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Templar la mano que guía la espada

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Templar la mano que guía la espada

Mensaje por Otsuka Isono el Jue Ene 13, 2011 3:02 am

Era un atarceder cobrizo y tornasol; el cielo, como un delicado tapiz de seda, iba cambiando parsimoniosamente acompañando el lento descenso del sol, dejando que azul añil se tornase rojo y ámbar, hasta que la negrura de la noche cubriera el cielo aterciopelado. Una brisa fría y molesta se había alzado tras la puesta del sol, agitando las ramas de los escasos árboles que poblaban aquella zona, mientras se levantaban pequeñas nubaredas de polvo. Aquel lugar, pese a ser despejado y amplio, no era el idóneo para poner en práctica lo que surgió aquella distendida noche; había no sólo distacciones sino que se exponían a miradas curiosas y eso, era algo que Isono no estaba dispuesta a soportar.

Había llegado antes que los demás, tras haber puesto fin a sus obligaciones en el escuadrón; podría haber esperado a Daiki, pero quería meditar a solas el cómo plantearse aquel entrenamiento. Observaba con expresión serena las amplísimas zonas, la luz decreciente mientras el aire le agitaba el cabello; convenciéndose de que no era el sitio que necesitaba para ello. Necesitaba un sitio tranquilo, alejado donde no hubiera interferencias, silencioso y donde el viento nocturno no mermase su escasa paciencia. Sabía donde encontrar un lugar así. Sólo tenía que entrar en el Seireitei y abrir un viejo candado con aquel grabado anudado, pero, en el fondo no deseaba hacerlo. No quería abrir su intimidad ni ofrecerse como un juego interminable de preguntas y curioseos; guardaba demasiadas cosas para sí misma como para venderse a tan bajo precio.

Estirando ambos brazos hacia atrás, se recogió la abundante melena en una coleta a media altura, anudándola con un trozo de cinta tosca y negra. Las mangas se resbalaron hasta casi el hombro, dejando sus torneados brazos al descubierto al tiempo que la piel se le erizaba ante el súbito conctacto del aire frío.

¿Qué es lo que te produce tanto desagrado, Isono? ¿Un par de extraños? ¿El haberte implicado en asuntos que bien podrías haber ignorado?, inquirió Sangeki en un tono inusualmente poco acusador. El tiempo deja una huella imborrable, sin embargo, su paso lento y abotargado no impedirá que la memoria que conservas se desvaneca. La herencia de la que eres depositaria no podrá perderse, ni aún cuando decidas compartir el arte que te regaló; porque sus palabras llegaron a ti de una forma y tú, las darás de otra. La sabiduría no es estanca pues siempre está sometida al cambio, al movimiento y a la visión. La tuya es distinta a la de tu padre, aunque intentases transmitir sus lecciones cual imagen espejada, el reflejo siempre será distinto. Tú no puedes dejar su misma huella en este mundo... por más que lo desees...

Sangeki nunca hablaba si no tenía nada qué decir, y aunque le gustaba aparecer cuando nadie lo esperaba, ni la frivolidad ni las diversiones eran argumentos que le gustase blandir. Aquel demonio atroz era duro y exigente pero de la misma que imponía, sabía entregar y ella, era quien más recibía de sus duras lecciones y sus reproches. Isono nunca había llevado la contraria a Sangeki, jamás; ¿por qué hacerlo cuando era él, un ser monstruoso, el único que miraba por ella?

Y entonces, tras aquel breve instante, la shinigami bajó la guardia. Sentándose bajo un árbol, mantuvo apoyada sobre su hombro esa parte de sí misma; Sangeki nunca hablaba si no tenía nada que decir, pero en aquel momento, mientras la mano que lo asía dejaba que el mundo calase en ella, revivía esas ascuas con palabras conciliadoras; otorgándole valor al esfuerzo, entereza a las decisiones tomadas, arropándola con orgullo para los días venideros. Y allí, saboreando la incipiente noche, Isono esperó a que los demás llegasen.

Lo prometido es deuda...

-Sí, Sangeki.... Lo prometido es deuda -musitó en voz baja, mientras sus dedos se movían por las moendas que pendían de su guarda, congraciada y serena-.



