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La Cacería de Alastor (Grupo 4) [TRAMA]

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La Cacería de Alastor (Grupo 4) [TRAMA]

Mensaje por Narrador el Jue Ene 20, 2011 4:46 am


Las instrucciones habían sido entregados y los arrancar, con el fin de atacar al enemigo por todos los flancos habían sido divididos en varios grupos. Poco sabían ellos de lo que les depararía semejante cacería, siendo lo más cercano a una guerra civil que había sufrido Hueco Mundo en toda su historia. Pero el traidor debía caer, eso era lo más importante.

El terreno jugaba en favor de los sublevados. Ante los enviados de Marcus cada grupo liderado por una o dos fracciones, arrancar notables dentro de las masas que seguían al Amo del desierto Hollow, se podía ver un vasto terreno de rocas escarpadas, parecido a un bosque retorcido y extremadamente siniestro. Como el bosque de menos que se encontraba bajo sus pies, las ramas de roca se confundían y mezclaban entre sí tejiendo un intrincado telar que se presentaba ante ellos más amenazante que cualquier otra criatura que poblase las arenas. Si eran lo suficientemente precavidos.

Justo en el linde, pocos troncos se podían distinguir de las escarpadas estalagmitas que surgían del suelo apuntando al cielo como brazos extendidos hacia la luna llena. El orbe celeste, teñido de un color rojizo, como una predicción de la sangre arrancar que se derramaría en el albo terreno. Se escuchaba el ulular del viento entre las ramas rocosas creando la ilusión de voces siniestras y gruñidos que amenazaban a cualquiera que osase poner un pie en su territorio... O tal vez no eran ilusiones...

La gran mezcla de reiatsus permitía a los más avispados distinguir varios de poderosas emanaciones y otros muchos que no presentarían mucho problema para cualquiera de los guerreros que habían decidido acabar con los insurrectos. Eso sí, eran muchos, muchos más. La oscuridad impenetrable no permitía ver más allá que a unos metros una vez se internaban en el bosque fosilizado. En algunos momentos, las ramas parecían cernirse sobre ellos para intentar aferrarlos con fiereza y desgarrar su carne. Puede que solo fuera la forma en que la luz de la luna incidía sobre las duras y afiladas ramas.

Todos sabían que no tardarían en escuchar los gritos de dolor de los combatientes, y solo les quedaba esperar que no fueran un aliado, pues el número, a pesar de las apariencias, era siempre importante. Ahora, solo quedaba esperar a la resistencia. A los guardianes que presentarían cara a los enviados por Marcus, el primer arrancar, a terminar con aquellos que osaban rebelarse a su poder y dominio. Ahora... Solo quedaba esperar...





[OFF: Siento muchísimo el retraso pero por fin llega la ansiada trama arrancar!!! Bien!!! Bueno los miembros del grupo que posteen una o dos rondas en el orden que quieran. Pronto, vendrá alguien a presentar batalla. Lo más importante, a divertirse y que se lo pasen bien! ^ ^]


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Re: La Cacería de Alastor (Grupo 4) [TRAMA]

Mensaje por Hideyori Taira el Vie Ene 21, 2011 10:28 pm

Hueco Mundo…

Hogar de las más voraces criaturas. Residencia de la muerte y lugar de perpetuas cacerías. Pero aquella…aquella iba a ser diferente…

Se notaba en el aire, en el ambiente estático y enrarecido. En el viento que había dejado de soplar, dejando inmóviles por una vez las cambiantes dunas del desierto; como si de un mar congelado se tratara. La luna sobre sus cabezas parecía más próxima que nunca; más voraz, más opresora, como si el techo del mundo hubiese descendido para observar de cerca la gran guerra que estaba por venir.

Sólo una vaga aparición rompió el silencio. Apareció de la nada, posándose con suave gracia sobre la cresta de una gran duna. Pero en aquel silencio, casi se pudo oír el crujir de los pequeños granos de arena al entrechocar y abrir hueco al nuevo peso que sobre ellas yacía. Y la figura miró hacia el cielo. Miró a la luna, desafiando su poder, controlando las imágenes y recuerdos que se le venían a la cabeza.

