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Un paseo por el jardín

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Un paseo por el jardín

Mensaje por Izumi Kaori el Dom Jun 24, 2012 9:49 am

Era una tarde como cualquier otra en el sexto escuadrón. Después de que los shinigamis designados para llevar a cabo cada una de las actividades que se realizaban en la división (limpieza, vigilancia y rondas por el Seiretei entre otras) y tuvieran que enfrentar una dura sesión de entrenamiento con la inflexible Izumi Kaori, era la tranquilidad la nota predominante. Algunos se habían juntado en la zona común para echar una partida de cartas o go o simplemente charlar sobre las diferentes actividades del día o sobre alguna noticia de interés. Algunos cabeceaban sobre las mesas de la ya mencionada sala, mientras que otros aún tenían energías para bravuconear. Aunque había alguien que no se había reunido con ellos. No había ni rastro de su capitana, era habitual que la joven se retirase una vez había terminado con sus hombres. En concreto, a veces se dedicaba al trabajo administrativo y otras se mataba a entrenar hasta altas horas de la madrugada, era incansable, aunque no era ni en uno ni en otro sitio donde la encontrarían si la buscaban, esta vez había decidido dedicarse a otros menesteres.

En esta ocasión, la Dama de Hierro se había acercado hasta la hermosa fuente que presidía el jardín de la división para estar a solas con sus pensamientos. A veces, hasta la persona más sólida necesitaba tiempo para relajarse y entregarse a la vida contemplativa. Con los ojos puestos en el tintineo de las gotas que caían en una y otra dirección la chica intentaba poner la mente en blanco, pero no le estaba resultado fácil. Había cosas que le veían al pensamiento una y otra vez y que, por muchos manotazos al aire que diera, era incapaz de desterrarlas de sí misma: el estado de la capitanía en la Sociedad de las Almas, la escasa unión que veía entre ellos y sobre todo el constante acoso de los arrancars. En esa tesitura, y sobre todo para una persona tan ardiente como lo era Izumi-taichou, era complicado vaciar su cabeza.

Negó imperceptiblemente y se levantó del cuidado césped donde se había sentado para estirar un poco los músculos. Le gustaba aquel lugar, era un remanso de paz dentro de su reino y aunque no lo fuera a reconocer ni frente a ella misma le recordaba mucho a su primer encuentro con el capitán Bastian Chiesa. Él había insistido a dirigirse a ella como Kaori chan y ella había tenido que usar todo su autocontrol para no cruzarle la cara de un puñetazo. Luego habían ido a beber y más de lo mismo, hasta que aquel idiota había sobrepasado el límite y ella le había amenazado con una botella de sake. Visto en perspectiva era hasta cómico, de ahí que no pudiese evitar que una sonora carcajada llenara de música el escenario por el que seguía caminando con tranquilidad.

En esos momentos el pétalo de uno de los hermosos árboles de cerezo del jardín cayó sobre su cabello negro y ella miró hasta arriba, extasiada por las diminutas flores que seguían decorando su melena. Por extraño que pareciese, mientras que el agua sólo había conseguido reabrir viejas heridas y pensamientos que hubiera querido desterrar, el constante caer de flores no hacía más que desviar su foco de atención de los problemas que la habían estado acosando durante semanas. Aunque, como no de extrañar, lo bueno no dura mucho, y cuando ya tuvo la melena lo suficientemente cuajada de toques rosados se retiró para ir arrancándolos poco a poco de los mechones, que hoy lucían sueltos y lustrosos.

Suspiró y decidió volver a sus aposentos, pues por mucho que le gustase que los últimos rayos de sol, los del final de la tarde, lamieran su rostro, tampoco pedía perder el tiempo de aquel modo. De ahí que cuando terminó de colocarse bien el cabello decidiese regresar al interior de las dependencias que comandaba. Aunque antes de dar siquiera un paso notó un reiatsu que se acercaba. Como reconocía la energía se quedó donde estaba, aunque antes de encarar a quien quiera que se presentase frente a ella, hizo crujir los guantes sin dedos que crujían sus manos. Por mucho que lo intentase, era incapaz de dejar de hacer eso.
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Re: Un paseo por el jardín

Mensaje por Sarevilo Hoshimoto el Lun Jun 25, 2012 2:30 pm

El pacífico amanecer sentaba perfectamente para ese día tan raramente abundante en tranquilidad. Los rayos del sol comenzaban a iluminar el verde césped húmedo por el rocío matutino. La luz comenzaba a extenderse por el pastizal, desde los frondosos árboles hasta el enorme descampado en donde estaba durmiendo el agotado Sarevilo Hoshimoto. Luego de pasar gran parte de la noche entrenando al aire libre, a cualquiera le sentaría bien un largo descanso. Cuando los brillantes rayos llegaron a la altura de la vista del joven shinigami, este comenzó a despertarse; con la misma flojera con la que se levantan todas las personas aún cansadas. Aunque al levantarse y ver la hermosamente armoniosa mañana, el cansancio se fugó de su cuerpo y comenzó a sentir un gran sentimiento de bienestar.

Luego de un tiempo apreciando el tranquilo paisaje, Hoshimoto se puso en marcha a realizar sus actividades. Ya hacía un tiempo que se había graduado de la academia shinigami, y se había enrolado en la sexta división. Una de las principales razones por las que Hoshimoto optó unirse a este escuadrón fue la gran reputación de su capitana, cuyo poder y carácter era conocido y respetado en toda la sociedad de almas.
Sin embargo, debido a que Hoshimoto siempre estaba entrenando en sus tiempos libres y a que, debido a la gran cantidad de trabajo usual que realizaba su capitana, siempre aceptaba misiones de manera indirecta; nunca se había visto cara a cara con su propia capitana, la Doncella de Hierro.
Sin embargo, la extraña tranquilidad de ese día daba la oportunidad perfecta a Hoshimoto para poder conocer a su capitana. Por lo que abrió camino rumbo a las instalaciones del sexto escuadrón, con un paso algo apresurado por la emoción, pero lo bastante tranquilo como para sacarle provecho a ese hermoso día.