OFF: Noriko y Daiki, tema listo, postead cuando queráis.
OFF2: si a alguien más le apetece entrar, pues bienvenido.
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Re: Templar la mano que guía la espada

Mensaje por Daiki Namegawa el Jue Ene 13, 2011 2:32 pm

Al fin había llegado, al terminar sus labores Daiki creyó que seria bueno irse junto a Isono, así que la busco por el escuadrón. Al cabo de unas vueltas por los pasillos logro divisarla, levanto su mano y dijo:

Iso...-antes de terminar la frase se dio cuenta de la actitud algo distante de ella y decidió dejarla sola, después de ver esa situacion Daiki decidió ir a dar un paseo antes de ir al lugar acordado, camino unos minutos y saco a Tsukihime, la desvaino y puso su filo mirando hacia el cielo mientras decía :

- ¿ Crees que trabajaremos a la par ?-al decir estas palabras Tsukihime comenzó con un ligero brillo sobre su filo y se escucho:

- Esta es la primera vez que te tomas algo con tanta seriedad, así que será mejor aprovecharlo.-mientras se escuchaba una risa que desaparecía. Al desaparecer por completo Daiki pone su mano derecha tras su nuca mientras la frota y dice:

- Siempre con tus bromas no es así Tsukihime.- mientras envainaba nuevamente a Tsukihime, luego pego media vuelta y se dirijio al lugar donde se suponía que era el entrenamiento, con cada paso que daba mas era la emoción que se sentía en él,luego de caminar unos minutos Daiki encontró el lugar intento divisar si alguien había llegado y solo vio a Isono bajo un árbol, se acerco y golpeo el tronco con el mango de Tsukihime. Al terminar esa acción se escucho en su cabeza:

- Crees que soy tu timbre personal idiota ...-luego continuo regañándolo pero Daiki no le presto mucha atención, Daiki interrumpió el regaño diciendo:

- Lo siento, solo calmate quieres.-mientras le dirijia la palabra a su katana, luego miro a Isono y le dijo:

- Lamento la tardanza pero a mi compañera le gusta mas la luz de la luna.-mientras señalaba a su katana y mantenía una sonrisa en su rostro.
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Re: Templar la mano que guía la espada

Mensaje por Amako Noriko el Vie Ene 14, 2011 2:12 am

Al fin estaba atardeciendo, esa era la señal de un descanso para Noriko, era el mejor momento del día, no solo por el entrenamiento, si no porque le encantaba ver las tonalidades del cielo. Tonos de rojos, burdeos y naranja se perdían en el horizonte. Este día había sido diferente, no se había esforzado tanto en sus labores, quería prepararse y no estar agotada.

No se escuchaba el ruido de sus compañeros entrenando, era como una batalla que había finalizado. El viento acompañaba al momento, golpeaba con suavidad las partes no cubiertas de la shinigai pelirroja.

No habría interferencias, ya no quedaban shinigamis rondando, ni curioseando.
Había estado allí prácticamente todo el día, como solía hacer de costumbre, iba andando hacia el lugar donde se encontraría con Isono y Daiki. A veces la luz cegaba su vista, y tenía que tapar el sol con la palma de una mano.

No tenía frases que recordar para este tipo de ocasión, y casi para ninguna. Nunca le habían hablado de proezas, de próximos triunfos, de salvaguardar el honor ni nada por el estilo, lo único que le rondaba siempre en su cabeza era la imagen de los que quería proteger. Una pequeña lista y a la vez una lista extensa. Si pudiese salvaría a todos los shinigamis que pudiese a pesar de dar su vida en el intento, pero sobretodo, aunque tuviesen que matarla miles de veces, la que jamás podría dejar atrás sería a su capitana. Quizás aquello era el equivalente a las palabras de ánimo para ella. Sabía que debía hacer, y había sobrevivido hasta entonces ella sola, a pesar de huesos rotos y magulladuras en su suave piel.

Al fondo atisbó a sus dos compañeros, habían llegado pronto, al menos eso pensaba, ella nunca llegaba tarde y había estado por aquella zona desde horas tempranas. Isono estaba sentada apoyada en un gran árbol cuya sombra la cubría del sol de lo inmensa que era. Daiki por el contrario se encontraba de pie, seguramente haría poco que había llegado. Ambos eran diferentes, distintos, no sabía cómo en un mismo escuadrón dos personas pudiesen ser…opuestas, quizás sea la sabiduría de cada uno, quizás las experiencias. En cambio Noriko apenas había mantenido conversación con alguien de su mismo escuadrón, su anterior teniente era un patán, y no quería reconocerlo ya que tiene modales que no le permiten sacar esas palabras a flote, sin embargo en dos ocasiones tuvo que contenerle, no solo por su hiperactividad si no por poner en peligro a sus compañeros.

