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Cuando los recuerdos extienden sus pétalos como una flor envenenada

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Cuando los recuerdos extienden sus pétalos como una flor envenenada

Mensaje por Klauss el Miér Nov 14, 2012 8:09 am

Klauss Halsted
Salto Temporal



El conflicto con la banda de los acantilados estaba durando demasiado, y El Amanecer era consciente de ello. Por esa razón habían decidido asestar un golpe decisivo que haría replantearse a los insurgentes si merecía la pena luchar por el bando perdedor, y que seguramente empujaría a otras sectas más pequeñas a rendir las armas o disolverse. Al fin y al cabo no eran más que ratas muertas de miedo que ocasionalmente salían de sus madrigueras para roerles los tobillos. Pero incluso las alimañas podían volverse molestas si no se las exterminaba con la debida atención. Hueco Mundo ocultaba a sus enclenques y atrofiados vástagos como un manto de hojas puede ocultar las aguas de un estanque, regalándoles el sueño de una falsa seguridad. Todos esos monstruos con rostros humanos eran cobardes que habían desertado tras la desaparición de Marcus, demasiado endebles como para suponer una seria amenaza por ellos mismos, pero toda espina clavada acaba infectándose si no se extirpa a tiempo.

La misión era sencilla. Consistía en rodear su base, prender fuego a los túneles subterráneos para obligarles a salir y darles caza antes de que fueran capaces de abandonar el territorio. Quizá dejasen escapar a un par, pues de esta forma correría la voz entre los otros grupos a los que fueran a buscar refugio de que no era buena idea seguir con sus pantomimas de guerrilleros si querían mantener la cabeza pegada a los hombros. A otros pocos los arrastrarían hasta las celdas de interrogatorio, y a la mayoría los harían sangrar hasta que la tierra sedienta del Desierto quedase saciada.

La patrulla se había puesto en marcha hacía un par de horas, con Frank Alexander Blackwater en cabeza, seguido de Vimas y El Leviatán. El resto mantenían un avance sincronizado a sus espaldas, alertas ante una posible amenaza. Habían llegado de Secciones diferentes, pero cuando salían juntos de batida lucían la misma insignia de plata en el cuello de sus uniformes y se hacían llamar "Los Ejecutores". Todos y cada uno de ellos se habían presentado voluntarios ante la llamada de Dexter para encargarse de limpiar a esa escoria Arrancar, y habían demostrado ser eficaces durante las misiones por lo que, aunque de vez en cuando se formasen otros grupos para ir en pos de los rebeldes, se solía contar con ellos en casos de sublevación.

Llegaron al sitio en cuestión, bajo la plácida atención de una luna creciente. Habían disminuído sus niveles de reiatsu para no ser detectados, y nada en el ambiente hacía sospechar que su emboscada pudiera fracasar. Blackwater hizo una señal y los hombres comenzaron a desplegarse por el campo.

Ha llegado el momento— escuchó el cuervo desde el transmisor que llevaba encajado al oído. Él esperó. A unos veinte metros se avivó el resplandor anaranjado de las llamas y comenzó a salir humo. Esperó, esperó... hasta que comenzaron los gritos. El audífono produjo un suave zumbido antes de que se escuchara de nuevo la voz—. Adelante.



---------------


El fuego ardía aún débilmente. Los cadáveres habían sido apilados a un lado, a la vista de los supervivientes que habían tomado como prisioneros, que fueron obligados a presenciar la carnicería. Ningún miembro de Los Ejecutores hizo intento de devorar a los vencidos. No se alimentaban de sabandijas; lo consideraban una deshonra.

Klauss estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada contra una gran roca y las piernas extendidas. No había resultado herido, pero sentía un dolor palpitante en las sien derecha que empeoraba con los sollozos de una mujer que seguramente tendría que interrogar en cuanto llegasen al palacio. Sabía que sería un juego inútil, porque la había mirado a los ojos y sólo había visto desesperación. Probablemente dijera un par de verdades, pero el resto de la confesión sería una sucesión de invenciones con las que trataría de comprar su derecho a vivir. Claro que les convenía que los rebeldes pensaran que había oportunidad para la redención, especialmente si en mitad de una batalla cambiaban de bando para recuperar el favor de El Amanecer, pero lo cierto era que las Espadas ya no se mostraban tan indulgentes al respecto como podrían haberlo sido en un pasado. Ya no había segundas oportunidades para nadie.

