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Un día de furia

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Un día de furia

Mensaje por Lyra el Jue Jun 27, 2013 12:59 pm

Parte primera.
Farewell 3er escuadrón

-¡Wonderwall-fukutaicho! ¡¡LYRA-FUKUTAICHO!!. Yoshimura Hiroto, tercer oficial (y una de las pocas  personas con un poco de cabeza) en todo el tercer escuadrón  trataba desesperádamente de despertar a su teniente, quien a juzgar por los improperios, los gritos, y el sonido de cerámica rompiéndose contra las vigas de madera que habían salido de su despacho la noche anterior, había vuelto a emborracharse a solas y ahora estaba durmiendo la mona.

-Zzz... deja, en paz, mi sake... Uh, eh, eh, ah, ¡ah!. El teniente, sobresaltado por los gritos de su segundo al mando, dio un brinco en el futón y miró alrededor aturdido por la resaca. Cuando se situó en el mundo real buscó con la mirada al causante de que su sueño hubiera sido perturbado y lo divisó en el marco de la puerta entreabierta, acto seguido echó un vistazo por la ventana, el sol apenas haría una hora que había salido. -¡Yoshimura! Gritó con una voz impregnada de furia. -¡Cuantas veces te he dicho que no se te ocurra molestarme hasta que la comida este preparada!

-P-pero, Wonderwall-fukutaicho... ha... ha venido, un shi-shinigami, ¡quiere hablar con usted! Yoshimura tartamudeaba y temblaba como un flan, le había costado aprender la lección de no despertarlo antes de tiempo y todavía tenía la cicatriz de la brecha que Lyra le había abierto última vez que le lanzó un mueble contra la cabeza.

-¿Uh?. El rostro del teniente se tornó en una mueca de extrañeza mezclada con desprecio. ¿Un shinigami quería hablar con el? Si no era otro teniente o capitán, no tenía la necesidad de responder ante el, así que decidió seguir durmiendo. -Dile que se largue. Se limitó a contestar a la vez que volvía a colocar su cabeza sobre la almohada y se giraba, dándole la espalda a la puerta y dispuesto a volver a sumirse en profundo sueño.

-¡Pero teniente! ¡Viene del Primer Escuadrón! Dice que está aquí para llevar a cabo una inspección o algo así...

Los ojos de Lyra se abrieron de par en par. Estaba jodido. -¡Jodido inútil! ¡Por que no has empezado por ahí! ¡Te meteré unos sesos de cabra por el oído para que así haya algo de cerebro en esa cabeza hueca que tienes! ¡Dile que espere! Le gritaba a su subordinado mientras se incorporaba de un brinco. Su aliento apestaba a alcohol, su uniforme estaba totalmente arrugado, como de costumbre, y su cabello totalmente despeinado. El suelo del despacho estaba lleno de fragmentos de cerámica de vasos y botellas de sake que, de alguna forma, se habían roto de alguna forma que no alcanzaba a recordar con nitidez. El teniente escondió la botella vacía de sake que había dejado a su lado durante la noche bajo el futón justo a tiempo para que la puerta se abriera de par en par y la sombra de un segundo shinigami se proyectará sobre el suelo del despacho. El teniente se giró lentamente y posó la mirada sobre su indeseado invitado. Cumplía los estándares de un shinigami del primer escuadrón, estatura media, cabello oscuro repeinado hacia atrás, rostro anguloso y adusto adornado con unas gafas rectangulares de montura metálica simétricamente colocadas sobre su nariz. En su mano llevaba una pluma negra y un bloc de notas en el que pronto estaría escrito un extenso informe que le arrebataría al tercer escuadrón toda la reputación que le quedaba, si es que le quedaba.

