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Palmeras, sungas y gafas de sol [Privado]

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Palmeras, sungas y gafas de sol [Privado]

Mensaje por Tatsuya Kenzo el Vie Jun 28, 2013 4:50 pm

¡¡Heeeemoooos vueeeeeltooooo!! Así es, estamos escribiendo de nuevo, como ya habrá dilucidado nuestro querido lector, si es mas inteligente que una almeja, y con tantas ganas que no nos cabe en el cuerpo. En realidad no, estábamos muy a gusto con nuestras merecidas vacaciones, y lo seguiríamos estando si no fuera por el maldito narcisismo patológico que sufre nuestro protagonista. Nos invadió en medio de nuestra sesión de spa para arrastrarnos por los calzones, literalmente, hasta una casita de dimensiones tan absurdamente pequeñas que para entrar en ella tuvimos que pegarnos a la puerta como si fuéramos ninjas. Y a punta de espada, si...de "esa" espada, nos obligó a reanudar nuestra labor. Su única justificación fue la de empezar a publicitar la cadena de "casas de placer" que acababa de poner en circulación el ex-espada. No se sabe muy bien cómo es que había adquirido el dinero para tal empresa, ni para qué lo hacía, pero convengamos en que Kenzo jamás había sido un personaje fácil de explicar, ni siquiera para nosotros que lo sufrimos en la eternidad.


La cuestión es que las casas se encontraban bajo el sutil título de "Siéntate aquí", y sus susodichas franquicias en otros paises, "Sitdown here", "M'asseoir ici", "Sedermi qui" y otros. Kenzo las describiría como un santuario de fantasías morbosas donde los pasajeros del placer encontraban su mas sentido éxtasis, pero la verdad es que eran prostíbulos a secas, con un leve maquillaje para evitar problemas legales. Las leyes humanas son tan extrañas como un mono sin cola o una jirafa sin cuello, pero basta de animales...que para eso ya esta nuestro protagonista.




Para ubicarnos en situación, sin muchos preámbulos pues estamos en menos forma que un viejo fumeta, nos encontramos en el siempre cálido, erótico y placentero Caribe, mas concretamente en una playa de Punta Cana, donde el ex-espada reposaba rascándose un...bueno...rascándose uno, bajo una sombrilla, una piña colada en la mano y las gafas de sol. No entraremos en detalle sobre su vestimenta, pues como ya estarán acostumbrados nuestros lectores de antaño, no llevaba ninguna, pero allí...justo allí, no era algo inoportuno, sino que parecía ser mas bien algo común. 


- Pastelito, traeme otra, ¿quieres cariño? - Estableció el arrancar aparentando hablarle al aire, pues cualquier humano no sería capaz de ver la presencia allí de la dama en bikini que le masajeaba los pies con suma dedicación. Una vista perspicaz podría como mucho darse cuenta de los huecos que se hacían en la piel allí donde se hacía presión en el masaje, pero aquello podría fácilmente atribuirse a un calambre o algo parecido, pero nunca, ni el mas supersticioso a un fantasma. Pero ver a una piña colada ir flotando en el aire hasta posarse en las manos de Kenzo, dejó sin habla hasta el mas escéptico de los nudistas curiosos. No cabe mas que decir que salieron corriendo, cual alma que lleva el diablo. Él lo ignoró, como la mayoría de cosas que podían estar pasando en esa playa.


- Sabes, por mas que me mueva no logro acomodarmela a gusto, este maldito estuche me va pequeño - Le decía a su fiel acompañante mientras seguía estirándose la piel de...bueno...la piel de ahí. Pastelito, acostumbrada a la ordinaria promiscuidad de nuestro protagonista simplemente le sonrió sarcásticamente, mientras se acomodaba los anteojos. - Tu lo has pedido, Kenzo-dono. Puedes sacártelo siempre que quieras - Le respondía sumisa la encargada de llevar su agenda, como si apenas le importara el asunto.


