Conectarse

Recuperar mi contraseña




Últimos temas
» Muy buenas!
Jue Abr 30, 2015 3:40 am por Kenta

» Ethernia Ehlysea {Afiliación Élite}
Dom Mayo 25, 2014 7:56 am por Invitado

» Foro RPG Naruto (Élite) (caida de botones)
Dom Mayo 25, 2014 6:04 am por Invitado

» holau gente ^^
Lun Mayo 12, 2014 6:03 am por taider kend

» Foro RPG Naruto (Élite)
Sáb Mayo 03, 2014 7:20 am por Invitado

» School of devil way [Elite]
Dom Mar 23, 2014 7:39 am por Invitado

» Attack On Titan ;; Reapertura [Cambio de Botón - Normal.]
Mar Ene 14, 2014 1:09 pm por Invitado

» Anime Rol [Élite]
Dom Dic 08, 2013 3:51 pm por Invitado

» I Want Candy! {Invitación}
Lun Nov 11, 2013 9:54 am por Invitado

» Homines Hortum || Élite [Yaoi]
Dom Oct 20, 2013 2:42 pm por Invitado

Miembros del Staff
Bleach Legend StoryDarkest Night: El foro de rol de DC Comics Never AfterHeart BlackBleach: Shadow Of SeireiteiCity of HorrorKikanKikan Sword Art Online (SAO)Mariollette Empire ~ ROLTrono de Poniente Nova Orbis











Recordatorio: El tamaño de los botones deberá ser obligatoriamente de 40x40
Shiki Topsite! Sekai Anime Top List  Kuroi Bara Lista Top  Lista Top Onigroup ROLTop4Us BRA Topsite Roleplay Monster
Este skin ha sido diseñado por Deimos y modificado por el Staff de Souls&Swords por lo que la copia o distribución de los códigos está prohibida. El código de algunas descripciones pertenece a Remember. Agradecimientos a Haru por compartir el código de la portada con nosotros.




El que busca la verdad... corre el riesgo de encontrarla [+18]

Ir abajo

El que busca la verdad... corre el riesgo de encontrarla [+18]

Mensaje por Kyuusei Yukihiro el Jue Nov 15, 2012 8:48 am

"¿Qué clase de locura estamos cometiendo?"

Tragó un suspiro de placer cuando lo besó, entreabriéndole los labios y fundiéndose como miel sobre su lengua. Yukihiro bebió de la copa que tan inesperadamente le habían tendido, quedándose medio paralizado mientras ella, revelando la urgencia que el joven a duras penas contenía, estrechaba aún más el abrazo. "Mantén las manos alejadas, no permitas que te toque de esta manera", repetía la voz desesperada de su razón, "No la desees. Maldito seas, Yuki, ¡diez mil veces maldito! ¿No eres consciente de lo que os estáis haciendo?". De alguna forma el keiko-gi del uniforme estaba abierto y le colgaba de los hombros, tan pesado, tan innecesario como el resto de la ropa. En el interior de su cabeza rechazaba vehemente cada beso y cada centímetro de sus pieles unidas, pero en cuanto la mujer se retiró para tomar aire, la garganta de Yuki emitió un ronco y angustiado sonido de pérdida. Deslizó los dedos por su cuello para rodearle la nuca y la atrajo hacia si hasta reunir sus bocas. Los cabellos rubios, tibios, suaves, los envolvían como los hilos de una araña. Era una sensación tan exquisita, tan tentadora y por tanto tiempo esperada que apenas podía pensar. A cada segundo sentía que estaba perdiendo la batalla contra sus propios deseos, que estaba tejiendo una prisión de la que jamás podría escapar. "Ya es suficiente, acaba con esto. Apártala ahora mismo" pensó febrilmente, antes de percibir que la figura apretada contra la suya se arqueaba bajo el contacto de la caricia que exploraba la espalda y terminaba su recorrido sobre la curva de las caderas. La vio abrir los ojos y de nuevo experimentó la descarga de adrenalina y la certeza de que no podría continuar resistiéndose por mucho más tiempo. Quiso soltarla, retroceder hasta el otro extremo de la habitación y acabar con esa locura, pero en su lugar hundió el rostro en el cuello de la mujer y mordió suavemente la base de este, donde el pulso delataba su excitación.

