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Blanco y en botella (II)

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Re: Blanco y en botella (II)

Mensaje por Hideyori Taira el Vie Jun 11, 2010 10:12 am

Tras aquel magnífico ejemplo de cómo no se siguen las órdenes de un superior directo en plena misión, y su consecuente resolución por parte de Taira, el arrancar de la 8º Sección - Izuna - tuvo la desacertada idea de ir a sentarse.

Pero, por no juzgar al pez antes de coger la caña, convengamos en que el acto de sentarse no era malo en sí mismo, ni estaba penado según ninguna ley vigente -de momento- en Hueco Mundo. En su lugar, lo que lo convertía en una maniobra imprudente era hacerlo mientras sus compañeros de cacería todavía andaban batallando contra el enemigo restante. Más imprudente, si cabe, por el hecho de haberse ausentado de una manera descaradamente consciente durante el tránsito de la misión, incurriendo en un relativo desacato a las “indicaciones” de nuestro protagonista.

Pero lo desacertado rozaba lo peligroso cuando un individuo con tal expediente a sus espaldas iba a sentarse justamente al lado de aquel que había tenido que realizar su trabajo en su lugar, y que era, precisamente, el mismo que le había indicado cuál debía ser su objetivo.

Pero todo ello es poco menos que insignificante cuando tenemos en consideración un quinto y último factor:

Se había sentado sobre la presa de Taira.

Suponga el lector, para mayor comprensión, la existencia de un individuo con tendencia a la violencia irracional, de una edad aproximada de cuatrocientos años. Ahora sométalo a las circunstancias, si es que le es posible, de hallarse en un ambiente opresivo de continua caza y violencia; sintiendo y despachando la muerte para el desayuno, el almuerzo y la cena, todos los días de su longeva existencia. Como resultado obtendrá una bestia voraz, de instintos asesinos, y cuya mera naturaleza irracional lo convierte en un peligro para todo aquello que lo rodea. Esto es, un Hideyori Taira en un día corriente.

Ahora someta a dicho individuo a una serie de obstáculos a sus propósitos, véanse combates entre subordinados, desacato, y persistentes trabas que se interponen entre él y su presa, y merman su ya de por sí escasa paciencia. Una vez hecho todo esto, habrá llegado a comprender ínfimamente – si es que es posible en lo más mínimo- la inestabilidad psicológica de nuestro personaje en la situación previa a que Izuna hiciese su última y fatal intervención.

Ahora aplique los primeros cinco factores.

Con todo ello, y aún sin tener en consideración las tendencias posesivas para con sus presas de todo hollow, casi por el mero hecho de serlo; juzgue el lector iba a ser del agrado de nuestro protagonista el hecho de que aquel arrancar llegase ahora y se sentase sobre la presa de Fracción como si fuese suya propia. Nosotros ya tenemos un veredicto…

¡Pero no adelantemos acontecimientos! En primer lugar, daremos cuenta de la acción allí presente, a modo de retrato de lo que en esencia percibía Taira del campo de batalla:

Tras el pequeño fracaso de la subordinada del 2º Fracción, el Menos en forma de vegetal antropomorfo había logrado “desglosarse” en distintas entidades. Por una parte, dos guerreros-árbol habían acometido contra Carolyn, con tan mala fortuna que esta acabó empalándolos primero, y decapitándolos después. Por otra, una tercera entidad, bastante más similar a la inicial que las otras dos, se hallaba en el centro del campo de batalla, dirigiendo una serie de raíces subterráneas que acabarían errando en su propósito de ensartar a Mekhet.

En su lugar, el Fracción había logrado intuir – con bastante destreza, dicho sea de paso – el ataque, esquivándolo con presteza y disponiéndose a atacar. Así, y tras una breve referencia a su ya encarcelada sierva, liberó su Resurrección. Una vez más, una ola de reiatsu salió despedida junto con la liberación del verdadero poder del Fracción, dando paso a una serie de grotescos cambios en su cuerpo. Cambios que se apresuró en aprovechar, acometiendo de inmediato contra aquel que había dirigido las férreas raíces en su contra. Varias vueltas alrededor de su enemigo le fueron necesarias para hallar al fin el momento y lugar indicado donde atacar: aprovechando el desconcierto de su rival y un fatal descuido, encontró su espalda descubierta.

Sus garras se hendieron en la durísima armadura de su rival apenas unos centímetros, y sus colmillos quedaron presos en la imprevista coraza desarrollada por el Menos a modo de protección. Al parecer, Mekhet había errado en su propósito.

