenvainar y partir a una de aquellas bestias por la mitad antes de que saltara sobre él y lo derribara. Haciéndose a un lado, consiguió esquivar la carga de la segunda de aquellas monstruosidades; y bloqueó con Genma el ataque de la tercera. Pero la cuarta apareció de la nada, saltando desde detrás de su propio clon y lanzó un salvaje zarpazo, demasiado rápido para poder detenerlo.

¡Shunpo, maldita sea! ¡Salta!


Hayato obedeció sin pensarlo. Desapareciendo de la trayectoria de la garra, reapareció a la espalda de su atacante, pero aún mientras lo hacía sintió un dolor agudo en el hombro izquierdo. Se dio la vuelta tras el shunpo, viendo el desgarro en la manga de su gi, cuyos bordes comenzaban a empaparse de sangre de aquella nueva herida. Varias gotas de aquel líquido rojo brillaban en la garra del monstruo. Si hubiera tardado apenas un momento más en apartarse, habría tenido que contemplar también su brazo caído en el suelo.

¡No tienes tiempo de pensar en eso! ¡Ataca!

Hayato ya no se paraba a cuestionar las instrucciones de Genma: simplemente obedeció. Volviendo a la posición de guardia, se preparó para cargar contra aquellas criaturas que estaban ya dándose la vuelta para volver al ataque.

¡Así no, idiota! ¡Desde donde estás!

¿Eh?

¡Tú ataca!

Aunque su mente seguía sin comprender, sus músculos se movieron solos, como si su cuerpo hubiera captado instintivamente algo que su mente sencillamente rechazaba. Blandió la espada en el aire, sintiendo como por un momento Genma abandonaba su mano, regresando a ella casi instantáneamente. A cinco metros de él, un clon del hollow cayó al suelo, abatido en mitad del gesto de lamer la sangre de su garra.

Quedaban dos. Uno de ellos acababa de darse la vuelta, pero el otro, el que había saltado sobre él en primer lugar, venía desde lejos y con carrerilla. Volvió a abalanzarse sobre él, como un tigre sobre su presa.

Esta vez no hizo falta que Genma le gritara. Esperó hasta que las patas posteriores de la bestia se hubieron despegado del suelo y volvió a apartarse con un shunpo. Apareció justo al lado del otro bicho, quien apenas tuvo tiempo de girarse con un gesto de sorpresa antes de que el filo de Genma le partiera la máscara. Tres vencidos, quedaba uno.

Y el que quedaba parecía cada vez más cabreado, tras sus dos cargas infructuosas. No importaba: no habría una tercera. Desde donde estaba, Hayato blandió a Genma en un movimiento horizontal. Otra vez la misma sensación: su mano vacía por un instante, y de nuevo la zanpakutou aparecía en ella, satisfecha, orgullosa. Sin comprender qué le había ocurrido, la bestia se desplomó. Hayato contempló como su cuerpo se fundía de nuevo en aquella masa repugnante, que pareció querer ir al encuentro del ser del que provenía.

¡El ser del que provenía! Hayato levantó la vista, reprochándose por haber olvidado que había cinco criaturas más, y una shinigami, en el combate con él. Por unos instantes, el resto del mundo había desaparecido y sólo habían importado las cuatro copias, él y la creciente satisfacción de Genma. Pero, ¿qué había pasado alrededor mientras tanto?

De las nueve criaturas, sólo quedaba una. Hayato alcanzó a ver otros charcos de materia informe reptando por el suelo. No podían permitir que volvieran a encontrarse, no ahora que el poder del hollow se había dividido y la victoria parecía algo más que una quimera. ¿Pero cómo detenerlos?

Suna estaba luchando con el monstruo que quedaba en pie, aparentemente sin prestar atención a los charcos de materia en movimiento. Un grito de dolor rasgó el ambiente, provinente del monstruo. Hayato contempló con emoción como los brazos de aquel ser habían casi desaparecido, y la shinigami le abría una herida en el estómago. ¿Podrían derrotarlo ahora que estaba debilitado, antes de que se recuperara? Se dispuso a acudir en ayuda de Suna, cuando, ante sus ojos incrédulos, ella comenzó a convulsionarse y cayó al suelo. ¡Maldita sea! ¡Ésto era lo que ocurría cuando uno jugaba con drogas en mitad de un combate!

Las cosas se estaban poniendo feas para ella. El hollow no iba a desperdiciar una ocasión así de acabar con su adversario, y algunos de los charcos que habían sido sus copias ya estaban volviendo a unirse con su cuerpo.