Mientras más se acercaba al escuadrón, cada vez aumentaba la cantidad de shinigamis que paseaban por el lugar llenándolo de numerosas conversaciones y risas y le daban una sensación de calidez muy confortante.
Cuando atravesó la puerta principal y llegó a la sala de estar, esa imagen de júbilo se hizo aún más notoria por la numerosa cantidad de shinigamis que se encontraban allí descansando y jugando a los naipes, entre otras cosas.
A Hoshimoto se le escapó una sonrisa por la alegría del lugar. Y quedó observando casi estupefacto lo extraño que era entrar al escuadrón y no ver gente corriendo de un lado a otro preocupada por algún ataque hollow u otra problemática. Hasta que volvió en sí y prosiguió con su asunto.

Lo primero que hizo fue acercarse, ya que no hay nada mejor que un buen baño luego de una noche de prácticas. Es más, hace días que estaba entrenando a la intemperie y no se aseaba de forma decente. Luego de salir, lo primero que hizo fue dirigirse directamente al puesto de trabajo de la capitana. El recorrer esos largos pasillos de madera estilo tradicional japonés hacía desear a uno nunca llegar a su destino. Ya que era muy agradable pasear por ellos.
Pero al toparse con el salón de la capitana, se dio cuenta de que no había nadie. Ni siquiera los shinigamis encargados de la limpieza de la zona se encontraban ahí. Pero podía apreciarse su trabajo terminado, ya que toda la habitación se encontraba aseada y en completo orden.
El no encontrar a la capitana hizo a Hoshimoto preguntarse dónde se encontraba, por lo que pensó que podría estar en su habitación descansando, luego de las sesiones de entrenamiento matutinas que suele hacer con sus shinigamis. Entonces se dirigió directamente a los aposentos de su capitana, pero cuando llegó, la puerta estaba cerrada y nadie se encontraba en el exterior.
Lo que pasó por la cabeza del shinigami era que la capitana podría estar durmiendo, aprovechando el maravilloso día. Por lo que se sentó al lado de la puerta, esperando a que saliera.

Y así pasó el tiempo, y Hoshimoto estaba comenzando a quedarse dormido, cuando una joven shinigami que pasaba por allí le preguntó qué estaba haciendo. Pero luego de que Hoshimoto le explicara lo sucedido, la alegre muchacha le dijo entre risas. -¡Pero acabo de ver a la capitana caminando por el jardín!-
Eso sobresaltó a Hoshimoto, y lo hizo sonrojar, lo que era raro en él. Le agradeció la información a la chica que todavía limpiaba sus lágrimas de risa por la situación del shinigami, y corrió rumbo al jardín. Al pasar por la sala común, se dio cuenta de que esta estaba casi vacía; lo que lo hizo preocupar un poco. Pero pronto se dio cuenta de que era debido al horario. Ya que al salir afuera, pudo notar que estaba atardeciendo.

Hoshimoto estaba un poco triste, ya que había pasado casi todo ese hermoso día sentado esperando a alguien que nunca iba a venir. Pero eso no detuvo ni un poco su entusiasmo de ver a su capitana cara a cara. Así que siguió corriendo hasta poder vislumbrar una hermosa fuente en lo que parecía el centro del jardín; junto con una silueta un tanto familiar. Al acercarse, Hoshimoto se percató de que emanaba un fuerte reiatsu. Una fuerza poderosa, pero a su vez cálida y un tanto familiar. Al estar como a unos diez metros, el apurado shinigami detuvo su apresurado andar, para luego acercarse caminando con una sonrisa en el rostro que no pudo disimular.

-¡Izumi-Taichou, mi nombre es Sarevilo Hoshimoto y es un gusto conocerle!-
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Re: Un paseo por el jardín

Mensaje por Izumi Kaori el Mar Jun 26, 2012 8:24 am

Kaori nunca había sido una mujer sutil o que suavizase las cosas, para ella la realidad era tal y como era y cuanto menos velos se le colocasen, tanto mejor. Desde que podía recordar, en concreto desde que un día apareció en el Rukongai, con aspecto de niña traviesa, siempre había sido bruta como ella sola. Desde correr por las calles de la zona más pobre de la Sociedad de las Almas hasta robar sake sólo con la intención de probarlo fueron sus primeras fechorías en el mundo de los dioses de la muerte.

Cuando Valeria-taichou la acogió fue mucho lo que hubo que modelar en ella, y aunque algunas transformaciones si que se produjeron en la indómita adolescente, su manera de ver las cosas continuó intacto. Quizás tuviese que ver con como la adorada Valeria insistía en que fuera más dulce o más “femenina”, como decía ella. Ante aquellos intentos de domarla se debatía una y mil veces, incluso se sentía ofendida: “No quiero ser como tú” hasta quedarse sin voz pero, en secreto, una parte de ella se moría por acaparar la atención tal y como lo hacía su superior.

Durante años se convenció a sí misma que siendo libre a su manera (el maquillaje, las bodas y cualquier superchería de ese estilo no eran más que un lastre para una mujer) estaba mejor y maduró indómita como la mala hierba. Aunque no todo fue tan poco “femenino”, pues pese a ser borde y mal encarada, la joven capitana no dejaba de ser una mujer y aunque ella misma no fuera consciente de ello, era hermosa a su manera. Quizás no tan delicada como su predecesora, pero si lo bastante atractiva y distinta a todas las demás como para llamar la atención. Aunque claro, eso no era lo que primero veían quienes acercaban a ella, la armadura de Izumi-taichou era dura como el diamante. De ahí que lo primero que hiciese ella cuando oyó su nombre fue enarcar las cejas, alguien que se acercaba corriendo parecía muy interesado en hablar con ella.