Aquella luna…aquella luna carmesí…Era igual aquel que aquel día.

Recuerdos de un día rojo, teñido en sangre y con el sádico astro posando la mirada sobre su nuca, como un cuchillo que se acerca irrevocablemente a su destino. Como entonces, casi podía sentir el filo, frío y peligroso, rozando tras su cuello, con la lúgubre amenaza de que la sangre podría volver a correr. Y tanto que lo haría.

Taira devolvió la mirada al frente, en dirección al que pronto sería escenario de una guerra civil arrancar. En sus ojos, brillaban destellos de ambigua luz, cambiante, como si proyectasen al exterior el frenesí de pensamientos que brotaban y morían a cada segundo en su mente. Era una tortura.

Con el tiempo, había aprendido a controlar la locura. Creaba pensamientos fugaces, efímeros, que mantenían su mente ocupada contra la constante presión de su segunda consciencia, su alter ego, que parecía presionar desde la parte más oscura de su cerebro. Aquello solía funcionar. Albergaba cientos de pensamientos, miles de diferentes sentencias con las que darle vueltas y vueltas a la cabeza. Y todo con tal de no reconocerlo. De no reconocer a su otro yo.

Durante muchos años, aquello había funcionado, casi sin pasarle más factura que el que el resto siempre recelara de su presencia, de sus cambios de humor e imprevisible y violenta conducta. Pero en aquellos días, también tenía a Alastor…

Él le enseñó a canalizar su pensamientos, a dejar de ser un salvaje indómito y peligroso. A poder estar en una sala y permanecer en silencio, y sin dañar a nadie. Y cuando no podía más, cuando la demencia llamaba a las puertas de su mente y él ya tenía la mano sobre el pomo, temiendo abrir; Alastor aparecía tras de él, posaba con firmeza la mano sobre su espalda, y abría la puerta de una patada, dejando que el monstruo viese la luz, que Taira enloqueciera. Que descargase toda su rabia contra él, y que acabase cayendo, al final, casi por agotamiento. Y así consiguió tener el Hideyori un pequeño remanso de cordura. Gracias a él.

¿Pero ahora…? No. Ahora aquello no lo salvaría. Ahora ya había perdido su mentor; y lo quisiera o no, aquel constante mar de pensamientos había ido pasando factura a su mente; dejándolo más demente de lo que nunca antes estuvo. Ya no podía mantener alejado al monstruo. Las visiones se hacían cada día más reales; los cambios de humor, más marcados. Algo estaba intentando salir, y él ya no tenía la fuerza para mantenerlo encerrado.

A su espalda, el resto de su grupo de cacería llegó. Pero él ni se dio cuenta. El dolor se hacía insoportable por momentos. Desorientando, torturando. Apenas veía ya el mundo real frente a sus ojos, sólo destellos y más destellos, imágenes de masacres pasadas y recuerdos que posiblemente nunca fueran ciertos. Un castillo blanco, un desierto gris, una bestia negra. Una voz que le susurra y le pide tomar el control. Un grito. Y aquella sensación de caer al vacío de nuevo. Donde su voluntad yace retorcida, rota…

Intentó dar un paso al frente, en un intento por regresar al mundo real. Pero trastabilló y cayó. Él, y su voluntad.

De rodillas sobre la arena, unos quejidos de lamento surgen de unos labios que empiezan a no ser suyos. La oscuridad se cierne. La locura brota. El cuerpo empieza a no obedecer.

Las manos que viajan al rostro y lo cubren con pesar. La frente que se apoya sobre la arena. Y una voz distinta, distorsionada, que amenaza:

— Aseguraos de que ataco al bando correcto y alejaos de mí. No queréis estar cerca cuando pierda el control…

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Re: La Cacería de Alastor (Grupo 4) [TRAMA]

Mensaje por Klauss el Mar Ene 25, 2011 1:23 pm

Brillando plácidamente en todo su esplendor estaba la luna llena, manchada de un arrebol sangriento. Parecía envenenar con su profecía el edredón de tinieblas que cubría el cielo del Hueco Mundo, sumido en una noche perpetua. Sobre el yermo paraje de arena blanca, tres figuras atravesaban la oscuridad y avanzaban hacia su destino. La lúgubre cantinela del viento susurrando en sus oídos, la voz de nadie, sugería la presencia de un ejército extraño que no podían ver.
Con la grácil y siniestra figura de Taira abriendo la marcha, Klauss se elevaba por el aire como si careciera de peso, permitiendo que las frías ráfagas le zarandeasen y le hiciesen serpentear, suspendido por hilos invisibles, hasta que descendía sólo para tomar otro breve impulso hacia la bóveda que vestía de luto.