La gutural risa de su rival resonó en todo el claro, al tiempo que elevaba su reiatsu para asestar el golpe definitivo a unos cazadores que, de un segundo a otro, se acababan de convertir en presas:

Poco después de haber cercenado Carolyn las cabezas de sus oponentes, y apenas estas hubieron caído al suelo; se abrieron cual crisálidas para dejar emerger de su interior una serie de raíces que, por su tamaño y extensión, daban el mismo efecto que noventa y nueve payasos saliendo de un mismo coche biplaza.

La lógica quedó pues en entredicho cuando de los cráneos amputados de sus rivales surgieron las cadenas que atarían de pies y manos al suelo a la arrancar; fijándose simultáneamente a la tierra bajo ellas, y dejándola en posición de crucificada a escasos centímetros sobre el suelo. Y no quedando con esto satisfechos, los cuerpos sin cabeza se levantaron cual no-muertos, empuñando de nuevo sus rudimentarias armas contra una Carolyn que se hallaba ahora indefensa. De un momento a otro, y si nadie lo impedía, darían la misma sentencia a la niña de Okami que ella misma les asestó segundos antes.

Y todo esto aconteció apenas unos instantes después de que Izuna, sentado sobre su inmerecido asiento, preguntase: "¿hay algo que usted haya visto y yo no?"

Y es en este punto en el que el Noveno Fracción, con su siempre enigmática media sonrisa, se echó ligeramente hacia atrás sobre su asiento y entornó el rostro hacia el arrancar, contestando:

— De hecho…sí. — una brevísima pausa y una mirada maliciosa. — Acabo de darme cuenta de que al final quizás sí que sirvas para algo.

De inmediato, la palma abierta de su mano izquierda apareció posada sobre el rostro del arrancar, rozando ligeramente su faz – de seguro incrédula – antes de empujarla con ferocidad hacia el frente, dirección hacia Carolyn y sus inminentes verdugos. Además, y en el momento final de empuje, la fuerza del lanzamiento se vería drásticamente aumentada por una especie de Bala "atenuada" que nuestro protagonista no dudó en estrellar contra el rostro de su particular bola de cañón.

Así pues, el arrancar salió volando cual orgánico proyectil rumbo al frente, impactando violentamente sobre - en contra de los deseos de Taira - sólamente uno de los cuerpos decapitados.

— Tsssss…— se lamentó Taira — ni siquiera para esto…

Y justo tras la colisión sonó un pitidito ya de sobra conocido: “Piiiiip, piiiip”; seguido de la voz de la también indudablemente particular hermana del Fracción:

— ¡¡Taaaaaaaaiiiiii…!! Rei-san ya llegó a la SCL, y hemos puesto a crecer la semillita que trajo. — una pausa. — ¡Es súper chulaaaa! ¡Mira Reiii, se está expandiendo! — pasaron unos segundos más — Parece que se ha estabilizado. — el Fracción comenzó a guardar el localizador, escuchando antes de apagarlo un impaciente: “Taira, ¿os falta …?”

El Noveno Fracción sonrió satisfecho, apeándose de su asiento en el momento en que un olor familiar le llegaba, atraído por la casi imperceptible brisa que se filtraba desde el bosque. Era un olor de sobra conocido. Un olor de sobra ansiado.

Al otro lado del claro una diminuta gota carmesí se deslizaba tímidamente por el filo de una cuchilla. Por el filo de una garra, para ser más precisos. Lucian había llegado a la carne.

Acrecentando la sonrisa en su rostro, Taira se dio la vuelta, dando la espalda al campo de batalla. Así, y tras agacharse, agarró con el brazo izquierdo al Menos con aspecto de insecto, rodeándolo por el cuello y “echándoselo al hombro”, entiéndase la expresión.

Hecho esto, y emprendiendo su camino de vuelta al Amanecer, murmuró para sí mismo:

— Esto ya está sentenciado... — y añadió, en voz audible para el resto de integrantes de la expedición. — Gracias por vuestra colaboración, panecillos. Que alguno de vosotros me lo traiga a la Novena en cuanto terminéis. — el rostro del arbóreo Menos reflejaba un total desconcierto. No podía dar crédito a que le diesen por muerto por una simple incisión en la espalda. Taira giró la cabeza y volvió la vista atrás por última vez antes de partir; tornándose su expresión maliciosa. — ¡Ahh…! — exclamó. — Y no tardéis…

Y se giró definitivamente, desapareciendo del lugar con su presa cargada sobre la espalda y la inconfundible sensación de poder dar por finalizado el trabajo.

En cuanto al Menos, lo último que pudo ver antes de empezar a nublársele la vista fueron unos ojos de destellos ambarinos que parecían atravesar su cuerpo hasta llegar al alma; devorando lo más profundo de su ser en una mera mirada y una media sonrisa.