“Ah, sí” se dijo para sí misma cuando el recién llegado dijo su nombre, “es el nuevo”. De hecho había firmado su solicitud de ingreso en la división hacía poco tiempo y recordaba perfectamente aquel apellido. Hizo un esfuerzo para parecer algo menos irritada, eso de ir dando voces por el jardín no es que fuera el mejor modo de presentarse del mundo, pero debía ser paciente. Era un recién llegado y aún no conocía lo suficiente a la temible Dama de Hierro como conocer su explosivo carácter. Negó imperceptiblemente con la cabeza y sonrió tímidamente.
- Hashimoto san, buenas tardes- comenzó, meneando ligeramente la cabeza hacía un lado, mientras hacía crujir los guantes una y otra vez, como en una letanía. Aquella manía estúpida podía granjearle más de un enemigo, pero era tan inherente a ella como su modo de caminar o su risa cristalina- yo también estoy encantada de conocerte, ¿qué tal el escuadrón, estás a gusto?- y comenzó a caminar, animando a su subordinado a seguirla con un gesto de cabeza.

- Es una buena división- dijo, mientras seguía hacia delante, esperando que el shinigami hubiera decidido seguir sus pasos- aunque podría calificárseme de “dura”. No llevo muy bien la insubordinación, la pereza o el desánimo. Somos los encargados de defender la justicia- por alguna extraña razón se sentía rara diciendo todo aquello, pero continuó, poniendo un pie detrás de otro, sin pestañear- no podemos dormirnos en los laureles, ¿lo entiendes, verdad, Hashimoto-san?- y se detuvo para luego volverse y comprobar si el nuevo recluta había decidido caminar con ella.
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Re: Un paseo por el jardín

Mensaje por Sarevilo Hoshimoto el Jue Jul 12, 2012 9:54 am

Todo el cuerpo del joven shinigami estaba rebosante de alegría. Por fin había encontrado a su capitana que tanto admiraba. Pero se preguntaba, muy en el fondo, si la capitana haría honor a su tan conocida fama... O si era aún mejor de lo que se decía.
A Hoshimoto no solo le agradaba el carácter estricto que había oído que poseía su capitana, sino que admiraba más que nada la dedicación y esfuerzo que ella le ponía tanto a la formación de la división como a los asuntos de seguridad de la justicia en la sociedad de almas.

Al fin estaba en frente de ella, ''La Dama De Hierro'', pensaba. Todo su ser emanaba un aura de grandeza que talvez solo era perceptible a los ojos entusiasmados de Hoshimoto; que permaneció inmóvil con una sonrisa un tanto tonta en el rostro, esperando la respuesta de la capitana ante su presentación.
Al responderle, el shinigami estaba aún más sorprendido de que la capitana parecía recordar su nombre, lo que lo hizo aún más feliz. Tanto que no notaba que la capitana no estaba de muy buen ''humor'' como para estar de presentaciones.

Luego, la capitana le preguntó si estaba a gusto con el escuadrón. A lo que Hoshimoto respondió: -Por supuesto Izumi-Taichou. Aunque para ser sincero, no entablé muchas amistades en el escuadrón... suelo entrenar en solitario... ¡Pero estoy muy contento de poder ayudar a establecer la justicia en este mundo!- A lo que la capitana comenzó a caminar, invitando a Hoshimoto a seguirla. Que es justamente lo que hizo el emocionado shinigami.
Mientras caminaban, la capitana recitó un pequeño discurso sobre la importancia del escuadrón y el papel que desempeñaban. Lo que hizo que el joven shinigami estuviera extremadamente feliz de que su capitana compartía el sentimiento de defender a los otros tanto como a él.

Al terminar de hablar, la capitana se dio vuelta y miró al rostro de Hoshimoto con esa misma sonrisa alegre que mantuvo durante todo el encuentro, como esperando una respuesta del shinigami.
-¡Por supuesto que no hay tiempo para descanzar!- Respondió Hoshimoto con energía. -¡Esa es la razón por la que entreno todos los días para volverme más fuerte! Ya fui débil una vez, y no pude ayudar a la persona que más me necesitaba...- A lo que el shinigami hizo una pausa. Parecía pensante, pero dentro de su mente solo pasaban fugaces memorias que le hicieron recordar unos viejos sentimientos reprimidos.
Pero, casi al instante, volvió en si. Negó con la cabeza levemente y volvió a mirar al rostro de la capitana que seguía prestándole suma atención.

-¡Por eso es que estoy a su completa disposición! ¡Si en algún momento necesita algo, no dudaré en ayudarla como un miembro del sexto escuadrón! ¡¡Y un defensor de la justicia!!-

Dijo el shinigami mientras se inclinaba arrodillándose en el suelo, haciendo una reverencia a su honorable capitana.
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Re: Un paseo por el jardín

Mensaje por Izumi Kaori el Miér Ago 01, 2012 8:22 am

El entusiasmo del recién llegado era, sin dudas, algo contagioso, incluso para la arisca capitana del sexto escuadrón. Parecía dispuesto a hacer cualquier cosa para que el escuadrón se convirtiese en un lugar digno de ser recordado en los anales de la historia de la Sociedad de las Almas. La joven también deseaba lo mismo para su hogar, llevaba en la misma división desde que había salido de la academia y no se veía en ningún otro lugar, allí permanecería hasta el final de los tiempos y aunque pudiera parecer un tanto triste era lo que realmente podría hacerla feliz. Aunque no era aquello lo que rondaba su mente mientras paseaba junto a su subordinado por el jardín que tanto le gustaba.

Cuando Hashimoto san le confesó que aunque estaba a gusto no había llegado a congeniar con ninguno de sus compañeros, la Dama de Hierro esbozó una pequeña sonrisa que él no pudo ver, puesto que ella caminaba delante, muy erguida y como si el asunto no fuera con ella, con la mirada puesta en el cuidado césped y las manos a la espalda. Ella había tenido muchas veces la misma sensación, como si una parte de ella no terminase de encajar en aquel lugar de alguna manera y no supiese que hacer para evitarlo. Con un rápido movimiento de cabeza se quitó las ideas de la mente y volvió a escuchar a al shinigami, que ahora hablaba del entrenamiento en solitario.