"Un error son demasiados errores" pensó, observando cómo despedazaban a los caídos para que sus partículas espirituales pasasen a formar parte de Hueco Mundo y sirvieran de alimento a los hollows más insignificantes. La mujer emitió un grito agudo, como un aullido. Klauss cerró los ojos.

Halsted, ¿otra vez dormido? Debes ser el único capaz de aburrirse con este espectáculo.

A regañadientes, entreabrió los ojos, topándose con la visión de unas relucientes botas negras. Un soplo de brisa se deslizó sobre el suelo rocoso, acarició el bajo de los pantalones blancos y arrancó cenizas en su estela. Cuando alzó la vista Hawk estaba observándole de manera burlona. Qué poco le gustaba ese hombre. Sus expresiones le recordaban a alguien que había odiado por mucho tiempo.

Ha estado bien, ¿verdad? En realidad ha sido una buena semana; primero los perros de la llanura, y ahora esto. Caen como moscas, estos hijos de puta. ¿Qué es eso? ¿Estabas a punto de sonreír? Sí, a mi también me hace gracia.

"Es un idiota"

Como de costumbre, Klauss guardó silencio mientras le miraba, preguntándose qué había hecho tan mal como para tener que soportar a un imbécil como ese. Y como de costumbre, Hawk no cerraba la maldita boca ni un momento.

Las cosas van mejor ahora, mejor que hace un tiempo, quiero decir. ¿No estás de acuerdo conmigo? Odiaba quedarme sentado mientras los demás se llevaban la diversión, todo porque mi Espada era un capullo integral. Pero ahora está muerto, por suerte. Casi todos la han palmado o están desaparecidos, así que, ¿por qué seguir haciendo las cosas a su manera? No, prefiero mil veces esto. Por mi como si tenemos que matarlos a todos. Por mi como si Marcus nunca vuelve... ¿No piensas igual?

"Tienes cierto talento para la crueldad, Hawk, pero no para las palabras. Todavía se supone que seguimos buscando al Espada 0, debería arrancarte la lengua por lo que acabas de decir. Mejor cierra el pico. Estás empeorando mi jaqueca."

Su paciencia se vio puesta a prueba un rato más, hasta que por fin se ordenó el regreso. Como antiguo miembro de la Sección de Interrogatorios, Klauss fue uno de los encargados de custodiar a los prisioneros durante el camino de vuelta. Avanzaban por su propio pie, impedidos por los grilletes especiales que les habían proporcionado los del departamento de Desarrollo Tecnológico, que sellaban el reiatsu de quien los llevara de tal manera que no pudieran hacer uso del sonido, los ceros ni ninguna otra técnica con la que pudieran escapar o plantarles cara a sus captores. Guardaban silencio, incluso la mujer se limitaba a observarse los pies con expresión ida mientras las lágrimas le bañaban el rostro.
Hubo un día en que sintió curiosidad por la gente que era como ellos, pero el tiempo y la experiencia le habían demostrado que no eran más que una decepción. La mayoría se rebelaban por miedo, por ansias de poder, o porque no tenían el carácter suficiente para sobrevivir por ellos mismos, y se dejaban arrastrar a las causas de otros con la esperanza de ganarse un sitio en el mundo. Al descubrirlo llegó a sentirse asqueado, pero al final le causaban la misma indiferencia que cualquier otro Arrancar que caminase por El Amanecer. La única nota de color en sus días grises, insípidos, eran las cacerías. Notar la antigua sangre bullendo, las cadenas tensándose, el chasquido de los cables al romperse cuando no se podía contener más a sí mismo... Pero nunca llegó a perder el control, aunque estuvo cerca. Hacer equilibrios en el borde de aquel abismo era, en cierto modo, lo que le entusiasmaba. Por eso se había metido en situaciones comprometidas otras veces, cuando su naturaleza, creía él, siempre había sido la de mantenerse al margen.
Fue arrancado de sus pensamientos por una risa inesperada, que localizó en el grupo que se encontraba a su izquierda, un par de metros por delante. Al ver la amplia espalda de Hawk las palabras de este resonaron en su mente: Por mi como si Marcus nunca vuelve.... Pero fue otro rostro el que se le apareció, como si la voz del Arrancar hubiese podido conjurar un viejo recuerdo. Flotando en la oscuridad de aquella sala llena del repicar de los dedos contra los teclados, la luz azul de los monitores otorgándole un resplandor casi fantasmal a los uniformes blancos, a la máscara blanca, a los dientes que dejaba ver durante los segundos que esbozaba una sonrisa amplia, fiera a su manera. Él también tenía los ojos dorados, sumergidos en pozos de oscuridad.