Instantes después, algo empezó a tomar control de su cuerpo…



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[OFF: Disculpad la extensión, pero con esto quiero dar por finalizada la intervención de Taira en el hilo, y prácticamente el tema en sí mismo. Espero vuestras respuestas acabando de sentenciar al Menos o lo que se precie. Por facilidad y conveniencia, vamos a alterar los turnos tras este post, dejando de nuevo paso a Lucian. Espero disculpéis las molestias que esto acarree, pero tampoco os he acabado dejando mucha opción/hilo a Carolyn e Izuna para que podáis desarrollar gran cosa, así que veo que tendréis más que poner tras la actuación de Lucian; y así vamos cerrando el tema y cambiamos de aires ^^. Quedan los turnos, pues:
Lucian Mekhet
Carolyn
Izuna
Perdonad las molestias de nuevo. Aunque veo que podéis ir finalizando el tema con esta ronda, si es necesario que entre a narrar algo más me paso; todo sea por terminar el hilo en condiciones. Por último, y como ya os indica el propio Taira, espero que al menos uno de vosotros se pase luego a postear por la 9º Sección, en Los primeros pasos. Gracias de nuevo y nos vemos por Hueco Mundo.]
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Re: Blanco y en botella (II)

Mensaje por Lucian Mekhet el Sáb Jul 03, 2010 11:55 pm

La carcasa del menos estaba resultando más dura de lo que Lucian pensaba. Apenas había conseguido penetrar en ella, y, sin duda, aun le faltaba para traspasarla. Lucian alargaba sus uñas y sus colmillos haciéndolos cada vez más finos y más largos. Sólo necesitaba que una de sus uñas atravesara y todo habría terminado. Lucian aumentaba la musculatura de sus manos y mandíbula que apretaban como si de tenazas se trataran. Necesitaba un impulso y fue cuando Lucian lanzó las cuchillas de su zampa desde la punta de sus dedos, y de repente lo sintió. Sentía su respiración, su circulación sanguínea, el palpitar de su corazón, lo sentía todo, lo había conseguido y ahora ese cuerpo le pertenecía.

Lucian centro su atención en su cuello, debía desconectar su cerebro de las acciones de su cuerpo y eso fue lo que hizo, dejándolo totalmente paralizado. Sabía que su víctima no entendía lo que estaba pasando, hacía un segundo que se sentía ganador de esta batalla y de repente todo se había terminado. Lucian no quería perderse el placer de ver su cara, esa expresión que solo podía ver cuando sus víctimas entendían que todo había acabado, para ello Lucian congeló su expresión, mientras le susurraba al oído.

-QUéDAtE qUiETeCitO, YA tE HAs DiVeRTidO bAStANtE y AHorA mE TOca A Mí.

En realidad a Lucian le habría gustado ver los resultados de la decapitación que el menos preparaba contra Carolyn, pero las órdenes eran las órdenes. Lucian se separó del menos y recuperó su forma original sin soltar la punta de flecha incrustada en la espalda de este.

Lucian corrió con impaciencia hasta ponerse frente a frente delante del menos como el niño que corre para abrir sus regalos el día de Navidad. La cara del árbol no tenia desperdicio, Lucian la analizó poco a poco mientras se relamía, las arrugas de su frente, sus cejas arqueadas mientras sus ojos giraban de un lado a otro, su boca entreabierta expulsando un sonido que su lengua era incapaz de dar forma… Sin duda, todo había merecido la pena.

- PrEPArEMOs eL pAQuETe.

Lucian miro el cuerpo de su víctima. Sin duda, sobraba muchas raíces en todo ésto. Solo le hizo falta pensarlo para que toda la madera que cubría al menos se separara de él, como si de un plátano, se tratase dejando en el suelo a una extraña masa de carne y hueso totalmente desprovista de piel alguna.

-SOra, ¡VEN!

Ahora que las raíces carecían de un dueño que las dominara, a Sora no le resulto difícil escapar de ellas, y correr hacia su amo tal y como él le había ordenado.

Apenas había terminado de salir de la tierra, cuando levanto su mirada hacia su amo justo para ver como el brazo de este la golpeaba en la cara lanzándola contra uno de los árboles que rodeaban el claro.

-ESTúpiDA, Te hE DiCHo QuE VENGAS

Sora se levanto y volvió una vez más junto a Lucian que comenzó a acariciarle la cara.

-ME hAs FaLLaDO

Los huesos de las piernas de Sora se retorcieron hasta crear millones de astillas que a su vez se fueron alargando clavándose en su carne.