- De modo que te gusta entrenar duro, ¿no?- y se volvió para encararlo. Podía sacarle una cabeza tranquilamente, pero hacía años que para la capitana más inflexible de la Sociedad de las Almas, tener que lidiar con gente más alta que ella había dejado de ser un problema. Levantó la cabeza y observó a su subalterno con un brillo de interés en la mirada que se convirtió en relámpago cuando él habló de no haber podido a alguien importante. Kaori había perdido a Valeria, era la única, la familia que había conocido en aquel mundo. Tal vez en su vida anterior hubiera habido alguien más, pero no podía saberlo. En cualquier caso ya no quedaba nada. Mejor así, se sufría mucho menos y ella no estaba hecha para sufrir. Sencillamente no se le daba bien. Por eso a veces sentía miedo de acercarse a Yoruko, que había conseguido acercarse a ella de un modo algo más íntimo.

A pesar de todo el revoltijo de pensamientos que se cruzaron por la cabeza de la capitana permaneció atenta a Hashimoto, que seguía mostrándose tan elocuente como hacía unos minutos, parecía hasta feliz. Realmente era bueno tener un poco de sangre nueva en el escuadrón y más si era con ese entusiasmo que se contagiaba como un resfriado o algo por el estilo. Cuando le vio arrodillarse supo que tenía algo que decir, le hacía sentir incómoda que alguien la tratase de ese modo, nunca le habían gustado ese tipo de distinciones. Tal era el caso que en muchas ocasiones la prepotencia de algunos nobles la sacaba de quicio y solía pagarlo con quien no debía.

- Me gustaría contar contigo en la próxima misión de reconocimiento- le dijo al poco, con la mirada fija en su rostro. Estaba deseando probar a ese chico y como no sabía que más hacer ante aquella situación tan poco común le tendió su mano, medio oculta por los mitones que siempre cubrían ambas extremidades. No podía seguir viéndolo en el suelo. Era, simplemente, superior a sus fuerzas.
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Re: Un paseo por el jardín

Mensaje por Sarevilo Hoshimoto el Jue Ago 02, 2012 10:59 am

El ocaso teñía gran parte del césped del jardín de un color anaranjado y brillante. Con solo pasar la vista por allí, la armonía del lugar podía calmar las ansias de cualquier persona; y las escalas de colores cálidos que contrastaban con cada uno de los tipos de flores del jardín, hacían a uno preguntarse si así se vería el paraíso. En ese mismo lugar, Hoshimoto se encontraba siguiendo a su capitana mientras entablaba una conversación que había estado esperando durante mucho tiempo. Él se había informado de lo duro que fue el camino de la Doncella de Hierro para llegar hasta donde está ahora. Esa era una de las principales razones de su gran admiración hacia ella, y por lo que quería ser como ella en el futuro. Por lo que estaba sumamente agradecido de estar entablando conversación junto con su más grande ejemplo a seguir dentro del Seireitei.

Durante la plática, a la capitana le llamó la atención el comentario de Hoshimoto referido a sus gustos por el entrenamiento en solitario; ya que apenas lo escuchó, dio una rápida media vuelta y le preguntó sobre ello. El hecho de que a su capitana le interesara algo sobre él, hizo que el joven shinigami se llenara de alegría, por lo que comenzó a relatar un poco sobre sus gustos.
-Si, Izumi-Taicho. - Afirmó este mientras esbozaba una sonrisa que no podía contener. -Ciertamente me recibí de la academia shinigami hace mucho tiempo, pero no fue hasta hace algunos años que me enlisté en el sexto escuadrón. La razón es que quería entrenar lo suficiente como para ser útil dentro del escuadrón, razón por la que estuve unos cien años entrenando en solitario ni bien me recibí. - Hoshimoto estaba lleno de emoción de que su capitana se interesase sobre su pasado. Por lo que su emoción hacía que sus palabras se mezclaran un poco. -Sin embargo, los únicos contactos que he tenido con el escuadrón durante esos años han sido unos breves encuentros con la ex-capitana Valeria Rin. Era una capitana sumamente dulce, pero no he llegado a conocerla tanto hasta que... - En ese momento, Hoshimoto se dio cuenta de que sus palabras podían generar feos recuerdos en su actual capitana. Por lo que sintió una gran culpa e intentó salir rápidamente del tema.
-Pero, creo que me he ido de tema... - Añadió Hoshimoto un tanto nervioso. -La principal razón del porqué me uní a este escuadrón es usted, Izumi-Taicho. Desde que es capitana, su determinación y amor por la justicia han generado en mí un gran respeto hacia su persona. El cual pienso que es compartido por gran parte de la Sociedad de Almas. - Exclamó el joven shinigami ahora con convicción y orgulloso de sus decisiones. Tras lo cual siguió la conversación un tanto más.

Tras unas palabras, el shinigami de ojos extraños arrodilló en signo de reverencia. Estos actos de protocolo no parecen gustarle a su actual capitana; pero para Hoshimoto es tan normal tratar a las personas, y más a sus superiores, con sumo respeto que ni siquiera se percató de ello. Esas reverencias y saludos formales son parte de su forma de ser, y no es algo que a él le moleste. Es más, está orgulloso de ello.
Al escuchar que su capitana mencionó que le gustaría estar en una misión con él, Hoshimoto se llenó con una alegría tan inmensa hasta el punto de que podía brincar del suelo y exclamar a los cuatro vientos su gratitud. Pero decidió quedarse allí para no parecer un desquiciado frente a su honrada capitana. Lo único que hizo fue levantar la vista rápidamente hacia su superior para ver que esta le había tendido su mano para que este se levante.