- Buenas – dijo como siempre arrodillándose en una reverencia

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Re: Templar la mano que guía la espada

Mensaje por Otsuka Isono el Sáb Ene 15, 2011 12:04 am

Las llegadas se sucedieron en un escaso intervalo de tiempo, justo para impedir que Isono se enajenase por completo sentada en aquel lugar azotado por el viento. Tras escucharlos llegar y saludar, cada uno de su peculiar manera, la shinigami se incorporó de un movimiento ligero y grácil, para acto seguido saludarnos con un gesto quedo con la cabeza. Era complicado para ella, intentar ver qué esperaban aquellos dos shinigamis de lo que iba a ser un entrenamiento de zanjutsu, casi excepcional, dado el reservado carácter de Isono; ni siquiera ella, estaba demasiado segura de lo que estaba dispuesta a hacer.

Sangeki seguía sostenida por su mano. La noche invadía cada vez más rápido el cielo, ocultando las nubes mientars el viento se hacía más persistente.

-Os agradezco que hayáis tomado en seria consideración el acudir aquí tras haber cumplido con vuestras obligaciones en vuestros respectivos escuadrones, más aún cuando sería mucho más preferible descansar para el día siguiente -comenzó Isono, estrictamente protocolaria, aportando a su voz un deje inflexivo-.

Isono no permitía que nadie tomase excesivas confianzas con ella, a menos que lo hubiera permitido. De ahí, que se mostrase ligeramente arisca o severa pese a no haber empezado con el entranmiento. Durante años había aprendido que la disciplina hacía mucho más fácil el dominio de la espada; una mente concentrada y un ánimo bien dispuesto, eran esenciales según su propia visión. No sabía cómo eran aquellos dos ni qué dominio tendrían del zanjutsu, pero si iban a malgastar el poco tiempo libre del que disponían, al menos, se aseguraría que dieran algunos frutos. Detestaría que esa noche terminase en un rotundo fracaso.

Enganchándose a Sangeki de la cintura, se recolocó bien los mitones de ajado cuero antes de proseguir con lo que tenía en mente. El cabello recogido en una coleta y la mirada fría, le daban un aire mucho más autoritario de lo habitual; casi estrictamente militar. Ahora sólo tenía que enfrentar la mayor de sus renuencias.

-Lo primero que haremos será buscar un lugar mejor para entrenar. Un sitio abierto está bien, sin embargo, necesito un lugar despejado de distracciones alejado de curiosos y donde no tengamos que buscarnos en cuanto la poca luz del sol se desvanezca. Además, para empezar... no me gustaría entrenar con las zampakutou -explicaba con tono distante-. Os llevaré a un sitio.

Aquel era el asunto que más le preocupaba. Tanto que no pudo evitar mostrar algo de acritud en su expresión; no quería mostrar desdén ni desgrado, pero aquel lugar era lo único que tenía y no estaba dispuesta a convertirlo en una triste broma ni un lugar donde frivolizar.

-Seguidme, está algo alejado -indicó Isono comenzando a caminar para salir de las zonas de entrenamiento-.

Sus pies caminaron por las calles del Rukongai, por los que tantas veces había pasado. El lugar al que iba se había perdido con el tiempo, donde pocas personas recordaban que estaba o al menos, se podría decir que el lugar estaba deshabitado, pero no era así. La casa de los Otsuka estaba alejada de las demás casas nobles y aunque no pasaba por uno de sus mejores momentos, seguía siendo una construcción imponente, casi laberíntica. Había una alta muralla de ladrillo que impedía a los curiosos mirar, por donde asomaban las copas de frondosos árboles lúgubres bajo la trémula luz de la luna; el portón, de madera oscura y refuerzos de metal, cerraba el paso bajo el sello de una trenza cuadrángular. Apoyando una mano, Isono empujó la pesada puerta hacia dentro.

Tras la muralla se extendía una extensión de hierba baja sapicada de piedras que facilitaban el camino hacia la puerta principal de una casa de tres plantas. Aquella vieja mole de madera mostraba un aspecto deteriorado por el tiempo y las inclemencias del tiempo; sus tejas se habían ennegrecido y el jardón estaba algo descuidado, pero seguía respirando igual que siempre: antigüedad, severidad, tradición y pesar. Isono esperó a que los dos hubieran pasado antes de cerrar la puerta tras de sí.