El cuervo observaba, admirado, el mar de arena bajo ellos. Los reflejos irisados de las dunas, que parecían formadas a base de nácar molido, inflamaban en su mente prodigiosas consideraciones que ni siquiera la fiera tempestad que amenazaba con desatarse en su interior podía disipar.
Cada vez que lo contemplaba, sentía que nada lo comprendía tan bien como aquel baldío estéril y saciado de indiferencia. Aquel desierto, que silenciaba con su tupido velo toda clase de secretos olvidados, que guardaba en sus entrañas un nido de alimañas y bestias de pesadilla, era la más fiel de las representaciones accidentales de su alma.

"Custodias aquellas vilezas que el hombre teme conocer, y eres heredero de efemérides, público solemene de gran controversia y maquinaciones. Tu silencio es críptico, tus advertencias mal interpretadas, y a tu juicio se sobrevive sólo evitándote."


El Arrancar aborrecía y amaba con total impunidad aquel desierto a sabiendas de que nunca sería correspondido, que no obtendría de él nada más que un trato displicente e imprevisible. Posiblemente ninguna fuerza tan espotánea y antojadiza tuviese tal encanto, tan parecido al de un acertijo más intrigante que de costumbre. "Quizá sólo por eso..."
El viento aullante que le helaba la piel le hizo estremecerse como una hoja flotando a la deriva, mientras su instinto de supervivencia le conminaba a retroceder y abandonar aquella guerra a la que iban a sumarse. Klauss siempre se había vanagloriado de ser un hombre práctico y cauteloso que rechazaba cualquier enfrentamiento si no las tenía todas consigo, un hombre que rehuía mezclarse en los asuntos de El Amanecer y prefería trabajar solo. Y al parecer, ahora también era un experto en contradecirse a sí mismo.

El astro reflejó sus cruentos rayos sobre el ramaje pétreo que se abría a la noche, en actitud estática. La corriente amainó, hasta que el paisaje natural fue aquietándose poco a poco. Para cuando los Arrancar detuvieron el avance, hasta el último grano de arena quedó inmóvil.
Con una pirueta que tuvo algo felino, Klauss se encumbró en uno de los singulares árboles hasta alcanzar una rama lo suficientemente ancha y sólida como para aguantarlo. Se acuclilló con el más discreto de los ademanes, y allí se quedó, como una gárgola de alabastro que oteara el orizonte.

No se sobresaltó cuando aquella advertencia afloró de los labios del Hideyori, que yacía postrado en la arena como si venerase al mismo desierto, con una voz ajena, empañada de algo indefinido y vil. Klauss devolvió la mirada a la luna, que parecía observarlos uno por uno, desde lo alto.

-Nadie va a molestarte. Actúa sin preocuparte por nosotros- habló por primera vez en aquella espantosa quietud. Tras una ligera pausa, volvió su inexpresivo semblante hacia la niña que los había acompañado. Poseía uno de esos rubicundos rostros que cuadraban tan bien con los paisajes invernales- Intenta no caer demasiado pronto.

Sin nada más que añadir, recuperó su anterior posición y permaneció expectante, sintiendo que la luna no era la única que vigilaba sus movimientos.
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Re: La Cacería de Alastor (Grupo 4) [TRAMA]

Mensaje por Erzsébet Batory el Sáb Abr 02, 2011 1:34 pm

Erzsébet recorría el desierto algo rezagada del grupo, avanzaba velozmente entre las enormes dunas y levantaba una enorme nube blanquecina que no dejaba ver su menuda silueta. Sus compañeros se pararon y ella frenó a unos escasos metros de ellos, dejando que el pesado aire oxidado pasase por sus fosas nasales y que los efluvios que desprendía la arena llegasen como un torrente que le quemaba por dentro y le instaba a luchar. La arrancar contuvo su excitación y miró a su alrededor. El paisaje había cambiado bruscamente, las montañas de blanca arenisca habían sido sustituidas por rocosos fetos mal parados, vomitados por una tierra estéril y enferma tan sólo iluminada con la tenue luz sanguinolenta de la luna,que caía como fina lluvia sobre el paraje. El viento comenzó a gemir con violencia y se escucharon gritos y alaridos lejos de donde estaban. Hueco Mundo tenía hambre de sus hijos.