-No hará falta que me haga esperar, Lyra-fukutaicho, le insistí a su subordinado en entrar y llevo un rato detrás de la puerta. Lyra contuvo el impulso de agarrar la botella que acababa de esconder y lanzarla a la cara de su tercer oficial. La forma de hablar del inspector era tan fría como su aspecto, con un tono seco y aquella cortesía fría que escondía una nota de disfrute sádico. -Mi nombre es Shinkoku Kokūn. Yoshimura, que se había quedado congelado de terror ante la confesión del enviado del primer escuadrón, no pudo evitar que se le escapara una sonrisa al escuchar su nombre, lo que le fue respondido con una fría mirada por parte del shinigami.  -Estoy aquí en misión del primer escuadrón para evaluar e informar a mis superiores sobre el estado de este escuadrón, sus integrantes y su mando. Se me ha otorgado completo acceso al edificio y todas sus instalaciones y mis preguntas han de ser respondidas como si fueran efectuadas por el propio Comandante de la Sociedad de Almas.
El shinigami se acercó a Lyra, caminando tan erguido que parecía que le hubieran metido una barra de hierro por el culo. Metió la mano dentro de su keikogi y sacó una hoja de pergamino plegada varias veces, entregándosela a Lyra. Este la abrió y la miró detenidamente, de arriba a abajo, dibujando en su cara un rostro adusto y de entendimiento y asintiendo de vez en cuando. La verdad era que no sabía leer, en el orfanato nunca le habían enseñado y pasó los exámenes de la academia copiando y amenazando a sus compañeros para que le hicieran las tareas, pero tampoco quería darle mas motivos a aquel estirado shinigami para que le pusiera a parir en su informe, al fin y al cabo le iban a sobrar... lo que si sabía era reconocer el sello del primer escuadrón, lo que le hizo suponer que todo estaba en orden. -Bueno, parece que está todo en orden. Volvió a plegar la hoja y se la devolvió al shinigami. ¿Por donde quiere empezar entonces, Shinkoku-san?

______________________

-Bueno... y por último, este es el almacén. Lyra estaba cansado, sala a sala el enviado del primer escuadrón había inspeccionado hasta el último rincón, siguiendo siempre el mismo proceso: rodear la estancia con una mirada de desprecio, chasquear la lengua de forma recriminadora y apuntar algo en ese estúpido bloc de notas. Al abrir la puerta del almacén una nube de humo de tabaco escapó voluptuosa del recinto, provocando que Shinkoku comenzara a toser. La sala estaba en penumbra, iluminada por la tenue luz de unas pocas lámparas de aceite dispuestas en una enorme mesa de madera redonda donde se encontraban sentados ocho shinigamis, jugando a las cartas y bebiéndose las provisiones de sake.

-¡Poker de ases, jejeje! Exclamó uno de ellos, levantándose de la silla con energía y abalanzándose sobre la mesa, rodeando con sus brazos una montaña de dinero amontonada en mitad de la mesa para juntarlo con el resto de las ganancias del día. -¡No puede ser! ¡Maldito tramposo!  Exclamó uno de sus compañeros, saltando por encima de la mesa y agarrando al ganador por el cuello del keikogi. Lyra miró de reojo al shinigami que le acompañaba, quien miraba la escena con aquella expresión impasible que le caracterizaba. El teniente carraspeó, su puño temblaba violentamente y una vena en su frente comenzaba a incharse tanto que parecía que iba a estallar. Los shinigamis detuvieron su pelea y el que acababa de ganar la jugada le dedicó una mirada al teniente. -¡Buenos días fukutaicho! ¿Que pasa, usted y su amigo quieren unirse? Comentó.

-Bueno, creo haber visto suficiente, el primer escuadrón se pondrá en contacto con usted, Wonderwall-fukutaicho.

Tan pronto como el shinigami atravesó la puerta Lyra se abalanzó contra los shinigamis, agarrando la mesa de póker y volteándola en el aire, cayendo esta sobre uno de sus subordinados. -¡AAAAGH, PERO SE PUEDE SABER QUE COÑO HACEIS! Gritó mientras agarraba a uno de sus subordinados por el cuello y lo estrellaba contra la pared, manteniéndole despegado del suelo. Este, pataleando, masculló. -Verá teniente, Hot-Hotaru hoy tenía asuntos pendientes así que me ocupé de organizar la partida por ella, no imaginé que se enfadaría tanto teniente, ¿es por que no le avisamos para jugar?. Como no, estaba tardando en salir su nombre... aquel demonio de pelo albino, había tratado de ser permisivo con ella, había tratado de que rectificara y al final había comprometido al escuadrón entero. Lyra soltó al shinigami, que volvió a tocar el suelo con un suspiro de alivio,  y salió corriendo, quizás hubiera alguna oportunidad de solucionar aquel desastre. No podía permitirse perder el escuadrón, la placa de teniente era lo único que Iruna le había dejado antes de morir. Era el único recuerdo que le quedaba de su capitana, su última voluntad había sido que cuidara del escuadrón hasta que ella regresara... y había fallado.