Tras percatarse de esto, el joven shinigami le dio la mano a su capitana y se levantó intentado hacer la menor fuerza posible con ese mismo brazo, ya que no quería molestar a su capitana. Ni bien se terminó de levantar, el shinigami estrechó la mano de su capitana con su otra mano también, quedando sus manos por sobre la de ella mientras se inclinó levemente, como agradeciendo.
-Muchas gracias por esas palabras, Izumi-Taicho. - Dijo mientras el sol matizaba los claros naranjas y amarillos del atardecer sobre ellos. Dejando ver claramente una enorme y pura sonrisa en el rostro de Hoshimoto. -¡¡Sería un honor para mi estar en una misión con usted!!-

Y así quedó, esperando la respuesta de su capitana. Aunque, para él, el hecho de haberle demostrado sus sentimientos de devoción ya era suficiente para que ese encuentro con ella halla valido la pena.
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Re: Un paseo por el jardín

Mensaje por Izumi Kaori el Vie Ago 03, 2012 12:22 am

Así que tenía un fan, alguien que realmente la admirabao. Quién se lo habría dicho, precisamente a ella, que era una de las personas más insufribles y autoritarias de la Sociedad de las Almas. Le gustaba el trabajo bien hecho, la constancia y en ocasiones (en muchas más de las deseadas) se mostraba tan dura con sus subordinados que al final del día acaba sintiéndose culpable por su comportamiento. Que un shinigami de su escuadrón sintiese hacía ella tal “veneración” era algo a lo que no estaba acostumbrada y así lo reflejó su rostro de porcelana. Aunque de momento volvamos al intercambio de frases entre la Dama de Hierro y Hashimoto san.

La tarde continuaba su curso, implacable, como cada atardecer. La noche era el momento más tranquilo en el siempre ajetreado escuadrón, pero no para Izumi Kaori. Cuando no había ni un alma despierta en la división ella se enfundaba en un sencillo hakama y pasaba horas fortaleciendo su cuerpo y llevando un paso más a Tsuki no Hanshakou. Su bankai era de tipo físico y usaba la naturaleza como principal fuente de vida, de ahí que en ocasiones se la viese en el jardín, completamente concentrada y desplegando parte de su poder. En ocasiones sentía que debía disciplinarse un poco más, que no terminaba de conectar con su zanpakutoh debido a su carácter explosivo y su escasa paciencia. Por eso elegía las noches, pues todo estaba mucho más relajado y no debía mostrar su armadura de arrogancia frente a todos.

De regreso (esta vez os prometo que será así) a la conversación, dejamos a Kaori con la mano extendida frente a su subordinado que había vuelto a hablar de nuevo. En esta ocasión le comentaba a Izumi taichou que había estado haciendo desde que salió de la Academia. La chica no puedo más que maldecirse por no haber recordado todo el tiempo que llevaba allí, definitivamente estaba más preocupado de lo habitual. Aún así no se permitió interrumpir el discurso que estaba dando su interlocutor y atendió a todo con un gesto neutral en su rostro hasta que el incansable Hashimoto nombró a Valeria, que sus cejas se arrugaron. Pero pronto se levantaron, dejando en su rostro la marca del estupor. El shinigami acababa de decir que ella había sido la razón porqué él se alistase.

Durante un segundo se quedó pálida como la cal, sin saber que decir. Cuando el color volvió a sus mejillas era agresivo, rojo, como una cereza en su punto. ¡Por el amor de Dios!, no era ninguna chiquilla tímida, ¿tanto le habían importado aquellas palabras? Al menos su subalterno seguía hablando, bien para que ella tuviese tiempo de reponerse o quizás porque simplemente era un parlanchín sin remedio. De pronto se quedó callado y su mano entró en contacto con la de ella. “Momento de reponerse” y esbozó una sonrisa, casi automática. Después sintió que el guerrero se levantaba y ahora aprisionaba su mano enguantada con las suyas.

La dama de Hierro estuvo a punto de entrar en acción, de hecho Kaori se encontró muy tentada de soltar un improperio al ver el ímpetu del shinigami al tomarle la mano de aquel modo, pero el nuevo torrente de palabras de Hashimoto la hizo callar. “Un honor”, ¿quién podría considerar un honor trabajar con alguien qué presionaba tanto, con alguien qué era el fuego personificado? No entendía absolutamente nada y no era fácil hacer dudar a alguien tan segura de sí mismo como Izumi Kaori. Por un segundo se quedó mirando las manos y no dijo nada, después las retiró, casi con violencia y carraspeó. Se dio la vuelta y siguió caminando, con las manos detrás de la espalda, dando por sentado que su “seguidor” iría detrás de ella.

Este fue el momento en el que los diez dedos de sus manos crujieron, haciendo que los mitones soltaran un ruido sospechoso. Iba a tener que cambiarlos pronto, ¡menudo fastidio!, aunque no podía parar de repetir este gesto, porque la ayuda a calmarse y a pensar. De ahí que cuando las palabras volvieran a ella parecieran tener algo de sentido.
- Supongo que estás al tanto de los turnos rotativos del escuadrón- era obvio, si llevaba algún tiempo allí debía conocerlos- no sé que estarás haciendo esta semana, pero voy a formar un grupo de reconocimiento que irá al Rukongai conmigo al frente- casi se había arrepentido antes de decirlo- ¿te gustaría formar parte?- y entonces se dio la vuelta, con una sonrisa cómplice pintada en el rostro.
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Re: Un paseo por el jardín

Mensaje por Sarevilo Hoshimoto el Vie Ago 03, 2012 8:47 am

Luego del primer intercambio de palabras, tanto Hoshimoto como su capitana se encontraban de pie uno frente al otro. Este estaba sosteniendo suavemente la mano de su superior con las suyas propias, esperando algún tipo de devolución; mientras esbozaba la sonrisa más pura que de todas las que había realizado antes. El atardecer sentaba al hermoso jardín de una manera tan armoniosa como lo era el mediodía. Ya que a pesar de la falta de algunas flores, cuyos capullos ya se habían cerrado por la hora, los tenues matices de naranja daban al ambiente en tono de calidez muy reconfortante.