-BIEn, Tu CARgaRAs cON éL.

El dolor que Sora sentía a cada movimiento solo se podía comparar con el de un millón de agujas recorriendo las venas de sus piernas. Seguramente Sora deseaba su muerte a cada paso pero no podía hacer nada, no era ella quien mandaba sobre su cuerpo.

Sora se acercó al lugar donde el menos se encontraba y lo cargó al hombro mientras sus piernas se tornaban moradas debido a las hemorragias internas.

- En cUAnTO a TI, reCUErdA qUE tIEneS UNa InVItAcIón.

Lucian, que ahora se encontraba junto a una Carolyn crucificada, se relamía con solo pensar lo fácil que le resultaría saciar la curiosidad que ésta le había despertado, pero era mayor la curiosidad que tenia sobre si realmente acudiría a la cita.

Acto seguido se dio media vuelta y comenzó a caminar en dirección a la sección de Taira.


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sorry otra vez por el retraso ><
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Re: Blanco y en botella (II)

Mensaje por Invitado el Vie Ago 27, 2010 9:45 pm

Izuna se incorporó, dolorido, más en su orgullo que físicamente pues aunque la fracción pensase que su poder destructivo era muy superior... no era así, un arrancar no difiere tanto de una fracción como para que aquel ataque representase una amenaza contra su integridad física, sin embargo tenía que admitir que le había pillado desprevenido, al parecer los arrancar tenían un orgulloso sentido de presa-trofeo que nadie podía profanar.

El peliblanco se limitó a sacudirse los ropajes quitandose el polvo que habían acumulado al ser arrastrado por la fuerza del impacto, la verdad es que su primera "misión" había resultado ser un completo fiasco, pero realmente tampoco importaba, ni siquiera formaba parte de las misiones que su propia espada podría encargarle, conseguir los objetivos o no conseguirlos era algo que al final no había dependido para nada de él, lo que significaba que su presencia en aquella misión había sido meramente introductoria.

Sin embargo tenía, o había adquirido, una gran curiosidad por las habilidades de sus compañeros, en especial por las de Lucian un tipo siniestro, sin duda, la pobre Carolyn se encontraba en un estado decrépito y era más que probable que no consiguiese sobrevivir, pero bueno...

Y Taira, Taira kun... había despertado su curiosidad pero de una manera diferente, realmente quería tener una charla con él, pero en la siguiente ocasión intervendría su propio acero para poner el acento a las palabras.

Izuna se llevó el dorso de la mano a la boca y se lo pasó, tenía un poco de sangre en la comisura de los labios, se limitó a secársela con el dorso de la mano y después escupió, se consideraba un arrancar orgulloso y bello, que realizasen cualquier tipo de desperfecto en su cuerpo era un delito imperdonable, pronto... muy pronto... Taira lo comprendería.

Como no había nada que hacer sencillamente se limitó a marcharse, no estaba por colaborar, si un arrancar no puede valerse por si mismo lo mejor sería que muriese, era la ley del más fuerte, la ley de Huecomundo.

[Siento el ENORME retraso, pero hace nada que me ha llegado la confirmación para terminar.]

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Re: Blanco y en botella (II)

Mensaje por Carolyn el Vie Sep 10, 2010 1:49 am

[[Siento el retraso, como ya dije, no disponía de Internet, como ya hemos abandonado todos la zona podéis cerrar el tema]]

Carolyn había esperado a que todo el mundo se marchase, no le gustaba mostrar sus técnicas a alguien con el que podría tener un enfrentamiento, y siendo arrancar las probabilidades de que un compañero se revolviera contra ti eran bastante altas. Los Arrancars son orgullosos y soberbios era muy común un enfrentamiento.

Si alguien la hubiese ayudado a bajar hubiese tenido problemas, igualmente si nadie le ayudaba iba a montar luego un numerito. De todas formas espero unos minutos más para poder liberar la resurrección.

- Bebe de la sangre de los débiles, Vampiro.

De nuevo su cuerpo comenzó a deformarse convirtiéndose poco a poco en una especie de serpiente alada. Podría romper aquello a lo que estaba sujeta pero le llevaría tiempo y esfuerzo. Si quería acudir a su cita debía estar rápida.

Una neblina comenzó a aparecer rodeando su cuerpo, poco a poco ella misma se iba fundiendo con ésta y a desaparecer para volver a adoptar la forma humana unos pocos metros mas adelante, liberada completamente con total movimiento.

Se agarró sus muñecas como si le hubiesen estado apretando más de la cuenta y marchó de nuevo a Hueco Mundo
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Re: Blanco y en botella (II)

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