-Bienvenidos a la casa familiar de los Otsuka...

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Re: Templar la mano que guía la espada

Mensaje por Daiki Namegawa el Dom Ene 16, 2011 6:57 am

Aquella imponente construcción le llamo la atención a Daiki de inmediato, mirando siempre hacia arriba y con una cara de asombro puesto que nunca se imaginaba conocer semejante complejo de arquitectura. Luego de pasar Daiki se sintió algo invadido por los sentimientos del lugar.

- Bienvenidos a la casa familiar de los Otsuka...- al escuchar esa frase Daiki mostró algo de asombro y soltó un silbido. Luego sonrió y dijo:

- Vaya lugar para aprender el uso de la espada.- mientras daba vueltas en su eje viendo toda la casa. Después se detuvo y quedo algo pensativo, mientras miraba a Isono se le venia un montón de preguntas sobre la construcción y su historia pero a la vez el creía que no era el momento para preguntarlas. Al tranquilizarse un poco Daiki noto unos extraños sentimientos que se sentían presentes en esta construcción, estos sentimientos lo llenaron de entusiasmo y pasión mientras el decía con un tono de voz algo ansioso:

- Y bien ¿ cuando empezamos.? -mientras fregaba sus manos en señal de ansiedad.
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Re: Templar la mano que guía la espada

Mensaje por Amako Noriko el Mar Ene 18, 2011 2:19 am

- El entrenamiento es lo primero Isono. Ya descansaremos en su momento – dijo mirando a Sangeki, la zampakutoh de Isono.

No entendía del todo bien por qué siempre le llevase sujeta, no parecía tener miedo, como si se fuese a escapar. Y tampoco vigilaba todos los ángulos, como si fuesen a robársela. Quizás simplemente le quedase el enganche holgado, debía de dejar de darle vueltas.

Noriko tenía un defecto, o una virtud, que era observar todo lo que le rodeaba. A veces en algunos entrenamientos severos que le obligaba Kosen, llegaba a contar los pasos del lugar donde mismamente estaba entrenando.

Afirmó con un movimiento de cabeza, tendrían que buscar un lugar mejor donde entrenar. Aquel era un sitio amplio, pero a la vista de todos. Y a la joven shinigami pelirroja no le gustaba enseñar todas sus técnicas a cualquiera que pasase por el lugar.

Aun tenía la curiosidad del zanjutsu de un shinigami del quinto, a pesar de que ella era más basta entrenando, sabía cómo controlarse… a veces, pero sabía también utilizar su agilidad y destreza en el combate, no solo la fuerza. A veces solo hace falta dar en el punto clave, sin necesidad de destrozar al enemigo, ya que puede resultar que un día te tengas que enfrentar a alguien a quien no deseas matar.

Caminó por el mismo camino que marcaban los pies de Isono, borrando sus rastros de pisadas, o al menos lo mínimo que quedaban de éstas. De nuevo estaban por el rukongai, empezaría a asociar a Isono con este lugar, pero no como algo malo, si no como una de las pocas veces que salió de su rutina. La casa estaba alejada, casi imposible llegar allí por mera coincidencia, parecía como si hubiese sido construida en aquel lugar para que nadie viniese a molestarles. Y con más razón cuando llegaron a sus puertas, todo lo que había allí era un laberinto, cantaba mucho si alguien la encontraba, como si tuviese un cartel luminoso diciendo “Aquí tenemos cosas que esconder, no entréis”.

- Sin duda es sorprendente, también impone mucho. Aunque me parece demasiado para practicar zanjutsu. – hizo una pausa suspirando – Aunque me alegro de haber conocido tu hogar – dijo dibujando una sonrisa en su rostro – Dinos dónde podemos entrenar – dijo con un gesto con la mano para que fuese ella guiándoles por la casa.
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Re: Templar la mano que guía la espada

Mensaje por Otsuka Isono el Mar Ene 18, 2011 3:39 am

La puerta principal se alzaba ante ellos como un imponente guardián de madera que custodiaba el laberínto que discurría tras de sí. Sin embargo, Isono evadió la puerta principal, desviándose por el hueco de jardín que rodeaba a la casa por el lado derecho, dirgiéndose hacia la parte trasera de la casa. Aquel imponente edificio mostraba una arquitectura tradicional, típica de una casa residencial más propias del Seireitei que del Rukongai; conformada por varios edificios conectados por pasarelas cubiertas de escasa longitud anexaban las construcciones en una sola, conformando un todo mayor. El interior estaba sumido en la más absoluta oscuridad y el más denso silencio, roto por los chasquidos de las pisadas de los tres shinigamis.