Sin embargo, la acción de su superior ante esto fue más violenta de lo que él esperaba. Ella solo quitó su mano de entre las suyas sin decir palabra para luego darse la vuelta y seguir el camino que había interrumpido para abordar parte de la plática de hace unos momentos.
Ante este inesperado acontecimiento, el joven shinigami no sabía que hacer. En su interior lo carcomía la duda de haber generado el odio de su capitana al mencionar a su antigua mentora. ''Soy un tonto'' pensaba mientras se ponía cabizbajo, culpándose a si mismo de haber perdido la oportunidad de comenzar una buena relación con su modelo a seguir.

Sin embargo, cuando ya creía estar resignado a generar una buena impresión a su capitana, esta soltó unas palabras que le hicieron entrar en razón nuevamente. Al parecer, su capitana le estaba preguntando si estaría dispuesto a entrar en una misión junto a ella y su grupo de shinigamis.
Al decir esto, el rostro de Hoshimoto se iluminó nuevamente, ya que comprendió que su capitana no estaba enfadada con él. Por la gran felicidad que tenía en su interior, surgió en él un sentimiento de abrazarla y darle las gracias. Pero pronto supuso que si con solo tocarle la mano, su capitana reaccionó de una manera tan brusca; si la llegaba a abrazar, dios sabe lo que le esperaría. No hace falta decir que él estaba más que dispuesto a correr el riesgo, pero eso sería poner en juego el respeto de su capitana, que es lo que menos quisiera perder Hoshimoto en esos momentos. Por lo que decidió agradecerle haciendo una nueva reverencia...

Sin embargo, antes de iniciarla, recordó que a su capitana parecían no gustarle esas formalidades. Por lo que tampoco podía hacer eso. Ahora el joven shinigami se encontraba en un serio aprieto, ya que no sabía de qué manera responder ante el ofrecimiento de su capitana. Pero tras un corto período de vacilación, en el que vació su mente, actuó simplemente como su corazón se lo dictó. Puso su mano por detrás de la cabeza y soltó una leve y pura risotada. Tras la cual, mostró una enorme sonrisa y comenzó a hablar.
-Lamento la risa, es que sus palabras me han alegrado mucho. - Adhirió sin modificar la sonrisa de su rostro. -Por supuesto que estaría encantado de participar en esa misión. ¡Estar en una misión con usted es uno de mis mayores deseos! - Tras lo cual volvió a repetir otro tenue jocoso. Una inocente carcajada mezcla de su gran emoción y su enorme alegría. -Esta semana estoy a cargo del mantenimiento del Dojo. Pero haré lo posible para dejarlo listo para cuando comience la misión. ¡Así que cuente conmigo!-

Tras lo cual quedó inmóvil, esperando la respuesta de su capitana. Lleno de un sentimiento de alegría tan grande que no le alcanzaba su sonrisa para expresarlo.
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Re: Un paseo por el jardín

Mensaje por Izumi Kaori el Mar Ago 07, 2012 2:14 am

“Ojala todos fueran tan entusiastas como tú” quería gritar la Kaori que se escondía tras la armadura que revestía su cuerpo, aquella que había robado arroz en el Rukongai y que había vivido sus primeras borracheras en los tugurios más destacados de la zona más pobre de la Sociedad de las Almas. También esa que se había reído como una loca cuando obtuvo su uniforme de shinigami, pero no debía ni podía dar rienda suelta a sus sentimientos. La Dama de Hierro era inflexible, no se dejaba llevar por nada, y mucho menos porque uno de sus subordinados se mostrase especialmente orgulloso de que ella fuese su capitana. No, no y no, nada de favoritismos, nada de empatía, se dijo y se volvió para encarar a su shinigami, que parecía absorto en sus propios pensamientos, por un segundo la Izumi pensó que iba a quedarse así para siempre, pero ni por asomo.

El joven Hoshimoto se echó a reír, con un sonido que era casi tan contagioso como su entusiasmo, algo a lo que la capitana aún tendría que acostumbrarse. Tal fue el caso, que la capitana más dura de la Sociedad de las Almas tuvo que poner su mejor esfuerzo para no unirse a él y reírse como una niña. Así que hizo lo que hacía cada vez que quería desfogarse y sacar afuera todo su odio: pensar en el imbécil de Chiesa. Ya lo veía, menudo estúpido: coqueteando con cualquier mujer, a saber si había alguna que le hacía caso, porque a ella le parecería la cosa más repugnante del mundo, ¿quién se fijaría en semejante fantoche? Ella no, desde luego y este pensamiento fue el que hizo que se mantuviese neutral, con la mirada al frente y esperando a que a Hoshimoto se le pasase su ataque de risa.

Las carcajadas se hicieron eternas, como si el joven no pudiese contenerlas, la ceja alzada de la capitana debió de ser bastante, porque volvió a la realidad y además pidiendo de perdón por haberse reído así. Al parecer había reaccionado así de pura alegría, la muchacha no estaba acostumbrada a aquello, de ahí que se mostrase un poco brusca, dando una simple cabezada para dejar claro que estaba de acuerdo con lo que se le decía. No podía seguir escuchando aquello, iba a explotar de tanto azoramiento, de ahí que se rascase la nuca, un gesto claramente masculino pero que, contra todo pronóstico, no le restaba un ápice de su brutal feminidad.