Debe de ser muy estúpido si realmente cree que le vamos a hacer de niñeras, pensó Erzsébet ante las palabras de Taira. Si el miembro más fuerte del grupo iba a estar descontrolado, estaba claro que ellos iban a ser los masacrados en la lucha. Erzsébet miró a klauss; tampoco inspiraba mucha confianza, ya que si no hubiese hecho un comentario mordaz, habría pensado que ese curiosos personaje de mirada perdida y cabello plomizo sufría un pequeño problema de autismo. Desenvainó su katana y la alzó para poder acariciar el filo rojizo de su espada, cuyos destellos bailaban como lenguas de fuego en el metal. La joven quedó momentáneamente hipnotizada por la belleza del mortífero acero, no obstante, volvió a introducir su arma en el la vaina, dejando la mano izquierda cerca de la empuñadura.

El griterío había cesado y hueco mundo había dejado de respirar, conteniendo el aliento hasta que nueva sangre volviese a brotar.

Off: Mil disculpas, me había olvidado este pequeño pj -.- Y bueno... tampoco es que este año tenga mucho tiempo.
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Re: La Cacería de Alastor (Grupo 4) [TRAMA]

Mensaje por Narrador el Jue Mayo 26, 2011 6:09 am

[FDI: Ahora me toca a mí, espero que se me dé bien]

El cielo, las arenas finas y casi azuladas que podían verse en todos lados, incluso la brisa que corría por el desierto, y sobre todo la luna ensangrentada, daban fe de cuan grande era lo que se avecinaba de un momento a otro. No era algo tangible, no un olor, ni una visión en medio del desconcierto, desconcierto que de momento no existía y que quizás no llegase a producirse, era la sensación de que algo se acercaba, unas energías que parecían venir de todos lados y a la vez de ninguno.

Y los tres arrancars que formaban aquel grupo lo notaron, no vestían el blanco inmaculado por simple capricho, y cada cual lo hizo a su manera, el monstruo que habitaba en Hideyori Taira le amenazó con convertirse en el dueño de todo, la serenidad que mostraba Klauss no desentonaba con el espacio de pálido color a su alrededor, y la pequeña Erzsébet Batory apenas ni se movió, a la espera de los sucesos que, sin lugar a dudas, se producirían antes de que ellos lo esperasen. Y ahí estaba, el primer temblor de tierra, uno sutil, apenas un cambio de densidad en las suaves dunas que se formaban a lo largo de todo el Desierto, mas el momento se convirtió en un temblor que no podía dejar indiferente a nadie, no solo por el movimiento de la arena, sino también por la energía espiritual que emanaba de todos lados.

Las primeras figuras aparecieron cuando la luna más brillante estaba, más cárdena y enorme. Y con ellas bramidos, respiraciones ahogadas y pies que se arrastran a diferentes velocidades. Hollows a medio evolucionar, algunos tan deformes como los habitantes de las pesadillas más nauseabundas, extraños animales que se movían, renqueantes a dos patas, adjuchas con ansías de convertirse en algo más y hasta algún que otro arrancar recién salido del caparazón. En primera instancia estos enemigos no serían problemas para guerreros de la talla de Hideyori, Klauss o Erzsébet, pero no solo eran ellos. Tras la primera fila de combatientes, otra, y otra… era como si las blancas arenas se hubieran ido a transformar en una comitiva increíblemente grande de enemigos, todos ellos dispuestos a matarlos para obtener más poder, para evolucionar y dejar de ser las criaturas más insignificantes de Hueco Mundo. Pero no solo esto, todos estos que se oponen de un modo tan directo a Marcus, no son más que marionetas en manos de alguien cuyo fines son mucho más oscuros, mucho más retorcidos.