El girar la esquina del edificio principal dieron de frente al jardín trasero, mucho más cuidado y acogedor que el delantero; allí sí se apreciaban señales de vida. Un pasillo exterior conectaba las diversas entradas de las que contaba la zona posterior de la casa; Isono se apoyó en una de las columnas de madera para desatarse una de las sandalias antes de hacer acopio del gesto con la otra y pisar el entarimado.

-Aguardad aquí un segundo -indicó a los invitados, dejándolos en mitad del jardín.

La shinigami caminó con soltura hacia la tenue luz que salía amortiguada por una de las puertas; la descorrió hacia un lado y entró como si nada. Al par de segundos, una conversación animada y cordial se desarrollaba ajenos a los dos invitados; apenas duró unos minutos e Isono volvió a salir, esta vez con un manojo de llaves en la mano. Indicó a los shinigamis que la siguieran por la tarima hasta alcanzar una puerta de madera que cerraba un anexo. Los dedos de la mujer buscaron la llave adecuada, una que mostraba un aflor de amapola grabada y abrió. Un leve chasquido y la puerta ofreció una visión cuanto menos, sorprente. Aquel lugar siempre había sido uno de los orgullos de la familia, al menos para su padre; el cual siempre se afanó por mantenerlo limpio y organizado. Isono había pasado mucho tiempo entre sus paredes antes de entrar en el Gotei; era un lugar casi sagrado de ahí, que se mostrase tan distante.

Un tatami amplio y luminoso, gracias a las ventanas superiores de las paredes; al final de la estancia habían varios armarios, unos más grandes que otros y la puerta que conducía a lo que parecía ser un almacén; por el suelo de madera se extendían, separados unos de otros, pequeños soportes para velas hechos de madera. Nada más entrar, Isono invitó a los demás a pasar al interior cerrando tras de sí. Se dirigió al final del dojo donde, junto a un armario cerrado deposito a Sangeki.

-Podéis dejar vuestras zampakutous aquí, si lo deseáis -indicó la mujer de cabellos rojos-. En este dojo todos los mimebros de los Otsuka han practicado zanjutsu durante generaciones; aquí se impartía disciplina y técnica a partes iguales, siempre bajo la estricta supervisón del cabeza de familia. Los errores no se permitían, ni siquiera la distensión; entre estas paredes jamás se consintió que nadie hiciera algo menos que arte con su espada. Si comprendéis lo que eso implica, sois bienvenidos, de lo contrario; aquel que no esté dispuesto a ello, sabe el camino de regreso...

Sin esperar respuesta, Isono se dirigió a la puerta del almacén de donde sacó tres katanas de madera. No quería ser descortés, no con ellos; pero no estaba en absoluto dispuesta a convertir aquello en una pantomima; su padre jamás lo consintió ni siquiera cuando era una niña. Su carácter se templó en esas paredes y aunque, tanto su padre como los demás miembros de la casa, pensaron que parte de su genio jamás se enfriaría, podrían asegurar esas paredes que sus esfuerzos nunca fueron en vano.

Sostuvo las tres en vertical, apoyadas en el suelo.

-Estos son réplicas de madera. No vamos a practar con espadas cortantes, no me gustaría tener que arrastrar a nadie hasta el cuarto escuadrón -explicaba Isono mientras sostenía una; los músculos del brazo se tensaron al notar el peso de aquel objeto, sintiendo su particular familiaridad-. No os confiéis, no son espadas de kendo. Están pensadas para simular con la mayor exactitud posible el peso de un arma real, el interior tiene contrapesos de plomo para equilibrar el peso y la estabilidad del arma.. No cortan, pero os aseguro que un mal golpe y tendréis un hueso roto.

Entregó una a cada uno.

-Antes de comenzar, me gustaria saber como definiríais vuestro zanjutsu.