— Yuki...

Escucharla susurrar su nombre de aquella manera, con la respiración atascada en la garganta, fue lo que necesitó para terminar de rendir esa batalla. Que los dioses les perdonasen por lo que iban a hacer; seguramente lo estarían pagando por el resto de sus vidas.
Desenlazó el obi con un furufú suave, que se deslizó hasta el suelo, hacia donde no tardaron en seguirle. Yukihiro se estiró en toda su longitud sobre la voluptuosidad de la joven profesora y enterró las manos en su melena dorada. Se sentía ebrio y fuera de control. Era suya, al menos, por esa noche; no sabía qué iba a depararles esa decisión, o sí lo sabía pero no quería pensarlo. Percibía la piel de Yuka tersa y húmeda como los pétalos de una flor desplegándose, invitándole con cada roce a que siguiera tocando, besando, mordiendo. ¿Cómo podía estar mal, si era lo que ambos deseaban? Yuka alzó las piernas y lo envolvió en ellas, borrando todas las dudas y miedos que pudieran haberle hecho retroceder. Jamás iba a amar a otra como la amaba a ella. Jamás iba a casarse y a tener hijos. "Está bien" pensó, empujando suavemete. Una descarga de electricidad pareció recorrerle el cuerpo con un traqueteo en el momento en que la sintió estremecerse debajo suya. "Todo está bien ahora".


SE PROCEDE A LA EVACUACIÓN DEL ALMACÉN GX097614 BAJO CÓDIGO 24.91-E...— la voz metálica de altavoz le arañó los oídos, devolviéndole bruscamente a la realidad— ... DIRÍJANSE EN CALMA Y ORDENADAMENTE HACIA EL PUNTO DE CONTROL MÁS PRÓXIMO Y SIGAN LAS INSTRUCCIONES DEL SUPERVISOR AL CARGO.

Kyuusei Yukihiro suspiró y decidió permanecer un minuto más en la misma situación en la que había despertado: sentado en la incómoda silla giratoria del diminuto despacho, con el legajo que le había hecho quedarse despierto hasta tarde perfectamente cuadrado sobre el escritorio y el mensaje repetitivo del amplificador aguijoneándole el cerebro. Desde ahí podía ver la pequeña ventana del cubículo, con el cristal empañado a causa del frío que hacía en el exterior, y el jirón de nubes en las que se reflejaban los primeros rayos de sol. Se había cargado con trabajo extra para mantener la mente ocupada, pero había sido en vano. Otra vez aquel sueño...
Debería sentirse angustiado, inquieto. O excitado. Pero únicamente podía notarse adormilado, como si no hubiera terminado de recuperarse de los efectos de una anestesia.
Se removió en el asiento forrado de piel, llevándose una mano al cuello, afectado por la mala postura. Aparte del zumbido del sistema de calefacción que había en el edificio y la voz del megáfono, que ya se podían considerar sonidos habituales, estaba todo en calma. Del otro lado del pasillo se encontraba una pequeña sala con monitores, pero a esas horas debía ser el único que continuaba trabajando en aquel sector. Giró el cuello hacia un lado y luego hacia el otro, para aliviar la tensión, y se masajeó los hombros. El movimiento provocó que una hoja que descansaba sobre su regazo se deslizara hasta el suelo. Se levantó para recuperarla y soltó un bufido al recordar de qué se trataba. Había olvidado completamente que debía enviar la solicitud de gastos para el grupo de Química Analítica. Consultó el reloj.
Bueno, si tomaba una ducha rápida y se daba prisa en terminar con el papeleo no llegaría tarde a la cita.