- Entonces te avisaré cuando tenga reclutados a los shinigamis que se encargarán de eso- aseguró, con el sonrojo nuevamente pegado a su rostro de porcelana y la mirada en sus mitones, que no hacían más que crujir, como siguiera así los partiría esa misma tarde- confío en que el dojo quede perfecto, Hoshimoto san, ya que te has comprometido a ello- y asintió en silencio, con una medio sonrisa pintada en el rostro- espero que si te surge alguna duda, acudas a mí para preguntarme- ¡Ouch!, definitivamente se estaba haciendo blanda y no podía ser, ¡una y mil veces no!. De manera que alteró un poco el gesto- de hecho ese será el requisito para venir en la misión, debes dejar el dojo en perfectas condiciones- y volvió a tender la mano, con naturalidad, aunque no con la camaradería que podría esperarse de un shinigami raso que trabase amistad con Hoshimoto- y debes dejar de hacer reverencias y hablarme como si fuera… una heroína. Llámame capitana o Izumi taichou, ¿de acuerdo?- si conseguía no ser tan encantador podrían seguir hablando, sino la muchacha se marcharía de ahí sin decir nada. Podía soportar algunas cosas, otras definitivamente, no.
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Re: Un paseo por el jardín

Mensaje por Sarevilo Hoshimoto el Jue Ago 09, 2012 11:34 am

Mientras más y más se desarrollaba la plática, la alegría de Hoshimoto crecía continuamente. Realmente estaba contento de poder hablar de esa manera con su tan estimada capitana ¡Y aún más de que esta le reconociese! Y sus últimas palabras, en las cuales le preguntó si querría ir a una misión junto a ella, lo dejaron inmóvil de la emoción. Sin embargo la delicadeza con la que le hablaba su capitana lo hizo dudar un poco, ya que era raro en ella ver ese tipo de comportamientos. Es verdad que nunca antes la había visto en persona; pero por lo que se hablaba y, aún más importante, la imagen que había ideado de ella durante la conversación, era evidente que su capitana era una persona de fuerte carácter y suma determinación.

Sin embargo, sus dudas se disiparon en el momento en el que su capitana recobró la firmeza en su hablar y le impuso la condición de encargarse completamente del dojo para poder ir a la misión. Ahora todo volvía a la normalidad y el shinigami esbozó una sonrisa de alegría al cruzársele un fugaz pensamiento por su mente. Ciertamente, la entereza de su superior era una de las cualidades que Hoshimoto más admiraba... pero el papel de líder amable y alegre tampoco le quedaba tan mal.
Tras decir esto, la Doncella de Hierro extendió su mano, como para cerrar un trato. Mientras que le decía al shinigami que dejara esos modales de lado ya que, al parecer, le molestaban demasiado.

Ante esto, el shinigami de ojos extraños le estrechó la mano a su superior sin dudarlo. Pero igualmente lo hizo con suma delicadeza, ya que no tenía porqué demostrarse fuerte ante su capitana, prefería mostrarse cortés. Ya que su fuerza la vería en la misión, pensaba el shinigami, convencido de que se presentaría allí. Y mientras se estrechaban las manos, éste soltó unas palabras con suma determinación.

- ¡Muchas gracias capitana! Ahora que me lo ha ordenado, me encargaré del dojo con aún mas ganas...- Tras lo cual bajó un poco su temple y se volvió a su capitana con un tono más de disculpa. - Y... y lo siento Izumi-Taichou, pero esta es mi manera de dirigirme ante la gente... Es parte de mí, por lo que me es muy difícil hablarle a alguien de ua forma no respetuosa. Y más aún ante usted capitana.- Tras lo cual hizo una pausa, en la que comenzó a arrepentirse de sus palabras. ''Es mi forma de ser pero, si le incomoda a mi capitana, talvez este sea un mal hábito'', pensaba el shinigami. - Pero... si realmente le molesta, haré lo posible por cambiar.- Tras lo cual, ambos dejaron de estrecharse las manos y Hoshimoto volvió a hablarle a su capitana. Ahora, con una enorme sonrisa en el rostro. - Si quiere, ¡Ya mismo me dirijo al Dojo para comenzar con mi trabajo!-

Dijo, tras lo cual quedó firmemente de pié, aún esbozando la misma pura sonrisa. Esperando la respuesta de su capitana con una mezcla de entusiasmo y alegría.
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Re: Un paseo por el jardín

Mensaje por Izumi Kaori el Jue Ago 30, 2012 11:55 pm

[FDI: Siento mucho el retraso, ¿te parece qué vayamos cerrando? Por cierto, te mande un privi a la cuenta de tu arrancar, ¿te llegó?]

No estaba acostumbrada a todo aquel derroche de amabilidad, la pálida capitana del Sexto Escuadrón normalmente era tratada con respeto, con educación, e incluso con temor o de modo desdeñoso (de todo había habido) pero sentir que alguien la tenía en tan alta estima no podía más que descolocarla. En cierta medida, se sentía como una chiquilla y eso era inaceptable, completamente fuera de lugar y no sabía si debía estar dispuesta a permitirlo. Apretó el puño, haciendo un esfuerzo por no empezar a romper cosas, ¡maldito fuese su humor de perros!, que la hacía pasar del sonrojo al enfado en un segundo. Convirtió sus labios rosados en una línea recta y encaró al shinigami que había conseguido llevarla hasta aquel estado.

Él acababa de decirle que aquella era su forma de ser y que no podía hacer nada para cambiarlo, a lo que ella tuvo que reconocer que ella tampoco podía (¡cuántas veces le hubiera gustado poder ser diferente!) aunque no podía evitar la incomodidad que aquello le producía. Había crecido en el rukongai, le había costado mucho habituarse a que la llamasen primero teniente y luego capitana, pero lo de Hoshimoto era pasarse de la ralla, apretó las manos un poco más fuerte. No es que quisiese que la llamara Kaori-chan (aquello era algo que hacía el imbécil de Chiesa y le sentaba como si le diesen una patada en el estómago y luego la colgaran de los pies) pero no le gustaba sentirse así.