Puedo liberarla, pero tendrás que blandirme con todas tus fuerzas... -Genma hizo una pausa y, por primera vez, le dijo algo que casi sonó amable-: Lo siento por tu brazo izquierdo.

No importaba. Si aquel ser absorbía a Suna, nada en el mundo podría evitar que Hayato fuera el siguiente. Empuñando la espada con ambas manos, el chico puso todo el reiatsu que le quedaba en un último golpe.

Genma desapareció, luego volvió a aparecer, y justo a tiempo. Hayato tuvo que clavarla de punta en el suelo para mantenerse en pie. Había gritado de dolor al sentir la herida de su hombro abrirse, los tendones desgarrarse por el esfuerzo al que les había sometido, estando dañados. Ahora apenas podía mover el brazo izquierdo, pero poco importaba. Tampoco habría tenido fuerzas para hacerlo.

El grito del hollow fue aún mayor que el del chico. Saltó, aulló y se retorció de dolor. No estaba muerto, pero gran parte de su inmunda barriga había sido seccionada y ahora caía como derritiéndose alrededor del brazo de Suna, que había quedado efectivamente liberada del monstruo, tal y como Genma había prometido. Hayato sonrió, con unos labios que cada vez eran más pálidos a causa de la pérdida de sangre.

Ahora todo dependía de ella...
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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Shiroi Suna el Sáb Mayo 28, 2011 8:09 am

Todo pasó muy deprisa. Gritos, sangre por todas partes, la quemazón que sentía por todo el cuerpo. La vista se le nubló, todo era muy confuso. Vamos a morir.

El cielo s e iluminó con una luz blanca que lo cegó. No sabía muy bien qué era, pero algo le decía que si se dejaba envolver por ella podría hacer algo para ayudar, podría conseguir que no volviese a suceder y quizá poder perdonase por todo lo que había sucedido tiempo atrás.

Sentir un cuerpo físico era algo extraño cuando siempre has sido ligero, era como estar encerrado pero a la vez libre, ya que ahora experimentaba sensaciones que antes sólo había podido sentir como un eco a través de Suna.

Volvió a la realidad. A sus pies, el hollow que tantos problemas había causado a los dos chiquillos ahora intentaba acercarse a Hayato para poder alimentarse de él y regenerarse. Kurayami se acercó a él ignorando el dolor que sentía en su pierna y le agarró de cuello. La bestia intentó zafarse incluso pegarse a su cuerpo, pero por alguna razón no podía, algo había cambiado en aquella chica.

-Mírame.

El hollow giró la cabeza, pero la fuera de la pelirroja era enorme y apretó su cuello para que sus miradas se cruzasen. Algo había cambiado y a pesar de lo herido que estaba la criatura lo notaba. La joven ya no era la misma, su reiatsu era diferente y su fuerza mucho mayor.

-¿Quién e-eres?

Kurayami sonrió fríamente, posó su mano libre sobre la máscara del monstruo y la aplastó sin esfuerzo. La criatura desapareció al instante. Miró a su alrededor y observó que las llamas y el humos e habían disipado bastante, dejando paso a un nuevo amanecer. Los rayos de sol acariciaron su piel reconfortándole y provocándole una serenidad que habría creído imposible en el degenerado mundo de los humanos.

Escuchó los gemidos de Hayato. Si no lo trataba ya, moriría, así que buscó entre los potingues de Suna y encontró algo para cerrar su herida. Se colocó cerca del joven y con delicadeza le echó aquel brebaje sobre el amasijo se sangre y piel. La herida cicatrizó, pero no sería bueno que se moviese, porque volvería abrirse y moriría desangrado.

Parecía que ya no había peligro y algo dentro de él le indicaba que la legítima dueña del cuerpo que ocupaba quería recuperarlo. Todo volvió a ser blanquecino para Kurayami, pero no se apenó por volver, había conseguido ayudar a su querida Suna.

Suna abrió los ojos, apenas podía moverse, pero se sentía como si viniese de un lugar reconfortante y… ligero.
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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Kobayashi Hayato el Sáb Jun 04, 2011 2:42 am

La escena se volvía borrosa. Las piernas habían comenzado a temblarle, el mundo le daba vueltas y todo cogía un tinte cada vez más irreal. Incluso podría haber creído que todo era una pesadilla, si no le dolieran tanto las heridas.

Le costaba respirar. Apenas si le quedaba el suficiente reiatsu para no desmayarse y el dolor que le llegaba simultáneamente desde la cabeza y el brazo le atenazaba sin piedad, impidiéndole concentrarse en otra cosa que no fuera permanecer en pie. Se sentía la cabeza embotada y obtusa.