------------------------------

El tamaño y la opulencia de las casas que había dentro del Seireitei eran un poderoso recordatorio de las muchas diferencias que lo separaban de Yuka. Ser consciente de ello ensombrecía aún más si cabe su estado de ánimo y trató de que su rostro no proyectara lo que sentía mientras esperaba. Sabía que finalmente había llegado con un cuarto de hora de antelación, pero no verla aparecer le estaba poniendo los nervios de punta. Se pasó los dedos por el pelo y sacudió la cabeza, tratando de recuperar la calma. Sería mejor pensar en otra cosa, mientras, así que se puso a repasar mentalmente en qué dedicaría su tiempo en cuanto regresara al Escuadrón. Sus tareas no habían cambiado demasiado tras pedir el traslado, pues a pesar de encontrarse desde hacía unos años trabajando para El Escuadrón Jin, y específicamente en el sector de Investigación, sus labores se limitaban a lo administrativo. Le había costado más acostumbrarse a trabajar frente aquellas máquinas procesadoras de datos que a la sobriedad del edificio; echaba de menos sus preciados libros, aunque debía reconocer que se ahorraba mucho espacio gracias a las bibliotecas virtuales. Tampoco había vuelto a tener aquel sentimiento de compañerismo hacia sus nuevos vecinos de Escuadrón, pero no podía decir que se arrepintiese del cambio. Como si no fuera suficiente con la muerte de Tihio-Taicho y la acusación hacia Mise-Taicho de traición, actualmente el Octavo Escuadrón se había fusionado con el encargado de actuar en el Mundo Humano y su Capitán no era otro que Bastian Chiesa, un hombre al que le precedía su fama de mujeriego y juerguista. Tras las desilusiones que se habían llevado con sus superiores los shinigamis que custodiaban los Documentos más importantes de la Sociedad de Almas, habría preferido que los comandase una persona de más experiencia, o al menos con un carácter más serio. Afortunadamente los cerebritos de la División a la que había pertenecido gran parte de su vida eran unos auténticos profesionales, y darían lo mejor de si mismos para no defraudar las expectativas del Gotei, aunque no tuvieran al frente a la persona más indicada para cumplir el papel de líder.

Antes de que pudiera pensar siquiera en el resto de motivos personales que le hicieron tomar la decisión de trasladarse al Doceavo algo llamó su atención. Al lado izquierdo de su cintura, atada al obi, la zampakutoh comenzó a estremecerse, delatando a la mujer cuyos pasos eran más silenciosos que los de un gato al acecho. Yuki se giró, medio distraído todavía, para encontrarse con los ojos de Chimamire Natsuki observándole atentamente. Vestía ropas oscuras, aunque no tan severas como el uniforme shinigami, y llevaba un broche con forma de crisantemo adornando el recogido que dejaba despejadas sus facciones, incluso el ojo que frecuentemente ocultaba bajo el flequillo. A pesar de encontrarse en territorio amigo, mantenía el estado de alerta natural que la caracterizaba. Él ignoró los comentarios de Satsujinki e imaginó que ella los de Hitomihyaku, los espíritus de sus zanpakutoh, que siempre que estaban en presencia del otro se comportaban de forma peculiar. Al fin y al cabo la extraña relación entre la pareja había sido uno de los motivos por los que los shinigamis habían entablado una especie de amistad. Se saludaron discretamente, manteniendo las distancias. Debía reconocer que se le hacía extraño verse con otra mujer, a pesar de que su manera de relacionarse era totalmente diferente a la que había tenido con Yuka.

¿Esperabas a alguien?

La pregunta le pilló desprevenido, puesto que con la única persona que se había citado aquel día era Natsuki, pero nada se le escapaba a esa mujer. En realidad le había dicho de quedar en aquel lugar porque sabía que existía una remota posibilidad de haberse encontrado con Yuka, de haber podido verla desde lejos. ¿No era eso ser un completo idiota, seguir amándola cuando ya estaba casada, incluso cuando tenía un hijo de otro hombre? Esbozando una sonrisa antinatural, empezó a reírse. Era una risa llena de amarga burla hacia sí mismo.

Podemos irnos.

Ya llevaban un buen rato andando, obligados por las estrechas callejuelas a caminar el uno muy cerca del otro, casi tocándose los hombros. En esta ocasión no habían ido hacia el Rukongai, como el joven pensó en un principio, sino que se movieron de aquí para allá sin aparente sentido, guardando silencio. Natsuki parecía ensimismada, pero la conocía lo suficiente para saber que estaba prestando atención a lo que les rodeaba. "Está asegurándose de que nadie nos sigue" pensó. Ya habían dejado atrás las residencias de los nobles y se estaban acercando a uno de los bosquecillos cercanos al Instituto de Artes Espirituales. Desde las ramas les llegaba el canto despreocupado de las aves.