Pero eso, de momento, no es lo que interesa del asunto, el caso era que las primeras oleadas se apresuraron a lanzarse sobre sus enemigos. Los que estaban a la cabeza eran simples hollows en evolución, mas no eran pocos los que se precipitaron sobre los tres arrancars, que les esperaban. En primera instancia, teniendo en cuenta que el que tenía más rango era el que menos dominio tenía sobre sí mismo, fueron cuatro de estas criaturas amorfas y balbuceantes las que se decidieron a atacar a la por entonces fracción del Noveno Escuadrón. Otros tres observaron al arrancar y a su inseparable cuervo y se decidieron por él. De momento fueron solo dos los que se apresuraron a pelear por la más joven de los tres. El combate no había hecho más que empezar, lo único que faltaba era ver como se desarrollaría.


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Re: La Cacería de Alastor (Grupo 4) [TRAMA]

Mensaje por Hideyori Taira el Lun Mayo 30, 2011 1:54 am

Primero, fue sólo un rumor. Apenas vibraciones sobre la arena, como las ondas del agua al tamborilear sobre ella con los dedos o soplar sobre su superficie. Pero luego, la vibración aumentó:

Como una sinfonía de notas in crescendo, las perturbaciones se amplificaron; dejando de ser poco más que un cosquilleo sobre los pies para convertirse en algo así como un seísmo a baja escala. Las crestas de las dunas cercanas comenzaron entonces a difuminarse, a perder la filosa forma para dar paso a cantos redondeados de arena. Pequeños hollow menores, de forma serpentina y apenas cuatro palmos de largo, se escabulleron entre las arenas ante la amenaza desconocida, buscando refugio a unos cuantos metros bajo la superficie. Y una especie de avestruz hollow mutante, de color entre rosado y purpúreo, hundió la cabeza bajo tierra, sintiéndose a salvo con tamaña estratagema. Valiente ingenuidad la suya.

El cielo, como el avestruz, la arena y las perturbaciones en el aire, estaba teñido de un tono violáceo, surrealista; difuminado como el lienzo aún húmedo que se deja bajo una llovizna. Y la luna…¡Oh, la luna…! Brillante cual ópalo de fuego incrustado en el firmamento, y delineante de absurdas siluetas en el aire. Todo era tan…tan perfecto…

Tan inconcebiblemente perfecto.

El Hideyori se levantó. El olor de la sangre era demasiado intenso como para ser ignorado, aun cuando esta no había sido siquiera derramada. Estaba frente a él, se acercaba; como una marea carmesí, sedienta y voraz de la suya propia. Y no admitía esperas. Transcurrieron unos segundos; y el sonido de las criaturas se acercó aún más a las huestes del Amanecer. Ya casi estaban encima de ellos…

Cuatro figuras abstractas, difuminadas bajo la cárdena visión de Taira, se abalanzaron sobre él. Su forma, desfigurada por los estragos de su locura, le era apenas diferenciable: más semejante a una voluta de humo denso en el aire que a un ser verdadero. Pero sangraban. Debían sangrar.

Las cuatro volutas purpúreas se arrojaron contra el arrancar. Una de ellas – la primera – recibió la puñalada voladora de la torva hoja Hideyori – un filo curvo de empuñadura azabache - , justo entre los ojos. O, según correspondería a la visión del arrancar; justo en el centro de una emanación abstracta, más o menos circular, y a una altura de metro y medio sobre el suelo. Al instante siguiente, Taira ya se encontraba frente a la criatura, extrayendo, con la siniestra, la hoja a la carrera, y a punto de colisionar contra la abominación.

Justo entonces – y sin detener el avance -, dobló espectacularmente el cuerpo hacia atrás, forzando las rodillas a su límite y hundiéndose a su tiempo en la arena, gracias a su habilidad hollow. Desde aquella postura, imposible y hundida bajo el suelo, y ya evadida la colisión con el primer ser, desenvainó con la diestra a Opresora, asestando sendos tajos a izquierda y derecha, con la respectiva arma, por debajo de las rodillas del segundo y tercer enemigo.