Sentándose en el suelo sobre sus talones, dió a entender que no iba a empezar sin conocer la técnica de los demás. Quería hacerse una idea más precisa del dominio y la seguridad de los otros antes de empezar; era importante verificar, cuanta seguridad depositaban en su espada y hasta que punto se confíaban o infravaloraban en su dominio. Aunque eso supusiera malgastar la mitad de la noche, no empezaría hasta saberlo; le disgutara o no el plan a los demás.


Última edición por Otsuka Isono el Miér Mar 02, 2011 10:09 am, editado 1 vez
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Re: Templar la mano que guía la espada

Mensaje por Daiki Namegawa el Vie Feb 04, 2011 1:17 pm

Aquel dojo parecía tener con una atmósfera mas intensa que el resto de la casa o por lo menos de lo que el había recorrido. Aquel sitio hizo que Daiki se imaginara las practicas que se llevaron en este sitio cada una llena de esfuerzo y dedicación. En respuesta al ofrecimiento de dejar su zampakutoh en aquella repisa Daiki respondió diciendo:

-Si no le molesta prefiero tenerla a mi lado aunque sea de apoyo moral.-mientras mantenía una ligera sonrisa en su rostro y se rascaba la nuca con la mano derecha. Al terminar tomo la replica con un brazo confiado de que ne seria muy pesada, al segundo de tomarla esta por poco hace que se azote contra el piso y escucho la siguiente frase de parte de Isono:

-No os confiéis, no son espadas de kempo. Están pensadas para simular con la mayor exactitud posible el peso de un arma real, el interior tiene contrapesos de plomo para equilibrar el peso y la estabilidad del arma.. No cortan, pero os aseguro que un mal golpe y tendréis un hueso roto.- mientras Isono terminaba la frase Daiki trataba de componerse, después de un rato Daiki logra componerse y dice:

- Ahora me lo dice Isono-san- mientras trataba se apoyaba en aquella replica. Después Isono dijo una frase que a Daiki lo puso a pensar.

- Definir mi zanjutsu ... Creo que seria de contra golpe, si así es mi zanjutsu.-mientras guardaba silencio y ponía su mano izquierda en su mentón y la derecha asugetando el mango dela replica cuya punta estaba apoyada en el piso. Pasaron unos segundo y Daiki respondió diciendo:

- Yo diría que me baso en ataques de contragolpe, espero el momento oportuno y ataco, también diría que me acerco lo que mas puedo a mi enemigo para dificultarle la movilidad y obligarlo a combatir cuerpo a cuerpo.- mientras ponía ambas manos en el mango de la replica.

OFF: Lamento la demora, surgieron unos problemas y tuve que ausentarme un tiempo y no tuve la oportunidad de avisar.
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Re: Templar la mano que guía la espada

Mensaje por Amako Noriko el Mar Mar 01, 2011 10:21 am

Noriko se puso algo tensa, pues sabía que el Kidoh no lo manejaba bien, y seguramente practicasen más cosas aparte del Zanjutsu. Siguió a la joven de cabellos rojizos hasta el almacén donde se le entregó a cada uno un boken, su cuerpo comenzó a relajarse.

- Aunque estas katanas de madera no corten siempre pueden provocar un accidente, a veces incluso se pueden volver más peligrosas – dijo sosteniéndose con una mano su torso que recordaba como su capitana llegó a romperle varias costillas en un mismo asalto con un arma como aquellas.

Noriko cerró los ojos, no de concentración si no de estado de relax absoluto.
Dejo a Kosen donde Isono le había mostrado, esperaba que no pasase nada malo por dejarla tan lejos… No por sentirse desprotegida, si no por el acercamiento que tenían ambas.


- Supongo que mi Zanjutsu podría decirse que es la fuerza bruta golpeando a los sitios claves con destreza y algo de agilidad…pero me baso mayormente en la fuerza.

Y aunque no le gustaba ya que sabía que aquello a veces no daba buenos resultados…sabía que ella solo había aprendido de esa manera, así y usando su cuero como escudo.

- En que se basa su entrenamiento pues…señorita Isono?