Si estuviesen capacitados esos rebeldes para derrotar a Marcus-sama… ¿qué crees que estaría haciendo yo aquí?

No habían vuelto a saber de Marcus tras su desaparición, años atrás, la misma noche en la que mataron a Alastor. Klauss, que nunca le había dado importancia a la jerarquía de las Secciones, descubrió que el antiguo Cuarto Espada había sido el mentor de Taira. ¿Era todo una mera casualidad, o él ya lo sabía? Hideyori Taira, la personificación de la ambigüedad, ¿qué tendría que decir él sobre las coincidencias? Habría querido preguntárselo, de hecho. Habría querido preguntarle muchas cosas. Pero el de Taira era otro nombre más que se sumaba a la lista de desaparecidos, o al menos había dejado de figurar como Espada, y ningún Arrancar al que preguntara, incluídos los que pertenecieron a su Sección, sabían decirle sobre su situación. En cuanto insistió demasiado su lealtad comenzó a ser cuestionada, y no se atrevió a seguir con su búsqueda, al menos no de forma evidente.

" También el científico, Smith, está en paradero desconocido. Hideyori y ese hombre tenían asuntos en común, ¿estará todo conectado? ¿Forman parte de esto de alguna manera? Había una niña en la Novena Sección que según Taira era su hermana. Si pudiera hablar con ella... Si pudiera descubir dónde están..."

Uno de los prisioneros había tropezado y Klauss tuvo que sujetarlo por el brazo para que no cayera al suelo. Durante un instante el renegado lo miró y Klauss, al verse reflejado en aquellos ojos, tuvo un mal presentimiento.

"¿Y entonces?"

Tenía que dejar de perseguir quimeras, de contrario le devorarían. Hasta entonces había tenido mucha suerte de salir ileso, pero si continuaba dejándose arrastrar por su curiosidad, obsesionándose con cosas que no le concernían, él mismo sería el que cargara los grilletes.
Dejó caer las espesas pestañas para ocultar la impotencia de sus ojos, y mientras andaba a ciegas, aspirando el aire salado y seco del desierto, sentía cómo el viento le revolvía el pelo y le ponía la carne de gallina.

Sólo te lo dejo saber, Klauss. Algún día, puede que cuando ambos ya estemos en lo más alto, te tenderé la mano de nuevo. Y puede que cuando ese día llegue sí espere algo de ti. Aunque eso no lo sabrás hasta que llegue el momento.

Habían pasado varios años desde el primer encuentro con aquel Arrancar tan impredecible, pero el tiempo no había conseguido borrar aquellas palabras que le abordaban cada noche, al cerrar los ojos en busca del descanso. Una parte de él quería creer en la promesa de que tendría un papel en los planes de Taira, pero...

Pero hasta entonces, recuerda estas palabras. Recuerda este lugar y este momento. Recuerda con añoranza este día en que pudiste haber muerto bajo la luna llena, y hazte más fuerte; porque hoy vivirás, sí, pero puede que la próxima vez el juego no sea tan benévolo...

"¿Qué planes son esos? ¿Qué se espera que haga? Hideyori Taira... ¿Realmente vendrás a por mi?"


Estaremos en contacto, Klauss Halsted…

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