Finalmente, emergió de entre las arenas de un salto, a punto para cortar diagonalmente la faz del cuarto y último atacante. Por el momento. Y antes de tener que enfrentar a su siguiente adversario de aquella marea, se tomó medio segundo para mirar atrás:

Volutas violeta oscuro, expulsaban como fuentes un fluido entre rosado y magenta; delicioso jugo. En ese momento, el último atacante – el parcialmente decapitado – caía muerto hacia atrás, empapando de pies a cabeza a Taira del líquido de sabor metálico. Él sonrió, se relamió con una larga lengua azulada, y devolvió la mirada al frente, donde de seguro ya aguardaba la siguiente amenaza. En el horizonte, entre los árboles cristalinos, casi podía oír el rezumar del aire ante la presencia de la bestia Alastor.

— "Espérame, Maestro, ya pronto me reuniré contigo…"

Y los colmillos carnívoros se cerraron en una sonrisa siniestra…
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Re: La Cacería de Alastor (Grupo 4) [TRAMA]

Mensaje por Klauss el Jue Jun 02, 2011 7:25 am

Una maraña de energías se alzó en la noche, como aterradoras aves de mal augurio. La tierra tembló y se contagió el aire de esas extrañas irradiaciones, volviéndose más frío. ¿Era todo una ilusión? Desde la nada que se abría más allá de sus ojos, entraron aullando como una jauría, coronados por las pálidas máscaras. Parecía un ejército producto de la más completa locura, aberraciones perversas listas para combatir.
Desde su posición, el cuervo intentó anticipar su textura, su sabor; cada noción concreta que degustaría a través de los sentidos, en su propia carne, por medio de sus manos, sus dedos, su boca. Se estremecía de expectación.

"Todo esto me despierta el apetito."

Y verdaderamente el hambre le mordía las entrañas, se las retorcía. Con un movimiento lento y preciso fue irguiéndose sobre la rama, extrayendo, a su vez, la zanpakutou de su lóbrega envoltura, sin apartar los ojos del mar de máscaras, creciente en cada oleada. No eran más que hollows comunes, quizás mejor alimentados que la media, pero no constituirían un gran problema para los Arrancar si sabían cumplir bien con su cometido. A Klauss no le era desconocida esta estrategia del enemigo, que probablemente pretendiera en su primer movimiento medir las fuerzas del oponenete y desgastarlas. Posiblemente la intención de los rebeldes fuera destruírles de forma gradual y escalonada, evitando tener que exponer a los mejores soldados de modo innecesario. Sin embargo, y él bien lo sabía, los de su raza gozaban de una soberbia que a menudo les impedía mantenerse al margen cuando surgía una ocasión de lucir su presunta superioridad, por lo que contaba con alguna aparición especial en el próximo cuarto de hora.

"Reservaré entonces, y sólo para ellos, la Resurrección... acabaría antes si liberase a Miseria de su sello, pero hay que ser precavidos..."

El hombre de tez cenicienta y cabello azabache permanecía de pie sobre el árbol cuan alto era, con la mano izquierda cruzada sobre el pecho y la diestra, que empuñaba el arma, llevada hacia atrás. Mantenía el peso del cuerpo apoyado en la pierna izquierda, manteniendo una posición desde la que podría atacar con gran rapidez. Mas, si Klauss era ducho en el arte de la esgrima, su especialidad consistía en atacar desde la distancia.

Sopló una suave brisa cuando su extremidad siniestra se contrajo por su cuenta en un espasmo que parecía ajeno al resto del cuerpo, como si fuera de otro aquel brazo que mantenía la espada a la zaga de su figura, y de otro también el rostro inexpresivo, que parecía examinar las filas enemigas casi con aburrimiento.
Si acaso existía una suerte de luz sucia y oscura, ésta se condensó en forma de esfera en la punta de sus dedos, cuando el joven sintetizó su energía espiritual y lanzó el primer cero, directo a la máscara del primer hollow que demostró interés por señalarlo como su adversario.