A través de aquel cúmulo de despropósitos, todavía fue capaz de vislumbrar la lúgubre figura del hollow dirigiéndose hacia él. Los ojos se le llenaron de lágrimas, el pecho de frustrada amargura y su cabeza se movió en impotentes negativas, resistiéndose a creer lo que veía. ¿Y Suna? No podía verla. ¿Había fallado? Entonces estaban muertos los dos. No. Peor...

Aquel ser iba a devorar su alma, iba a absorberle y convertirle en una macilenta parte de sí mismo, a sumirle en un infierno de dolor e ignominia por toda la eternidad, y ni siquiera tenía fuerzas para tratar de impedírselo. Futilmente, levantó la punta de la espada del suelo y trató de retroceder y defenderse, pero su cuerpo tambaleante ni siquiera podía mantener la posición de guardia. Cuando el ataque llegara, no habría manera de que pudiera detenerlo. Estaba perdido.

Entonces la vio. Era el cuerpo de Suna, pero no se movía en absoluto como ella. El reiatsu que emanaba tampoco era exactamente el mismo: tenía un tinte más rudo, más masculino. ¿Qué había pasado? La escena se desarrollaba frente a sus ojos como si él ya no tuviera nada que ver con ella, como si todo fuera una alucinación descabellada. Reparó, con la diversión absurda del que ya se ha evadido de la realidad, que Suna hablaba con voz tosca y más grave de lo normal, casi casi como la de un hombre. De repente, Suna parecía tener reiatsu de hombre, moverse como un hombre, hablar como un hombre... ¿Suna era un hombre? Tenía gracia. Y pensar que al principio le había parecido mona...

Eso fue lo último que recordó haber pensado. Cuando volvió en si, tenía la espalda apoyada contra una pared de escombros y alguna cosa rara sobre las heridas. Le dolía todo el cuerpo, como si le hubiera arrollado una manada de rinocerontes, y apenas era más consciente de lo que había ocurrido que si acabara de despertar después de una noche de borrachera, con una monstruosa resaca y océanos -más que lagunas- de memoria. La cabeza parecía que la iba a estallar cuando, poco a poco, fue recordándolo todo: Boshi, Suna, los dos hollow... y Genma. Reparó en que aún tenía la espada en la mano, ahora fría y silenciosa, como lo había estado siempre.

Descansa, demonio... -pensó, einvainándola. Constató sorprendido que, aunque le dolía como si se lo estuvieran arrancando, podía volver a mover el brazo izquierdo.

Sus ojos contemplaron la plaza derruída. A lo lejos, la cabeza cortada de Boshi confirmaba que todo aquello, en efecto, había sido real. Cerró con fuerza los párpados y, al hacerlo, sintió sus pestañas aún húmedas: no podía haber estado inconsciente mucho rato. Siguió recorriendo la escena y sus ojos toparon finalmente con Suna. Estaba en el suelo, y parecía inconsciente, aunque su pecho se movía lo suficiente para confirmarle que seguía viva. Sobreponiéndose a su sonrisa de alivio, en su mente se formó una pregunta: si tanto Suna como él habían perdido el conocimiento, ¿quién les había salvado? Le parecía recordar una figura cogiendo al hollow por el cuello, pero el resto era todo muy confuso.

Trastabillando, se acercó hasta la chica. Se dejó caer a su lado y la sacudió levemente, tratando de despertarla.

-¿Suna?

Mientras la movía, esperando a que volviera en sí, un curioso pensamiento apareció, como un destello, en su mente. Le resultaba familiar, como si ya lo hubiera pensado antes, pero no por ello dejaba de ser surrealistamente absurdo:

Suna es un hombre...
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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Shiroi Suna el Sáb Jun 11, 2011 12:24 am

Todo estaba oscuro y la shinigami pensó que alguien había apagado la luz. Comenzó a vagabundear de un lado a otro buscando una salida, pero cada vez que encontraba un destello de luz, una sombra sin cuerpo la empujaba y le hacía caer, perdiendo la posibilidad de llegar a alguna parte. No notaba ni frío ni calor y era ligera como una pluma y sin embargo, era lo suficientemente corpórea como para que la tirasen al suelo como a una muñeca.

Comenzaba a estar cansada de aquel ser molesto y estaba a punto de sacar su zampakuto para acabar con su vida; entonces, la sombra dijo su nombre.