[[OFF: Siento la demora, la mariposa no me apareció]]
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Re: Templar la mano que guía la espada

Mensaje por Otsuka Isono el Miér Mar 02, 2011 10:48 am

En la oquedad, silenciosa y en penumbra del dojo, la shinigami de cabellos rojos como la sangre escuchó las palabras de sus compañeros resonar en el silencioso vacío de la sala. El eco resonaba en un tímido murmullo de palabras incesantes, casi tétricas. Sentada sobre sus talones, tal como una vez hiciera su mentor, escuchó aquellas frases poco distendidas y parcas. Y no sin cierto malestar, tuvo que tragarse su propia decepción al ver que no era lo que hubiera esperado; quizás, en su fuero interno, deseaba oír algo menos literal sobre zantujsu, hubiera preferido la metáfora sutil y acerada de lo que significaba para ellos portar una zampakutou y obrar algo más que cortes y paradas. Anhelada oír arte resonando en las paredes, buscaba sacar palabras apasionadas sobre el filo de acero que custodiaban, lealtad o devoción, pero nunca algo tan gris como la rutina o la mediocridad.

No has empezado mal del todo, pero está claro que habláis idiomas muy distintos. Déjales que piensen en aquello que han dicho e ínstales, exhórtales a meditar más en profundidad sobre la veracidad de sus afirmaciones. Sabes que hay mucho más que eso en la espada; lo has sabido durante años. Hazles ver, por un segundo, que al otro lado del camino fácil, los obstáculos no son insalvables..., susurró Sangeki, mediador y apacible. Notaba su satisfacción en cada eco resonante en su cabeza; amaban aquello de la misma y singular forma.

Aunque, alentador y resolutivo, Sangeki sabía a la perfección que los recelos de Isono a compartir las lecciones de su padre harían que el entrenamiento no fuera ni todo lo espiritual ni lo personal que hubiera deseado. Pero lo comprendía. Isono necesitaba un afín para desentrañar los recuerdos que guardaba con sumo celo en su memoria, pues de lo contario, aquel invalorable tesoro se hundiría.

-Deja de llamarme señorita, Noriko. No es necesaria tanta formalidad -dijo a la shinigami poniéndose en pie, boken en mano-. ¿Qué creéis que vamos a hacer? ¿Repetir movimientos hasta que se os cansen los brazos? ¿O simular combates hasta que un mal golpe nos obligue a ir al cuarto escuadrón?

No. Nada de eso entraba en sus planes. No pensaba ni lo más mínimo en corregir sus hábitos; era una mala pérdida de tiempo por la sencilla razón de que alguien no aprende mientras no esté dispuesto a hacerlo desde cero. No sabía qué disposición había ahora mismo en sus compañeros, pero esperaba cierta reticencia casi por instinto. Casi siempre funcionaba así. El orgullo solía confundirse bajo la piel de la testarudez, que al mismo tiempo afirmaba ser determinación; un caos que sólo conducía a la más obtusa obscecación. Ella misma sabía lo que era eso, a fin de cuentas llevaba pisando ese dojo desde que era una niña. Si algo había aprendido, lo hizo bien.

-Nada de eso -prosiguió, mirando a cada uno de ellos a los ojos-. Es desde luego, apreciable que sepáis como es vuestra forma de luchar y eso, es camino ganado. Sin embargo, ¿os basta con eso? ¿La aceptación de un método es suficiente? Creo, por vuestra forma de hablar que hay muchas cosas que pasáis por alto y obviamente, no seré yo quien os lo diga. Sino vosotros. El zanjutsu no es únicamente la forma en que blandimos nuestras zampakutou, es más que estocada, barrido o una parada; más complejo que un contraataque y más perceptivo que buscar los puntos flacos del oponente. Es saber lo que estamos haciendo desde que posamos la mano en la empuñadura, comprender qué decimos cuando el filo del acero silba en el aire y busca al oponente; guiar nuestra mano con un fin... más complejo que la muerte de que te amenaza -explicaba Isono, permitiendo que sus palabras fueran solas-. El zanjutsu es la forma de honrar al espíritu que camina a tu lado, de darle gloria y respeto, hacer que si hay silencio sea cómplice nunca delator; sentir la afinidad en mitad de la adversidad y confiar en ellos. Porque podemos blandirlos, pero tal vez no comprenderlos. Pues el zanjutsu es una de las mil formas de llegar a ellos, através del respeto, la disciplina y la modestia.

Retrocedió un par de pasos para alzar el boken a una altura cómoda y resuelta. Acostumbrada a su peso no sintió diferencia alguna entre Sangeki y la réplica. Su mente iba más allá, hacia mañana luminosas y llenas de lluvia, hacia tardes doradas y noches interminables.

-Nunca se ha terminado de caminar por ese sendero... A menos que alguno sepa de que hablo, claro...
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