He estado investigando acerca de ese hombre del que me hablaste— comenzó la shinigami, relajando un ápice su postura. Lo interpretó como una señal de que podían hablar abiertamente.

¿Y bien? ¿Tenía razón? ¿Se trata de...?

Antes de poder formular el nombre ella lo interrumpió. Le pareció que con la fugaz mirada que le dirigió le reprochaba que se relajase tan pronto.

No estoy segura de eso todavía. Es difícil saberlo— quizá saboreó la decepción de él, porque se apresuró en añadir—: No creo que te lo imaginaras, de todos modos. No puedo confirmar su identidad, pero esa persona parece estar metida en un asunto importante. Nadie se molesta en ocultar tan bien su rastro si no tiene motivos para querer mantener algo en secreto.

Le contó algunos detalles, pero Yukihiro estaba seguro de que la mayoría se los guardaba para ella misma. Se encontraban atravesando un sendero, lo más alejados posible de árboles y arbustos "Quién sabe qué clase de pájaro puede estar escuchando desde las ramas, ¿verdad?". En una competición de paranoicos ellos dos estarían igualados.
Natsuki le reveló que entre las direcciones que habían obtenido sus fuentes era posible que se encontrase el refugio del hombre que estaban investigando.

En ese caso iré contigo— anunció. La vio arquear una ceja, como si fuera a cuestionarle o prohibirle ir—. No habremos recibido el mismo entrenamiento, pero el hecho de que no forme pate del Cuerpo de Operaciones Especiales como tú, no quiere decir que sea un completo inútil. Si lo que te preocupa es que no sea capaz de mantenerme al margen en determinado momento... No voy a hacer ninguna estupidez ni a comprometerte. No se me olvida que estás haciéndome un favor.

La miró, temiendo su respuesta. Ambos eran conscientes de que si a Natsuki se le antojaba, él jamás podría acceder a los datos que había reunido, ni obtenerlos por su cuenta. Sólo cabía esperar que ella comprendiera lo que significaba para él.

Nunca se debe avanzar antes de averiguar la forma de replegarse— respondió al cabo de un par de minutos, citando una regla popular del shōgi, conocido como el juego de mesa de los generales. Estuvo tentado de preguntarle a qué se refería, pero no fue necesario—. Está bien, puedes venir conmigo. Pero antes quiero asegurarme de que tenemos un plan de escape, por si las cosas salen mal.

Asintió de inmediato, transmitiéndole su gratitud. Quedaron en que se pondrían en contacto en cuanto hubiera novedades, y el resto del paseo transcurrió en su mayoría en silencio. A diferencia de con otras personas, con Natsuki no se sentía incómodo si tampoco hablaban de nada. Sospechaba que ella sabía de él más de lo que demostraba, pero agradecía tanto su silencio como los consejos que eventualmente le pudiera ofrecer, aunque a veces tuviera la impresión de que era un libro abierto para la shinigami del Escuadrón Yu.
Llegaron al final de su camino juntos y se detuvieron para despedirse. En el último momento percibió una pequeña vacilación en la chica, y demostró que estaba en lo cierto cuando le hizo un gesto para que esperase.

Yuki... ¿Por qué estás haciendo esto? ¿Qué pretendes conseguir?

La observó extrañado. ¿Por qué le daba la impresión de que estaba preocupada por él?

Solamente quiero la verdad.

La verdad... — repitió ella, de una forma que hasta sabía amarga. En la blanca frente de Chimamire, entre sus hermosos ojos, apareció una diminuta arruga de inquietud. La idea de que se estaba callando más cosas de las que decía no hacía sino cobrar fuerza en la mente de Yukihiro—. Este mundo es muy pequeño, Yuki.

¿Qué quieres decirme con eso?

Que una vez decides tirar del hilo indicado, es inevitable que arrastres todo lo que se esconde tras él— le observó largamente, dejando que el silencio le ayudase a pensar sobre lo que había dicho. Cuando sintió que él comprendía, inclinó la cabeza con suavidad y se marchó.
avatar
Kyuusei Yukihiro
Raso Jin
Raso Jin

Post : 103
Edad : 27

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.