- No es que cambies, Hoshimoto-san, es…- se mordió la lengua, no. No podía ser, debía aprender a relacionarse con la gente, por mucho que le costase. De ahí, la sonrisa con atisbos de mueca que se dibujó en su rostro- me gustaría que tuvieras listo pronto el dojo- podía haber añadido que pasaba la mayor parte del tiempo allí, pero no lo hizo, sino que levantó una mano, dándole permiso para marcharse ya, porque ella estaba deseando hacerlo, no aguantaba más semejante grado de amabilidad por parte de su subordinado, iba a explotar, y mejor hacerlo lejos de allí- de hecho, puedes empezar ya, yo debo marcharme a cumplir con unos importantes asuntos que precisan mi atención ahora mismo- hizo un gesto con la cabeza a modo de despedida y caminó (con toda la normalidad que pudo darle a sus pasos) hasta el interior de la división.

Saludos, preguntas y requerimientos fueron atendidos de camino a su habitación, donde se encerró sin decir palabra, una vez allí su puño enguantado se disparó contra el suelo una y otra vez y éste quedó hundido unos centímetros, gruñó durante un rato (tal era el enfado en el que se había visto sumida por algo tan corriente como unas palabras amables) y repitió sus puñetazos, esta vez la madera se astilló un poco más y la joven se levantó. Notó cierto revuelo en el pasillo y salió para notificar a los shinigamis que se habían acercado hasta allí que se encontraba bien. Los chicos, algo más calmados, se marcharon haciendo una reverencia y Kaori se quedó sola.

Era en momentos como aquellos cuando se preguntaba porqué era incapaz de recordar nada de su pasado humano, ¿quién había sido, había tenido familia, hermanos o hermanas?, durante su estancia en la zona más pobre de la Sociedad de las Almas no se lo preguntó, ni años más tarde. El asunto empezó cuando conoció a ese engreído de Chiesa y vio al chico de ojos grises.

Esos ojos de los que no había podido olvidarse pero de los que tampoco había podido saber nada más. Aquello era absolutamente frustrante, cerró los suyos y se dejó caer en el suelo abollado, cuan larga era, odiaba aquello, odiaba todo, en realidad. Últimamente uno de los temas que de vez en cuando se colaba en su cabeza había vuelto con más fuerza que nunca, y más después de haber hablado con Hoshimoto-san: su forma de ser. ¿Por qué no podía ser tan dulce como Yoruko-san, qué demonios le pasaba?, se llevó las manos a la cara, se había jurado a sí misma que no tendría nada que ver con personas como Valeria-taichou, ella nunca sería de aquel modo, pero a veces, últimamente más de las adecuadas, se preguntaba si realmente no quería ser lo es que no tenía la capacidad para ello.
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Re: Un paseo por el jardín

Mensaje por Sarevilo Hoshimoto el Sáb Sep 01, 2012 4:18 pm

Las palabras y gestos de su capitana, un tanto cortantes, hicieron crecer la duda en el corazón de Hoshimoto de que tal vez él la hubiera ofendido. Aunque solo era una duda, una inquietud tan pequeña comparada con su enorme alegría por poder formar parte de una misión junto a su ídolo, que ni siquiera le dio importancia en el momento; y sin poder contenerse, exclamó casi gritando ante su capitana que se alejaba cada vez más: - ¡¡Muchas gracias Izumi-Tai... San, Izumi-San, sepa que sigo estando a su entera disposición!!- Tras lo cual dio media vuelta y partió rumbo al Dojo tan rápido como su emoción se lo exigía. Corriendo primero a través los pastizales del jardín, para luego saltar entre los diferentes edificios del Seireitei; hasta a veces, realizando shunpos.

Al llegar al lugar, ya era de noche por completo, y una enorme luna creciente se alzaba en el cielo, como sonriéndole al joven shinigami de la misma forma en la que él le sonreía a todo el mundo durante esa noche. Una noche entera que pasó frotando y enjuagando cada uno de las manchas de sangre, y cada uno de los pequeños charcos de transpiración. Trabajando deteniéndose sólo en pequeños momentos en los que se ponía a pensar y a recordar. Se preguntaba cómo podía ser tanta sangre derramada por las manos de su propia capitana... Una pequeña risa parecía ser su única acompañante esa clara noche, una surgida por la (tal vez loca) idea de entrenar junto a ella, de poder sentir con su cuerpo de lo que es capaz la Doncella de Hierro. Aunque no sabía si podría estar a la altura de siquiera una parte de su poder... Aunque estaría dispuesto a correr el riesgo para poder conocer aún más a su capitana. ''Después de todo, la mejor forma de conocer a alguien es entrenando con él.'' Eso era lo que pasaba por su cabeza en esos momentos.

Luego de esto, los recuerdos del final de la conversación que tuvo ese mismo día resurgieron en él la duda de haber ofendido a su capitana. Y no lo dejaba tranquilo el oír en su mente una y otra vez esa frase incompleta sde la que tanto anhelaba la respuesta: ''No es que cambies, Hoshimoto-san, es…''. ''Es cierto que es mi forma de ser, pero qué estaría pensando la capitana en ese momento, ¿Que mi forma de ser está bien? ¿Que cambie solo un poco?... No importa, la próxima vez que me encuentre con ella sabré de que forma actuar... Y si no puedo, ¡Aprenderé!''
Tras lo cual volvió en si y continuó con su tarea, trabajando aún más duro. Deteniéndose ahora solamente para mirar momentáneamente la gran insignia de la sexta división que colgaba de la pared con una sonrisa de confianza en el rostro. - ¡¡La capitana va a estar orgullosa de mi!!-
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Re: Un paseo por el jardín

Mensaje por Sarevilo Hoshimoto el Jue Sep 13, 2012 7:26 am

Si Izumi-Taicho esta de acuerdo, creo que ya se podría cerrar este tema.
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Re: Un paseo por el jardín

Mensaje por Izumi Kaori el Jue Sep 20, 2012 3:05 am

Cerrado pues ^^
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Re: Un paseo por el jardín

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