- Pero si ya lo tengo fuera, ¿Quieres que lo saque más, mujer? - Le respondió con esa sonrisa erótica que le caracterizaba a sus incoherentes discursos. E hizo un ademán con la mano apretando el puño para demostrar lo rígida que se podía poner...ehm...la "situación" si ella quería. No tuvo que proseguir con la actuación, pues Pastelito le prestaba tanta atención como una monja a un vibrador y no nos queremos referir a que ella le estuviese mirando nada...
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Re: Palmeras, sungas y gafas de sol [Privado]

Mensaje por Shihōin Katō el Miér Jul 10, 2013 12:30 pm

Vacaciones era un término que no encajaba con Kato. Más bien, para ser más exactos, el término sería “tomarse unas vacaciones”. Dado que el Shihoin había evitado, con grandes argucias y siempre que podía, sus responsabilidades y el trabajo que ellas conllevaban, así que nunca había necesitado unas vacaciones. Siempre andaba en ellas. Sin embargo, tras pasar a dirigir dos antiguos escuadrones, las tareas le habían desbordado. Su humor se fue agriando conforme aumentaba el estrés y comenzaba a acercarse de nuevo al punto donde decidió dar un giro en su vida. Aún así no quiso parar, no completamente. Le hubiera bastado con pasar unos días en el Rukongai, pero los que le conocían más cercanamente sabían que eso significaba días de excesos, alcohol y poco dormir, así que le forzaron a tomarse aquel viaje. Unas verdaderas vacaciones.

El mundo era otro debajo de aquella piel. Era la primera vez que probaba uno de esos inventos, y le costó bastante acostumbrarse. Sin embargo, ya llevaba un par de días en el Mundo Humano y ahora era capaz hasta de disfrutar de gigai. La relajación que suponía suprimir sus poderes shinigamis y pasar a ser casi un humano más, le permitía dedicar sus sentidos a otros quehaceres mucho más mundanos. Era un universo que se abría ante sí, donde percibía cada rasgo del mundo de una manera diferente. Ser humano tenía su encanto. Se sentía frágil, pero a la vez descargado de todas las responsabilidades. Además, en aquel paraje, podía vivir solamente por el placer de vivir. Al parecer era norma allá.

Su aspecto no es que fuera de lo más corriente en el mundo shinigami, pero allí tampoco pasaba desapercibido. El contraste de sus cabellos cenizos con su piel oscura atraía algunas miradas, pero sus ojos dorados, en las distancias cortas, eran su rasgo más peculiar. Era algo casi antinatural allí abajo. Su traje de baño parecía no ir a la moda, pues casi llegaba a sus rodillas a diferencia de las nimias prendas que por allí se veían. Eso tampoco es que fuera un detalle indiferente para el Shihoin, sobre todo ante la visión de las féminas que por allí deambulaban. Sabía que las humanas seguían otras modas, menos recatadas, pero aquello ya era una exageración para él.

La fina arena crujía bajo sus pies desnudos. Salía de las claras aguas, después de haber estado nadando hasta casi llevar al límite aquel enclenque cuerpo. Se dirigió a las hamacas, donde había dejado sus cosas, y aprovechó que un camarero pasaba cerca para pedir una copa. Necesitaba algo fresco y un poco de alcohol tampoco le haría mal.

Conforme se acomodaba, observó una escena un tanto atípica. Un hombre que, para variar, iba con nada de ropa, comandaba a una mujer casi como un amo ordena a un esclavo. Tenía entendido que las civilizaciones humana hacía años que habían abolido esa práctica, pero también conocía la existencia de ricachones y mujeres que harían para ellos lo que fuera. No le había gustado aquello mucho, pero se sorprendió riendo por lo bajo con uno de sus últimos comentarios. Esto, junto a que se aburría soberanamente estando todo el tiempo solo, le incitó a buscar tema de conversación. Además, había escuchado las maneras de aquel tipo. Podía olvidar las formalidades y la educación en esa ocasión.

— Un poco más de ropa no te perjudicaría, ¿sabes? — comentó sarcástico, sonriéndole por encima de su copa.

Estaba agradecido a las modas humanas por la escasez de tela en los conjuntos femeninos. Era casi como si estuviera intimando con cualquiera de ellas. Sin embargo, ver a un hombre con esas pintas, le parecía de lo más extraño y lo arrastraba hasta situaciones en las que no sabía muy bien cómo debía actuar.


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¿Me juzgas por las apariencias? No deberías, pues mi aliado es el Kidō, y un poderoso aliado es...

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