Lyra alcanzó al revisor en la puerta del escuadrón, quien se giró al escuchar los sonoros pasos del teniente y, por primera vez, aquel frío hijo de puta mostró una afilada sonrisa. -¡Espera...! yo... Lyra se tragó su orgullo y se arrodilló ante aquella persona que tanto había llegado a despreciar en apenas unas horas. -Por favor, le ruego que omitiera algunos detalles de ese informe, no se que pasaría si llegara a perder el mando de este escuadrón. No podría vivir a sabiendas que he mancillado el recuerdo de la Capitana Iruna, yo... le juro que impondré mano dura, que las cosas cambiarán...

-Tsk, tsk, tsk... Wonderwall-fukutaicho, o mejor dicho, Lyra-san... vas a caer. No solo eres un líder vago y carente de autoridad, sino que además eres una especie de desequilibrado mental. Procrastinar es la regla de vida del Tercer Escuadrón y, no es solo culpa de que ninguno de sus líderes ha sido capaz de lidiar con la insubordinación de sus miembros. Lo mejor que podría pasarle al tercero es que murieras. ¿Sabes? Cuando murió la inepta de tu capitana me alegré, pensé que quizás su sucesor pudiera haberlo hecho un poco mejor, pero no, dejó a un inútil como tu al mando que ha conseguido empeorar lo que parecía que no podía caer mas bajo. A medida que el discurso avanzaba el rostro del oficial del primer escuadrón pasaba de ser una mueca de burla a una de odio.

El teniente del tercero se quedó unos segundos quieto, temblando de la ira, asimilando las palabras que acababa de escuchar -¿Que... ha... dicho... de Iruna-taicho..? Susurró. Lyra podía haber ignorado los insultos hacia su persona, había sido un pésimo líder, estaba claro, pero no podía pasar por que nadie criticara a su capitana. Insultar a Iruna en su presencia era despertar a la bestia, faltarle al honor a la persona que le había sacado de las calles y le había dado un lugar al que llamar hogar. Decir cualquier calumnia frente a el de la única persona que había admirado y amado en su vida... era buscarse la muerte -¡Grrrrrrrrrrrrrrraaaaaa, te voy a matar hijo de la gran puta!¡TE CORTARÉ ESA LENGUA DE SERPIENTE Y TE LA METERÉ POR EL CULO PARA QUE PUEDAS SABOREAR LAS PALABRAS QUE SALEN DE TU BOCA! Sin darle tiempo a reaccionar, Lyra utilizó shumpo para colocarse frente al shinigami y le lanzó un directo al rostro, cayendo noqueado al suelo. El rubio le pisó las gafas, que se desprendieron de su rostro con el golpe, y comenzó a patearle el costado con todas sus fuerzas, repetidamente y sin descanso. Mientras, algunos shinigamis de su escuadrón miraban divertidos desde las ventanas y otros trataban de pararle los pies, diciéndole patadas tranquilizadores o intentando alejarlo de su rival.
______________________
"y por los motivos citados y contando con el factor de que Shinkoku Kokūn, shinigami del 1er escuadrón encargado de hacer el informe por el cual nos basamos en tomar esta decisión, calumnió y difamó la memoria de un antiguo y honorable capitán de la Sociedad de Almas, se le condena a treinta días de prisión por cargos de agresión y abuso verbal. Una vez cumplida la sentencia, se le relevará del mando del 3er escuadrón, el cual poseía de forma provisional, y se le enviará a un puesto mas adecuado con sus aptitudes"

La mariposa infernal revoloteó un rato a través de la cabeza de Lyra, quien la observaba atónito, con la mirada perdida en un mar de pensamientos trágicos. Aquella noche se volverían a oír, y por última vez, ruidos de cerámica rompiéndose en el 3er escuadrón.


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