Suna abrió los ojos y se encontró con la mirada de Hayato que mostraba preocupación y desconcierto. La pelirroja se irguió como pudo apoyando un poco el joven, pero apenas pudo sentarte porque el cuerpo no le respondía bien. Con la mente embotada pensó en lo que había pasado antes de caer en la inconsciencia y recordó el hollow. Miró con ansiedad a su alrededor, pero no sentía ningún reiatsu ni nada peligroso. No comprendía qué había pasado, pero sentía que había pasado algo importante y no era capaz de recordarlo. Al menos estamos vivos.

-Hayato ¿Qué ha pasado?

Necesitaría un tiempo para recobrar el suficiente reiatsu como para poder levantarse y no sabía el tiempo que habría pasado desde que se fueron, pero sabía que tendrían que esperar bastante hasta que llegara alguien. Observó su pierna herida. Tenía un aspecto horrible, tendría que ponerse un poco de ungüento para que se curase un poco. Se había convertido en una carga y no entendía nada.
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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Kobayashi Hayato el Sáb Jun 25, 2011 11:30 pm

Hayato negó con la cabeza.

-No lo sé, Suna -confesó-. Algo nos ayudó. O alguien. No lo vi.

Trató de recordar algo más, pero una punzada de dolor detrás de los ojos le obligó a fruncir el entrecejo. Se llevó la mano a las sienes en un vano intento por detener el mareo. Quizás no fuera el mejor momento para exigirle esfuerzos a su maltrecha cabeza.

Se masajeó las sienes con el pulgar y el corazón, sintiendo arremeter la sensación de vértigo. Respiró profundamente, como le habían enseñado una y mil veces, tratando de despejar su mente, mientras dejaba que sus dedos resbalaran por su frente hasta encontrarse sobre el puente de su nariz.

La amenaza inmediata había pasado, pero eso no significaba que estaran fuera de peligro. Tanto las heridas de Suna como las suyas necesitaban ser tratados, y ni uno ni otra parecían tener grandes habilidades con el kidou de sanación.

Hayato miró alrededor, en busca de una ayuda que no llegaba.

-¿Crees que vendrán a buscarnos? -preguntó.
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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Shiroi Suna el Vie Jul 08, 2011 3:44 am

Escombros y más escombros, no había señal alguna de vida allí, era como estar en un paraje posapocalíptico , con la incertidumbre de la muerte como compañía.

La pregunta de Hayato hizo que Suna volviese a la realidad. Ella era la mayor del grupo y debía mostrarse segura ante cualquier situación, aunque tuviese las mismas dudas y el mismo desazón que aquel pobre chiquillo. Con gran esfuerzo, la joven se acercó un poco más al joven para rodearle los hombros con uno de sus brazos. Hacía mucho tiempo que no confraternizaba con nadie y no recordaba ya que tipo de contacto podía ser violento para una persona, a la que no se conocía mucho. No obstante, como sólo era un chaval, pensó que lo mejor en aquellos momentos sería algo de contacto humano.

-No te preocupes, joven Hayato, no noto ninguna presencia enemiga- dijo mientras le propinaba unas pequeñas palmadas justo donde estaba herido-. Venga, anima esa cara, que si salimos de esta te invito a una cerveza en las periferias, que seguro que con tu edad no has visto mucho más allá del Seiterei.
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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

Mensaje por Kobayashi Hayato el Jue Nov 22, 2012 9:26 am

Kobayashi enrojeció. No. Efectivamente, no conocía nada mucho más alla del Seterei. En realidad, no podía decirse que conociera muchas cosas. Prácticamente nunca había abandonado la mansión de la familia a la que había servido hasta el momento de ingresar en la Academia. Y, cuando lo había hecho, había sido para realizar un recado, algo que estaba acostumbrado a hacer con rapidez y diligencia. Saltarse ese plan era algo que estaba totalmente fuera de su mente... Y, de lo otro, mejor ni hablar.

-Los niños no deben tomar alcohol... -dijo, repitiendo las palabras que tantas veces había oído... ¿de quién? ¿de su padre? ¿de su madre? Tal vez de ambos, tal vez de ninguno. Él qué sabía. En aquel momento sólo sabía que le dolía todo, que comenzaba a tener frío y que el brazo de Suna sobre sus hombros y en contacto con sus heridas le estaba haciendo ver las estrellas, pero también era lo más blando y cálido que había alrededor.

-Ojalá no tarden... -comentó, cambiando totalmente el tono para añadir-: -Como sigas apoyándote ahí, se me va a caer el brazo
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Re: Sydney, 1875 [Flashback]

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