El cuervo no prestó gran atención a la nube de arena que provocó su ataque, iluminada por cientos, miles de luces diminutas después de que la careta de hueso se quebrase por el impacto, fragmentándose con el sonido de la porcelana rota. Él estaba demasiado absorto en el siguiente movimiento; había saltado de las ramas de cuarzo para lanzarse contra la segunda bestia, una confusa masa de músculos apergaminados y negros que gozaba de un único brazo insertado en el abdomen. Esquivó las garras con un paso atrás y un giro hacia la derecha, realizando a continuación una pirueta que encaminó el filo de Miseria hasta el costado desprotegido de la criatura. El acero se incrustó con una facilidad asoladora, arrancando un grito gutural y espeluznante que se sumó a la cantinela nocturna de la batalla. La sangre brotó a chorros y salpicó la moqueta blanca del desierto, que la absorbió con la desesperación de una garganta sedienta.

La energía espiritual tenía un olor particular para Klauss, muy parecido al de las gotas de rocío o los copos de nieve derretidos, y este aroma ahora perfumaba el aire, mezclándose con el salitre de la arena y el óxido de la sangre. Era una fragancia que no despertaba ningún recuerdo en su mente, más bien la limpiaba de ellos. Sólo quedaba entonces un instinto voraz, mórbido, algo primitivo, que hacía tintinear los eslabones que lo contenían. Suponía que algo parecido poseían todos los seres como él, que un día fueron hollows, sólo que dudaba que todos conocieran el modo de dominarlo.
Sólo bastaba echarle un vistazo al Hideyori...

Haciendo uso del sonido se apartó de la trayectoria de un mordisco de dientes puntiagudos cargados de fatalidad. El hollow actuó rápido y se lanzó hacia delante, deslizando el vientre sobre la tierra con la destreza de un reptil. El soldado de El Amanecer tuvo que reaccionar entonces con un pequeño brinco para que no le amputase los pies, golpeándole en un costado de la cabeza con la parte roma de la katana para desviar las fauces. Endemoniadamente insistente, el hollow acosaba al Arrancar sin más objetivo que devorarlo, hasta que el joven consiguió ponerle fin a la macabra danza con un par de cortes efectuados con precisión sobre la huesuda mandíbula.

La primera tanda de monstruos pronto sería sustituída por una segunda, y luego por una tercera... Recurrir al poder liberado de Miseria era una idea seductora en aquellos momentos, pero no quería gastar sus energías antes de tiempo, porque los horrores que les esperaban eran todo un enigma. Debía reservar fuerzas.
Mientras el enemigo avanzaba, Klauss dirigía sus ceros hacia las figuras hostiles que tenía a tiro, tratando de no hacer mucho caso a la comezón que sentía en el estómago.
Las guerras no sacaban precisamente la mejor parte de él...
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Re: La Cacería de Alastor (Grupo 4) [TRAMA]

Mensaje por Erzsébet Batory el Vie Jul 08, 2011 3:05 am

La arena comenzó a moverse sin que soplase viento alguno y Erzsébet se puso en tensión, alerta ante cualquier amenaza. De entre las dunas, hordas de deformes hollows de todas las clases salieron gruñendo de la arena encolerizados y sedientos de sangre. La joven arrancar no daba crédito a lo que veía, montones de hollows unidos y dispuestos a luchar y morir por un jefe. Hasta ella mismo dudaba que fuese capaz de hacer algo semejante por Marcus.

Aunque la arrancar había quedado algo abrumada por semejante despliegue de criaturas, era consciente que aquellos seres no eran más que un estorbo que les impedía llegar hasta Alastor, por lo que debían reservar fuerzas.

Ágil y silenciosa, la despiadada asesina sesgó con un rápido movimiento de su espada las vidas de los dos Hollows que le vinieron. No pensaba dedicarle mucho tiempo a esa lucha sin sentido, por lo que decidió atravesar las líneas enemigas intentando toparse con las bestias más débiles para así poder llegar antes al objetivo. Con esta decisión, la arrancar se internó en aquella enorme masa de bestias, esquivando siempre que podía y buscando los huecos más grandes para poder avanzar lo más aprisa que pudiese.

No miró atrás para ver si sus compañeros le seguían, ya que si ellos querían perder el tiempo y las fuerzas en una estúpida batalla sin fin, ella no iba a impedilo.


Off: Klauss, me encanta tu firma XDD
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